No podemos negar que las necesidades de inversión pública en Guatemala son inmensas y que igual son las carencias que afectan a la población, no solo en infraestructura, sino en la misma promoción del desarrollo humano, razón por la que tantos compatriotas se han visto forzados a emigrar y vivir su propio calvario lejos de las familias. Desde ese punto de vista, uno podría pensar que cualquier aumento en el Presupuesto General de la Nación debiera ser bienvenido, pero debemos puntualizar que, lejos de cumplirse el mandato del pueblo en las últimas elecciones para cambiar el sistema de corrupción, el mismo prevalece y hay abundantes razones para pensar que el nuevo presupuesto no servirá al pueblo, sino a funcionarios y sus contratistas que siguen haciendo de las suyas.
Endeudar más al país puede entenderse si eso es para generar desarrollo y bienestar a la población, pero un incremento presupuestario que también eleva el monto de la deuda pública es inaceptable en las condiciones actuales, cuando nada del sistema ha cambiado en cuanto a la forma de manejar el dinero. Especialmente en las negociaciones que ocurren en el Congreso para lograr que sea aprobado el presupuesto están marcadas por los viejos vicios del pasado (obras principalmente) y por ello es que, lejos de haberse fiscalizado correctamente el dinero para los famosos Consejos de Desarrollo, se sigue aumentando el monto sin que haya absolutamente nada que lo justifique.
En el próximo año, que es período electoral, veremos cuánto rinde políticamente esa “inversión” que pinta a ser más de lo mismo. Tener un alto presupuesto puede tener rendimientos jugosos para los diferentes actores políticos que buscarán su reelección o nuevas posiciones en los comicios del año próximo, razón por la cual hay más motivos para mantener las dudas que siempre ha generado el monto destinado a esa “inversión pública” que termina provocando pactos oscuros entre funcionarios y contratistas, contratos que sirven para lavar dinero y hasta para pagar partidos para participar en las elecciones.
No solo no hay certeza de que el dinero se va a usar bien, sino tampoco indicios de que algo ha cambiado después del mandato de los guatemaltecos en las urnas hace tres años, cuando, harto de tanta porquería, el pueblo se volcó en las urnas, provocando un resultado que puso a temblar a los corruptos, tanto así que hasta trataron de anular esos comicios. Desafortunadamente, el voto popular no trajo el esperado cambio significativo y eso es lo que nos hace pensar que aumentar el presupuesto no será para mejorar la vida de los guatemaltecos, sino para mejorar las ganancias de quienes viven de la corrupción.








