editorial 25 de agosto donald
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Los ejemplos del papel decisivo que puede tener la Casa Blanca en las elecciones en América Latina se vivieron claramente en Honduras y Colombia, países en los que el respaldo del gobierno de Donald Trump fue decisivo para modificar por completo el escenario local, generando virajes profundos. En Colombia el nuevo Presidente no era el favorito, pero cuando se dieron cuenta que el candidato elegido no levantaba y Abelardo de la Espriella era “imparable”, ajustaron la estrategia.

Muchos de los políticos guatemaltecos lo han entendido, al punto de que ahora además de hacer campaña en los municipios y departamentos, quienes tienen visa están viajando a buscar el apoyo de importantes firmas que se dedican al cabildeo (lobby) y que tienen cercanía e influencia con el actual gobernante de Estados Unidos. Quienes no tienen visa, han elegido a personas que sí tienen para que sean el vínculo con los lobistas.

De hecho, ahora el financiamiento (de cualquier tipo) que han logrado obtener los candidatos no se está usando para propaganda local sino para encontrar a las más influyentes firmas dedicadas a ese trabajo alrededor de la Casa Blanca porque todos saben que, tanto para ganar como para no terminar marcado y mal visto, es indispensable realizar acercamientos que permitan aprovechar esa nueva forma de poder que se da en Washington. Históricamente Estados Unidos siempre ha sido importante porque, quiérase o no, su papel determinante se ha visto a lo largo de la historia en muchos de nuestros países pero, en las circunstancias actuales, la forma en la que buscan inclinar la balanza en las elecciones es más abierta.

Desde candidatos hasta partidos políticos, pasando por diversos sectores y oficios que quieren ser pieza clave del próximo proceso electoral, la romería de guatemaltecos a Estados Unidos para cerrar contratos con las firmas de lobistas es enorme, tomando en consideración los ejemplos señalados de los dos países cuyas elecciones fueron marcadas por la influencia de Washington. Y también los políticos sienten que si no gozan de ese visto bueno, aunque pudieran lograr un sólido respaldo popular, todo saldría sobrando si terminan siendo tachados por Donald Trump y su equipo.

El hecho de que la popularidad del presidente de Estados Unidos se haya visto seriamente perjudicada por los efectos de la guerra en Irán, a la que muchos no le encuentran sentido y que ha tenido un brutal impacto económico en la economía mundial pero, especialmente, en la norteamericana, no ha tenido peso en quienes quieren recibir la bendición del actual inquilino de la Casa Blanca, tomando en cuenta que la elección que tendremos dentro de menos de un año todavía puede depender de lo que dispongan en Estados Unidos.

Los partidos, los candidatos, los grupos poderosos y hasta algunos que se cuelan caminando por la sombra, sienten que es obligado, en las actuales circunstancias, viajar a Washington a buscar a los más influyentes cabilderos a fin de que puedan tener el sólido espaldarazo del mandatario norteamericano. Y así como las campañas se ganan a punta de dinero, esta otra también dependerá de las millonarias inversiones que ya se hacen con los lobistas.

Redacción La Hora

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