Autor: Esteban Conde
X: @esteban_j_conde
Instagram: @estebanjose_conde
Editorial: youngfortransparency@gmail.com


0:00
0:00

Religión, fútbol y política son temas que no se hablan en la mesa por las susceptibilidades de quienes participan de las conversaciones. Cada uno con sus gustos, preferencias, crianza, costumbres, prejuicios y sesgos. Todo bajo un marco de aparente respeto que, en realidad, oculta una aversión cultural a la confrontación de ideas, sobre todo cuando la falta de costumbre de intercambio de posturas genera que pronto se olviden los argumentos y las cosas escalen hacia lo personal.

Podría plantearse un caso a favor de evitar dichos temas en la mesa, sobre todo por el valor emocional y social que se le pone a la práctica de compartir con otros un momento y un lugar para alimentarse; aquello que, por costumbre, se enseña a agradecer en cada ocasión posible. Sin embargo, es de las pocas oportunidades que se tienen para tocar temas trascendentales sin tener que dedicar mucha, o toda la atención a otros asuntos. En este sentido, también podría plantearse un caso a favor de discutir dichos temas en la mesa, con ciertas características, dentro de un verdadero marco de respeto a los otros, y con la intención de participar en un intercambio de ideas que permitan un buen espacio para conversar.

Pero la mesa no es el único lugar donde deberían tratarse temas de este tipo. Especialmente para una población que contempla la política como aquel espacio donde podría hallar la solución de algunas de las problemáticas que le rodean, pero suele encontrar negativas y rechazos, o que, ante la duda y la propia ignorancia, elige la ruta de la inacción. La política no es solo para aliviar los problemas de dinero de algunos pocos, aunque no puede negarse que es un uso frecuente. También puede ser una herramienta para transformar y mejorar las condiciones de vida de las comunidades y sus integrantes.

Para entender las formas en que pueden mejorarse dichas condiciones, es necesario que existan procesos serios, graduales y estructurados de formación para las personas de todos los orígenes y condiciones. Claro, dar al colectivo este conocimiento es un arma de doble filo para los políticos: dependiendo de sus capacidades e intenciones, esta situación puede significar afilar el machete con el que se abrirán camino entre la maleza, o el mismo machete con el que les cortarán las manos.

Deberían ser los partidos políticos los actores principales de la formación política de la sociedad, al menos en lo esencial y mínimo para la procuración del bienestar general. Sin embargo, son los grandes deudores de este tema. En una cultura obsesionada por las formas, con la estética y con lo superficial, los eventos políticos se distinguen por presentar figuras coloridas o peculiares y sonidos llamativos, pero vacíos de contenido. Pura forma, nulo fondo. Tienen un mar de posibilidades con la profundidad de un charco.

Estas organizaciones, rara vez toman la oportunidad para encabezar procesos masivos de formación sobre las posibilidades que trae consigo la política, y se limitan a advertir sobre enemigos imaginarios, señalar a opositores de ser los causantes de todos los males del país y a repetir la frase que intentan volver pegajosa por los próximos meses. No hay intención o capacidad de transmitir herramientas valiosas para navegar las complejidades del sistema político, ni a nivel individual ni a nivel colectivo, lo que sería más deseable. No se promueve la organización ni la colaboración, se promueven individuos que podrían o no candidatear, pero sin saber si podrían o no jugar un rol clave para mejorar la vida de quienes los escuchan y los ven.

Quizá esto combatiría la generación de expectativas inalcanzables. Quizá esto combatiría la decepción con un sistema político que se ha mostrado insuficiente para garantizar mejores oportunidades. Quizá esto combatiría el desencanto con las instituciones que, en papel, se fundaron para proteger a la población de repetir las horas más oscuras que ha vivido.

De fútbol se aprende en la calle. De religión se aprende en casa. De política debe aprenderse en la organización

Jóvenes por la Transparencia

post author
Artículo anteriorSector aguacatero proyecta fuerte crecimiento; proyecta ventas de 20 mil toneladas para 2028, pero advierte obstáculos
Artículo siguienteDoble cara