Con casi 50% de la niñez guatemalteca sufriendo de desnutrición crónica, el gobierno de Arévalo ahora se enfrenta a la crisis alimentaria por las condiciones climáticas de 2026. Imagen La Hora: Roberto Altán.
Con casi 50% de la niñez guatemalteca sufriendo de desnutrición crónica, el gobierno de Arévalo ahora se enfrenta a la crisis alimentaria por las condiciones climáticas de 2026. Imagen La Hora: Roberto Altán.

Con los resultados preliminares de la Encuesta Nacional de Desarrollo en Salud (Endesa) 2025, el Instituto Nacional de Estadística (INE) reportó que la desnutrición crónica continúa siendo el problema nutricional de mayor magnitud en Guatemala, donde el 42% de las niñas y niños menores de 5 años son afectados. 

“Esto es algo que hay que ver en relación al comportamiento histórico. Y el comportamiento histórico es que desafortunadamente esto es una situación que se fue agravando con el tiempo, a la que no se le puso atención”, argumentó el presidente Bernardo Arévalo, cuando se le consultó sobre esta problemática en La Ronda del 15 de junio de 2026. 

En esa ocasión, el mandatario aseguró que iniciativas como Mano a Mano o el Programa de Alimentación Escolar intentan reducir el porcentaje de niñez afectada. 

Hace dos años, el Gobierno de Guatemala lanzó la Estrategia Intersectorial Mano a Mano, un programa que coordina los esfuerzos de los distintos ministerios para contener los altos índices de pobreza extrema y desnutrición crónica, ambos fenómenos de la malnutrición.

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Según el Instituto de Nutrición de Centro América y Panamá (INCAP), la malnutrición es un “estado fisiológico anormal debido a un consumo insuficiente, desequilibrado o excesivo de macronutrientes o micronutrientes”.

La titular de la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Sesan), Mireya Palmieri, confirmó en La Ronda que, a lo largo de 2026, se han reportado 14 fallecimientos por desnutrición aguda.

La secretaria compara esta cifra con las 60 muertes de 2025. Además, atribuye este cambio a la reducción de casos acumulados y sin atención, contabilizados semanalmente por el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS).

Palmieri considera que están atendiendo las causas estructurales de la problemática, como el reconocimiento de los síntomas, llevar a la niñez a recibir atención de salud, y el enfoque en la recuperación de las personas. En la misma línea, el presidente Arévalo afirmó que su gobierno ha alcanzado una disminución del 8% en casos de desnutrición aguda.

PERO, ¿QUÉ DICEN LAS CIFRAS?

Con la Endesa, el INE recopiló información de salud dentro de temáticas específicas, como el estado nutricional de la niñez menor de 5 años, inseguridad alimentaria y alimentación del lactante. Y aunque aún no ha publicado el informe final, compartió los indicadores principales que resumen el trabajo de campo. 

Para 2025, el 44% de la población enfrenta inseguridad alimentaria, con un 18% que se ha quedado sin alimentos o pasado un día sin comer. Los afrodescendientes y pueblos indígenas son los más afectados, en especial si viven en zonas rurales. 

En cuanto al estado nutricional de la niñez menor de 5 años, los departamentos de Totonicapán (68%), Huehuetenango (58%) y Quiché (56%) presentan las brechas más grandes en retraso de crecimiento. Al igual que en el indicador anterior, las poblaciones indígenas y afrodescendientes tienen mayor rezago. La problemática empeora cuando la madre tiene solo educación preprimaria, o ninguna. 

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Cuando se habla de desnutrición, se suele pensar que solo afecta a la primera infancia en el área rural. Pero, en general, Guatemala atraviesa un fenómeno de malnutrición, en donde no solo hay carencia de alimentación y nutrientes, sino que estos fenómenos conviven con los problemas metabólicos, sobrepeso y obesidad. Expertos del MSPAS lo definen como la doble carga de la malnutrición. 

En un estudio, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) descubrió que la doble carga de la malnutrición ha representado extensas pérdidas económicas para Guatemala, dado los efectos que tiene en el sistema de salud, la educación y en la población productiva. Para 2018, las pérdidas monetarias ascendían a más de USD 12 millones, equivalente al 16.3% del Producto Interno Bruto del país. 

Dentro del marco de Mano a Mano, los especialistas están monitoreando el crecimiento de la niñez. Han promovido las mediciones sistemáticas para controlar el peso, talla y edad de las infancias, y comparar su desarrollo con los patrones ideales de crecimiento. También están realizando desparasitaciones cada seis meses para eliminar los parásitos intestinales. 

Por otro lado, están distribuyendo suplementos, como hierro y ácido fólico, para las mujeres en sus primeros tres meses de embarazo. Además, están completando los esquemas de vacunación para prevenir enfermedades como neumococo, pentavalente y rotavirus.

En su reunión del 22 de junio de 2026, el Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Conasan) aprobó una propuesta de alimento fortificado para entregar a las familias en inseguridad alimentaria por las condiciones climáticas de 2026. 

En ese momento, el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA) solicitó una ampliación de presupuesto de Q55 millones para adquirir 300 mil raciones de dicho alimento, que se entregarían para aliviar la crisis. Asimismo, propusieron que las raciones fueran repartidas durante las jornadas de salud del MSPAS. 

Semanas después, en la sesión del 10 de agosto, se informó que la SESAN dispondrá de Q20 millones para la adquisición y entrega de las raciones. Los fondos serán trasladados hacia el Viceministerio de Seguridad Alimentaria y Nutricional del MAGA. 

Esta iniciativa surgió después de que se anunciara la interrupción del plan de Alimento Complementario Fortificado para niñas y niños menores de cinco años. Mientras consiguen recuperar este apoyo inicial, esta nueva entrega es una medida de emergencia ante las amenazas climáticas de 2026. 

De acuerdo con su proyecto de julio a septiembre 2026, entre el 15 y el 19% de la población se encuentra en crisis por inseguridad alimentaria. Y explican que este estado se asocia con la dependencia a la agricultura de subsistencia, junto con la pobreza persistente y el limitado acceso a servicios básicos. 

Entre los factores clave de la crisis identificaron la sequía y afectaciones climáticas, el alza de los precios de los alimentos, el aumento del precio de los combustibles y de la deuda de los hogares. A esto se añade el agotamiento de las reservas de granos básicos y las limitadas oportunidades de trabajo temporal relacionadas al inicio de la época de la siembra. 

Mariana Torres Ruano
Escritora y periodista, con formación en Comunicación de la Universidad Rafael Landívar. Ávida lectora, se especializa en la cobertura de temas culturales, literatura y fenómenos de Internet.
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