Los manifestantes posan con una pancarta (izq.) que dice "De ninguna manera Marine, esto es París, no Vichy" durante una manifestación frente a la sede de la Rassemblement National (RN), organizada por la asociación francesa SOS Racisme en París el 24 de marzo de 2024. Foto La Hora / AFP

A cuatro meses para los Juegos, la presión empieza a aumentar en las calles de París: desde un «baile antirracista» para defender a la cantante Aya Nakamura a activistas que hacen ‘hablar’ a las estatuas de la ciudad sobre la situación de las personas en la calle.

Activistas de ‘SOS Racisme’ organizaron este domingo un «baile antirracista» bajo la sede del partido Agrupación Nacional (RN) -formación de extrema derecha-, para protestar contra las declaraciones de Marine Le Pen a propósito de una posible participación de la cantante Aya Nakamura en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos el 26 de julio.

La cantante francófona más escuchada en el mundo desde su tema «Djadja», de 2018, ha sufrido ataques desde la publicación a finales de febrero del semanario L’Express de su posible interpretación de canciones de Edith Piaf durante la ceremonia de apertura.

La presidenta de los diputados del RN, Marine Le Pen, se opuso a esta posibilidad, acusando al presidente Emmanuel Macron de querer «dividir» y «humillar» a los franceses», debido a «su vestimenta», «su vulgaridad» o el hecho de que «no canta en francés».

Como respuesta, una veintena de activistas antirracismo bailaron al son de canciones de la francomaliense y de Edith Piaf ante la sede del partido, cerrada a cal y canto, como pudo constatar un periodista de la AFP.

«Nos preparamos para acoger a todo el mundo con ocasión de los Juegos Olímpicos y tenemos una polémica porque algunos quieren enviar a nuestra artista francófona más importante, de manera simbólica o no tan simbólica, a Bamako», lamentó el presidente de SOS Racisme, Dominique Sopo.

CONTRA LA «LIMPIEZA SOCIAL»

A mediodía, otras asociaciones alertaron por su parte sobre que ocurrirá con las personas que viven en la calle durante los Juegos, como vienen haciéndolo en los últimos meses, denunciando expulsiones forzadas de poblaciones precarias (sin techo, migrantes en campamentos, trabajadoras sexuales…).

Grupos de activistas «hicieron hablar» a varias estatuas con mensajes como «la limpieza social como legado», explicó Paul Alauzy, portavoz de ‘Revers de la médaille’, un colectivo que agrupa a cerca de 80 asociaciones y oenegés.

 

Después, delante del Senado, celebraron simbólicamente «una primera prueba» de los Juegos, al lanzar flotadores que representaban los anillos olímpicos en la fuente de los jardines de Luxemburgo, como comprobó una periodista de la AFP. Estos flotadores llevaban escritos en negro los «males de los Juegos», según explicaron los activistas (expulsiones, acoso…).

A cuatro meses de la cita olímpica, «3.500 personas duermen en la calle y un millar en los gimnasios» de París, destacó el colectivo. «Hace falta ocuparse de ellos para que la fiesta sea bonita y digna para todo el mundo».

Y en Dugny (norte de París) ante la Ciudad de los Medios de los Juegos, que debe abrir sus puertas el lunes, entre 60 y 70 activistas ecologistas de ‘Derecho al Alojamiento’ (DAL) protestaron contra la gentrificación y la construcción masiva que afectan las zonas alrededor de las sedes olímpicas, respondiendo a la llamada del colectivo ‘Youth for Climate’.

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