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Hoy publicamos un trabajo sobre la reestructuración que está realizando el Fiscal General Gabriel Estuardo García Luna en el Ministerio Público, removiendo de los cargos que venían ocupando aquellos que se identifican como el “círculo cercano” a Consuelo Porras, quienes fueron trasladados a otras dependencias del MP. Esa reestructuración era una absoluta necesidad para lograr resultados efectivos en los que ahora deberá concentrar su atención García Luna.

Nos referimos concretamente a la necesidad de establecer qué pasó con la multitud de denuncias que se conocieron en el Ministerio Público relacionadas no solo con el robo de los fondos públicos y sobornos, sino también con el lavado de dinero realizado tras tales oscuros negocios y que fueron oportunamente denunciados por la Intendencia de Verificación Especial. A lo largo de los meses hemos venido informando de esa gran cantidad de denuncias, tema que cobró más relevancia cuando en el Congreso las mafias quisieron castrar -literalmente- la nueva Ley Contra el Lavado de Dinero u otros Activos.

Pero, para mencionar únicamente casos paradigmáticos, es necesario saber qué pasó con el caso del Seguro Escolar, los apartamentos en Dubái, los negocios en carreteras, las compras en el IGSS por la mafia designada por el régimen Giammattei-Martínez, el aeropuerto de Escuintla, los negocios del caso B410, las transferencias a China, el dinero de las vacunas Sputnik y el famoso caso de la Alfombra Rusa, empaque de millonaria suma, por solo mencionar algunos.

La lista es inmensa y no alcanzaría ningún espacio periodístico para publicarla porque cualquier cosa que tuviera que ver con los gobiernos absolutamente corruptos, los de los dos presidentes que nombraron a Consuelo Porras, fue debidamente enterrada para evitar que pudiera concretarse algún caso. Para escarbar como Dios manda, era indispensable reestructurar el Ministerio Público porque no podían seguir al frente de importantes fiscalías quienes fueron los comisionados por Porras, Pineda y compañía para enterrar toda denuncia a fin de garantizar la más plena impunidad a los ladrones de los fondos del Estado.

Entendemos que la tarea es inmensa, pues inmensa fue la cobertura que se brindó a los que llegaron a manipular la institucionalidad del país para secuestrar a todo el sistema de justicia con tal de garantizarse la más absoluta impunidad. Pero es obvio que la simple reestructuración no resuelve el problema y por ello es que consideramos que simplemente se trata de un paso necesario para alcanzar el objetivo final que es destapar la olla de podredumbre. Y muchos de los que han sido desplazados, dentro del MP o saliendo de la institución, tendrán que rendir cuentas en la medida en que se vaya destapando la asquerosa olla que armaron.

Redacción La Hora

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