MEM, COVIAL, Elecciones
Diseño: La Hora. Imágenes: Archivo / La Hora.

La campaña electoral llegó a su fin y termina así la oleada de propaganda, casi toda barata y populista, pero hay algo que está muy lejos de terminar y son los negocios que se realizan con más intensidad en el ejercicio de la función pública, constituyendo la esencia de la política criolla. Si en México se hizo popular el dicho para nombrar al último año de cada gobierno como El Año de Hidalgo, por aquello de que pendejo el que deje algo, en Guatemala se puede decir que hay una especialización en la materia, según se puede comprobar con casos concretos como la compra de medicamentos en el IGSS y el sobreprecio en la contratación del recapeo que hace Covial.

Nunca se había abusado tanto de los fondos públicos como en este período electoral, cuando se repartieron recursos en gran escala para consolidar la famosa alianza oficialista que se empieza a nutrir desde los diversos municipios, pasa por el Congreso y llega al Ejecutivo, contaminando no sólo al Organismo Judicial y todo el sector justicia sino a todas las entidades públicas, incluyendo entes autónomos como la Usac en el que ya no se guardaron ni las formas.

Y terminada la campaña, cuando se supone que muchos recursos se colocaron en bandeja para comprometer a todo tipo de políticos (y no para comprar votos precisamente), ahora viene lo mero bueno y es la tarea para garantizar que en lo que falta hasta el cambio de gobierno se logre acumular tanta plata como para dejar como bicoca las maletas de Benito. Ciertamente, existe la gran esperanza de que califiquen como finalistas quienes han pactado con el actual régimen, pero de todos modos está próximo a terminar ese período de autoridad que permite acaparar plata que tienen que salpicar, por fuerza, todos los que participan en las muy diversas jugadas.

El futuro del país no está en juego en esta elección porque ya sabemos que no existe realmente ninguna opción contraria al sistema que se viene fortaleciendo para garantizar la impunidad y facilitar así el uso perverso de los fondos públicos que provienen de la contribución fiscal de los guatemaltecos. Es altamente probable que luego de los comicios y aun de la segunda vuelta que ya se perfila, cambie el gobierno, pero para que nada cambie porque, repetimos, no se percibió ninguna propuesta que atacara a fondo los serios problemas de la falta de transparencia.

Y los que van de salida se pondrán las pilas para hacer de éste, realmente, el Año de Hidalgo y seguramente no serán babosos como para dejar algo.

 

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