
Las imágenes de edificios colapsados, viviendas destruidas y comunidades afectadas tras el reciente terremoto en Venezuela reavivan una pregunta que también preocupa a Guatemala, ¿podría un evento similar provocar una tragedia de esa magnitud en un país que convive con los sismos?
La Hora consultó a tres especialistas quienes, en suma, concluyeron que Guatemala puede experimentar un terremoto de características similares. Sin embargo, añadieron que el nivel de destrucción no depende solo de la magnitud del movimiento telúrico, sino de una combinación de factores que incluyen el tipo de suelo, la calidad de las construcciones, el cumplimiento de las normas y la planificación urbana.
El geofísico Juan Pablo Ligorría explicó que el evento ocurrido en Venezuela reunió condiciones particularmente destructivas, pues se trató de una secuencia de dos terremotos, de magnitudes 7.2 y 7.5, ocurridos con apenas 39 segundos de diferencia y con una profundidad de entre 10 y 20 kilómetros.
«Son sismos fuertes que liberan su energía cerca de la superficie», detalló. Además, ocurrieron sobre un segmento de falla en tierra firme, donde la presencia de ciudades e infraestructura incrementa el potencial de daños.
Sin embargo, el especialista aclaró que el desastre no puede explicarse únicamente por la fuerza del terremoto. «El desastre resulta de la materialización del riesgo. Ese riesgo se construye por la amenaza, que es el terremoto, y por la vulnerabilidad, es decir, la propensión que tienen las personas y las construcciones a sufrir daños», dijo.
Es decir, un sismo puede producir daños distintos, dependiendo de qué tan preparado esté el terreno.
GUATEMALA COMPARTE LA MISMA AMENAZA
Ligorría recordó que Guatemala ya vivió un terremoto con características muy parecidas, el ocurrido el 4 de febrero de 1976, de magnitud 7.5 que se originó sobre una falla superficial, al igual que el registrado recientemente en Venezuela.
Actualmente, identifica tres zonas con potencial para generar fuertes movimientos: la subducción frente al Pacífico, el segmento oriental de la falla del Motagua y la porción occidental de la falla Polochic.
EL TERRENO TAMBIÉN ES UN FACTOR
Incluso una estructura bien diseñada puede comportarse de manera distinta, dependiendo del suelo sobre el que fue construida, explicó el ingeniero geólogo, Jorge Romeo. Detalló que antes de levantar cualquier obra deben realizarse estudios geotécnicos para conocer la capacidad de soporte del terreno, la presencia de fracturas, fallas geológicas y agua subterránea.
«Si el terreno es arenoso y tiene un nivel freático alto, durante un terremoto puede comportarse como un líquido. Eso hace que cualquier estructura encima se mueva mucho más y pueda sufrir daños», explica.
Por esa razón, remarcó que no existe un diseño único que pueda repetirse en cualquier lugar.
«No puedo tomar un proyecto de una zona y aplicarlo exactamente igual en otra. Cada terreno tiene características distintas y debe estudiarse antes de construir», dijo.
LAS NORMAS EXISTEN, EL DESAFÍO ES CUMPLIRLAS
Para Omar Flores, profesor investigador del CESEM de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de San Carlos y expresidente de AGIES, la discusión también debe estar centrada en la calidad de las edificaciones.
Antes de atribuir los colapsos observados en Venezuela únicamente al terremoto, considera necesario conocer la antigüedad de las construcciones, los códigos bajo los cuales fueron diseñadas y si realmente se respetaron las especificaciones técnicas.
«Puede haber construcciones hechas con normas antiguas, construcción empírica, materiales de menor calidad o incumplimiento de especificaciones. Son muchos los factores que influyen», explicó.
En ese sentido, recordó que Guatemala tampoco está exenta de enfrentar ese mismo escenario. «Puede ser que a nosotros nos vuelva a suceder lo mismo», dijo, trayendo a colación el terremoto del 76.
Flores destacó que el país cuenta con normas de diseño sismorresistente desarrolladas por AGIES y actualizadas por última vez en 2024, pero reconoció que el principal reto no es el técnico.
El experto explicó que, a diferencia de países como Chile, México o Colombia, donde estas normas tienen fuerza de ley, en Guatemala su aplicación depende en gran medida de la responsabilidad de quienes diseñan y construyen, así como del control ejercido por las municipalidades.
Indicó que a esto se suma el desafío que representa la construcción informal. «No todo el mundo puede contratar a un ingeniero o comprar materiales que cumplan con las normas», señaló.
Como consecuencia, muchas viviendas son ampliadas sin cálculos estructurales adecuados, lo que incrementa su vulnerabilidad.
Al respecto, los tres especialistas coinciden en que no existen edificios «antisísmicos», sino que lo que existe son construcciones sismorresistentes, diseñadas para proteger la vida de las personas aun cuando sufran daños.
«La idea no es que el edificio no se dañe, sino que no colapse inmediatamente y permita la evacuación», resaltó Romeo.
Las lecciones que deja Venezuela, según los expertos, es conocer mejor las fallas activas, estudiar el terreno antes de construir, fortalecer la investigación científica, hacer cumplir las normas y reducir la construcción informal.







