El miércoles 24 de enero de 2024, en esta sección aparecía la que fue mi entrega final como colaborador en el ámbito del periodismo de opinión en este histórico medio de comunicación social. Aquella fue la conclusión de una breve “Tercera Época” en La Hora. La dedicación al ejercicio de la función pública y las políticas propias, personales e institucionales, me impulsaron a manifestar mi despedida en aquella ocasión. 874 días median de aquella fecha a la presente entrega.
Por circunstancias ajenas a este recuento únicamente diré que la experiencia del ejercicio de dicha función pública tuvo un lapso de 590 días y dejamos huella que a otros corresponderá darle continuidad. Agradezco las múltiples expresiones de aprecio y deferencia de Óscar C. Marroquín que hoy concretan este retorno. Y concluiré alrededor de este breve recuento que, con voluntad, se puede hacer una gestión con capacidad, eficiencia, eficacia y probidad al servicio de los más necesitados.
También hay que señalar que la complejidad de las normas propias del desempeño de lo público suele colisionar si al frente del manejo de las finanzas existe la tendencia a buscar y obtener beneficios personales para el responsable de esa parte del erario. Y de ese tipo de empleados y funcionarios tuvimos en demasía durante los últimos 12 años. Quebrar ese cuadro de “costumbres” conlleva múltiples esfuerzos no necesariamente visibles para la población y, por fortuna se han emprendido acciones en ese y otros sentidos similares, para cerrar esas brechas. Falta mucho. Por supuesto. Pero ya hay cambios. Y habrá más.
Las múltiples carencias de amplias mayorías de nuestras poblaciones provocan una atmósfera de un obligado reclamo por prontas soluciones. Las tareas no son fáciles. Y esa es otra parte del embrollo empujado por una serie de alianzas perversas al punto de generar hace aproximadamente unos ocho años la entronización y la ruptura total de la existencia de la república misma. El contrapeso entre el Legislativo y Ejecutivo dejó de existir en total contubernio del Organismo Judicial. Hasta junio de 2023, hace casi tres años, el malévolo equilibrio empezó a perder su terrible peso económico, social y político.
El evento electoral de aquel año fue una expresión de hastío colectivo, gracias principalmente a la población joven. Y otra serie de lecciones se derivaron a partir de entonces, en otra entrega hablaremos de ellas. Por ahora recordemos cómo la justicia se colocó al servicio de unos pocos en detrimento de millones, reitero: el beneficio de unos pocos dañando a millones de guatemaltecos. El Estado de Derecho fue la excusa para criminalizar la opinión disidente. Sin la organización y participación de los Pueblos Originarios a partir del 2 de octubre de 2023 al 15 de enero de 2024, hoy, la historia sería otra y esta atmósfera simplemente no existiría.
En aquella columna mencionada en el primer párrafo (https://lahora.gt/opinion/walterdelcid/2024/01/24/anhelos-democraticos/) decía: …el Ministerio Público continuará en su afán de desgaste y a él se le unirá, como ya lo ha hecho, el pleno de magistrados de la Corte de Constitucionalidad emitiendo resoluciones absurdas pero que se obedecerán pues no hacerlo sería comparable únicamente con la actitud de las dos administraciones antecesoras… y el vaticinio se cumplió sin “bola mágica de por medio”.
Hace 884 días la captura del Estado por esa minoría antidemocrática estaba enardecida. La autoridad del Organismo Ejecutivo ya no estaba bajo su dominio. Hicieron hasta lo imposible por impedir la asunción misma de dicha conducción. Con cobardía, impunidad y soberbia el antecesor ni se presentó para concretar el simbólico traspaso de mando. Las delegaciones extranjeras se marcharon sin observar el ceremonial; de hecho, este se concretó hasta en los primeros minutos de aquel 15 de enero de 2024. El MP, “fuerte y firme”, de aquel entonces fue blando, complaciente, cómplice y totalmente deficiente.
Hoy otros nubarrones empañan el futuro inmediato y mediato nacional. Tres de cinco magistrados de la Alta Corte se empeñan en resolver contrario a Derecho y defienden en absurdo jurídico al nefasto señor Mazariegos al frente de la universidad estatal. Ese constituye otro gran desafío de orden nacional en manos del Fiscal General y Jefe del Ministerio Público para el período 2026-2030, el Dr. Gabriel Estuardo Luna García.
Aquella frase cacareada por la nefasta antecesora: “Nadie está por encima de la ley”, debe ser la consigna operativa real y efectiva alrededor del proceder de ese tridente prevaricador. Hay más de una razón para concretar la inmediata y necesaria investigación hasta llegar a la solicitud de retiro de la inmunidad del cargo. No hacerlo es volver a caer en la negación del Estado de Derecho; una pronta y afirmativa respuesta a la pregunta formulada es obligatoria.







