Es de conocimiento público que Sandra Torres está urgida de cobrar notoriedad y de abrir espacios en la relación con Estados Unidos, que se ha visto dañada por el señalamiento de vínculos con el crimen organizado, concretamente las pandillas que operan tanto aquí como en Norteamérica. Ello puede explicar la movida que realiza la UNE para plantear, nada más y nada menos, que la interpelación de todos los ministros del actual gobierno. La interpelación es un mecanismo establecido en la Constitución como instrumento de control político que permite a los diputados cuestionar a los ministros sobre sus actos oficiales.
En la práctica, la interpelación se ha convertido en una auténtica pérdida de tiempo que entrampa tanto al Congreso como al Ministro que está sometido a ese procedimiento, toda vez que están obligados a presentarse al pleno del Congreso sin excusa ni pretexto, sin posibilidad de salir del país o dedicar todo su tiempo al cumplimiento de sus funciones y hemos visto que todas las que se han realizado no se traducen siquiera en la emisión de un voto de falta de confianza, no digamos en algo positivo para Guatemala.
El caso de la UNE, haciendo que varios de sus diputados presenten de manera simultánea la interpelación de todos y cada uno de los ministros del actual gobierno, es una maniobra burda y descarada para entrampar al gobierno y para obligar que el Congreso dedique al menos un tercio del tiempo de sus sesiones para interrogar de manera interminable a los funcionarios del Ejecutivo. Desde el punto de vista político no tiene ninguna justificación ética o moral esa acumulación de interpelaciones que, obviamente, persigue entrampar las funciones de los titulares de todos los ministerios del país.
El mecanismo de presión, conociendo cómo se cuecen las habas en el Congreso, podría ser para realizar un chantaje que obligue al gobierno a ceder en cuanto a temas como las partidas presupuestarias que tanto interesan siempre a los diputados, pero no hay que descartar la elección en la Contraloría General de Cuentas. Si fuera una acción meramente política, para dar visibilidad y algún asidero al partido UNE y su candidata presidencial, podrían estructurar las solicitudes, pero hacerlas de un jalón simplemente evidencia que se trata de una mañosa carta con oscuros intereses.
Hace ya muchos años que el Congreso dejó de ser lo que se establece en la Constitución Política de la República porque muchos diputados no se preocupan por ser representantes del pueblo, sino por sus propios intereses o, como en este caso, pensando más que cómo resucitar un cadáver político, aunque para ello paralicen tanto al Ejecutivo como al mismo Legislativo en una movida que no tendrá el menor impacto positivo para la población.








