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Insólita fue la visita a Guatemala de fiscales de Estados Unidos que vinieron a hablar de un tema crucial relacionado con el narcotráfico que ha generado el vicio que ya se conoce como narcopolítica, mismo que florece en un país donde las estructuras de la corrupción destruyeron el sistema de justicia e impiden las acciones investigativas y judiciales contra el lavado de dinero. El narcotráfico existe desde hace mucho tiempo y sus operaciones en el país son extensas, pero dada la debilidad institucional y la forma en que aquí se hace política, el sistema abrió sus puertas de par en par para que cualquiera que disponga de dinero suficiente pueda prosperar en el ámbito político.

A esa realidad, se le debe sumar que muchos de los mecanismos de lavado y hasta dineros extras para hacer otro tipo de negocios, están teniendo su origen en las contrataciones del Estado. Esa ha sido una realidad durante los últimos años y sin duda alguna, este Gobierno continuó el modelo.

Las elecciones del año entrante están ya bajo la órbita de la cooperación que fue acordada entre Guatemala y los fiscales de Estados Unidos luego de la visita, productiva por lo visto, que hiciera al país del Norte el Fiscal General Gabriel García Luna, quien aprovechó la oportunidad para explicar la realidad existente y la necesidad de prepararnos para combatirla. Uno de los temas expuestos ayer fue la prioridad que para las organizaciones criminales significa tener a su alcance mecanismos que hagan posible el lavado de dinero, mismo que nuestros políticos hacen día a día, lavando el dinero de la corrupción con colusión con mafias del crimen,  y eso facilita en mucho tal tipo de operaciones para los narcotraficantes.

Y más si encuentran, como ocurre en Guatemala, espacios para militar en política sin que nadie los investigue, lo que les permite no solo llegar a posiciones importantes en el ejecutivo, el legislativo y los municipios, sino desde allí controlar también dependencias vitales como ha sido el mismo Ministerio Público y las diferentes instancias del sistema judicial. Ayer en Naciones Unidas Trump atacó a México y dijo que es un país controlado por los narcos, pero como bien lo saben los fiscales que vinieron, aquí el problema es complejo porque al mezclarse con la corrupción que opera en todo el Estado, incrementan no solo sus ganancias sino su poder político, el cual esperan aumentar aún más en las próximas elecciones.

No se puede entender el crecimiento del poder de los traficantes de drogas sin comprender plenamente por qué es que encuentran en Guatemala tantas facilidades como para aumentar exponencialmente sus ganancias gracias a su poder político. Aquí la política no gira alrededor de ideologías, propuestas o de planes de gobierno, sino de la cantidad de dinero que pueda tener un partido para hacer campaña y en ese sentido hasta los multimillonarios ladrones del erario público se quedan chiquitos, si de competir se trata. Está el caso de Semilla que no tuvo millones en la campaña, pero que una vez llegados al poder, facetas del Gobierno se han dedicado a hacer burdos negocios, principalmente con las obras de infraestructura.

Todo ello por la forma en que la corrupción destruyó el Estado de Derecho y la justicia, sin visualizar que los mayores ganadores serían quienes manejan más dinero y, en eso, el narco lleva la delantera.

Editorial La Hora

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