
El magistrado del bloque disidente rechaza participar en la imagen oficial del pleno y acusa al bloque dominante de la Corte Suprema de haber normalizado prácticas “antidemocráticas”. La carta, dirigida a sus colegas y a la presidenta del Organismo Judicial, también lanza un mensaje a quienes aspiran a dirigir la Corte a partir de octubre.
Una fotografía terminó convirtiéndose en la metáfora de la crisis que atraviesa la Corte Suprema de Justicia. Mientras los 13 magistrados fueron convocados este lunes para tomarse la imagen oficial del pleno, el magistrado Estuardo Cárdenas decidió no aparecer. En su lugar presentó una carta abierta, a la que tuvo acceso La Hora, en la que explica que posar junto a sus colegas equivaldría a participar en un «acto vacío y de hipocresía institucional», porque —afirma— la unidad que esa imagen pretende transmitir dejó de existir hace tiempo.
El gesto tiene un peso político. Cárdenas forma parte del bloque disidente de la Corte, que durante este período ha cuestionado algunas de las decisiones más controvertidas impulsadas por la mayoría del pleno, entre ellas el nombramiento ilegal de magistrados en nuevas Salas de Apelaciones, los traslados arbitrarios de jueces de primera instancia y de paz y la negativa del Organismo Judicial a entregar información pública que no ha sido declarada reservada.

El magistrado también fue uno de los protagonistas de la disputa interna. La mayoría lo trasladó de la Cámara de Amparos y Antejuicios a la Cámara Civil, decisión que impugnó ante la Corte de Constitucionalidad sin éxito, después de que el tribunal rechazara concederle un amparo provisional para regresar al cargo.
Sin embargo, la carta evita convertir ese episodio en el eje del conflicto. En sus cuatro páginas, Cárdenas presenta un diagnóstico más amplio sobre el funcionamiento de la Corte y sostiene que el problema ya no es una diferencia de criterios jurídicos, sino la forma en que se ejerce el poder dentro del pleno.
Las críticas de Cárdenas apuntan al bloque dominante encabezado por la presidenta Claudia Paredes e integrado por los magistrados Gustavo Morales, Luis Corado, Teódulo Cifuentes, Flor García, Igmaín Galicia, Jenny Alvarado, Carlos Contreras, Clemen Juárez y René Girón, el grupo que ha mantenido el control de las votaciones más relevantes del pleno.
RECLAMA IGUALDAD DE LA TOGA
«Seamos honestos: las cosas no están bien», escribe. A tres meses de concluir el segundo año de la presidencia del Organismo Judicial, pide una «reflexión, autocrítica y rectificación» por el deterioro de las relaciones entre magistrados.
La convocatoria para la fotografía oficial le sirve como punto de partida para cuestionar la conducción de la Corte. Recuerda que, por tradición, esa imagen se toma al inicio del período constitucional y no cuando ya han transcurrido 21 meses de gestión. Que se realice ahora, sostiene, revela que existe «algo más» que ha impedido documentar al pleno.
En otro de los pasajes centrales, despoja al acto de cualquier significado institucional. «La administración de justicia es algo más que las fotografías, shows, eventos públicos», afirma, antes de añadir que la toga judicial representa prudencia, ética y respeto, valores que —según su planteamiento— no pueden resumirse en una imagen oficial.

La crítica se dirige después al bloque mayoritario. Cárdenas sostiene que los 13 magistrados poseen la misma jerarquía y las mismas facultades constitucionales, independientemente de quién ocupe temporalmente la presidencia del Organismo Judicial o de las cámaras de la Corte.
Solo cuando esa igualdad sea reconocida, afirma, aceptará «congruentemente» que integra una minoría. Hasta entonces, rechaza que esa condición sirva para «vilipendiar» su dignidad o la investidura que representa la toga judicial.
“PRÁCTICAS ANTIDEMOCRÁTICAS”
El señalamiento más directo aparece cuando pide a la presidenta del Organismo Judicial poner fin a las «prácticas antidemocráticas» que, asegura, comenzaron durante la administración anterior y terminaron por convertirse en una costumbre del grupo mayoritario. Incluso le solicita diferenciarse de su antecesor, a quien reprocha haberse negado a construir puentes entre los distintos sectores de la Corte.
Más que una crítica a la gestión saliente, el documento parece proyectarse hacia el futuro. Cárdenas advierte que quienes busquen presidir la Corte durante el tercer año del período constitucional deben saber que su actuación será observada «en resguardo de la independencia judicial». La frase funciona como un mensaje anticipado a la elección que el pleno deberá realizar en octubre.
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Paradójicamente, el magistrado concluye la carta con un llamado a reconstruir el diálogo. Reconoce que con algunos integrantes del pleno «es prácticamente imposible» conversar, pero sostiene que la Corte aún puede recuperar la confianza entre sus miembros si abandona la lógica de confrontación que, según admite, ha impedido responder a las expectativas de la ciudadanía.
La fotografía oficial terminó celebrándose sin uno de sus integrantes. Pero la ausencia de Cárdenas dejó una imagen distinta: la de una Corte que llega al relevo de su presidencia con una división que ya no se limita a las votaciones internas, sino que sus propios magistrados reconocen públicamente.







