El ejercicio de la función periodística ha sido históricamente riesgoso, puesto que siempre hay personas o sectores a los que les molesta la información. De hecho en Guatemala hace mucho tiempo que se viene presionando a los medios de comunicación y a su personal para que aborden o dejen de abordar algunos temas, entre ellos desde todo lo relacionado con la cooptación de la justicia, la corrupción, la impunidad y esas componendas que hunden al país.
Esta semana el medio República afirmó tener conocimiento de planes criminales en contra de su personal provenientes del narcotráfico, parte de esas organizaciones criminales que tienen bajo absoluto control al país. Su director Rodrigo Arenas informó del hecho, lo que ha generado diversas posturas de respaldo y solidaridad, tal y como debe ocurrir cuando cualquiera se encuentra en una situación como esa. La Hora expresa también su solidaridad a los colegas periodistas que están siendo objeto de ese acoso porque sabemos perfectamente, no solo lo que se sufre con ello, sino lo que persiguen quienes de alguna manera pretenden acallar a quienes informan a la población.
En La Hora hemos tenido que pasar años bajo el acoso de actores, con plenos vínculos a la narcopolítica, que han usado mecanismos de protección de la mujer para acallar serias investigaciones de corrupción y lavado de dinero; hemos pasado el esfuerzo con el apoyo y acompañamiento de abogados entregados y con la soledad de quienes hoy sí reclaman que el gremio cierre filas.
Hay diversas formas de ejercer presión y silenciar, como lo sabe todo el gremio; hace algún tiempo uno de nuestros reporteros fue acusado del delito de violencia contra la mujer, simplemente por haber preguntado a una fiscal sobre una reunión que sostuvo con un juez, privadamente, pese a que ello no es legal ni ético. Lo llegaron a perfilar agentes de la PNC asignados a la fiscalía, lo cual era el paso previo a su captura y todo por una pregunta que fue hecha con educación y sin mostrar el menor signo de desprecio a la fiscal por ser mujer, pero desde las altas esferas del MP la hicieron que recurriera a la Ley de Femicidio para iniciar proceso contra el periodista Diego España.
Al conocerse el hecho, colegas de la Cámara Guatemalteca de Periodismo comentaron sobre la posibilidad de un pronunciamiento en contra de ese absurdo proceder, sin embargo el mismo nunca se dio y luego nos enteramos que existió oposición de algunos miembros que consideraron que no valía la pena meterse en el lío causado por el Ministerio Público contra algunos comunicadores.
A nadie se le debe olvidar que el MP de Consuelo Porras tuvo y dejó todavía muchos vínculos con esa narcopolítica que ahora se campea con más fuerza, pero que muchos decidieron ignorar porque sintieron que Porras cumplía un propósito superior y ofrecía una paz que ahora se dan cuenta que era una ilusión óptica, porque se empoderó a gente que no se anda con cuentos. El silencio cuando se dieron casos como los de Alejandro Sinibaldi, Manuel Baldizón y otros, habla por sí solo.
La Hora ha expuesto con claridad, pelos y señales, cómo las organizaciones criminales -entre las que destacamos el papel del narcotráfico- se están preparando para evitar sobresaltos como el que significó el triunfo de Arévalo hace tres años, cuando se pensó que algo podía cambiar en el país. Y esa lucha continuará y nos debe obligar a todos a entender en qué riesgo se encuentra no solo el periodismo, sino la misma patria.
Entender que desde el mismo Estado han venido saliendo los recursos con los que, vía esas obras que quedan a medias, medicinas que son caras o contratos (cómo el seguro escolar) que son amañados, están saliendo los mecanismos de lavado y que todo queda cuadrado por la cooptación de los jueces y magistrados, es algo que debe ser un punto de acuerdo en esta ruta de país que debemos emprender.








