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El daño que el pseudo rector de la Universidad de San Carlos, Walter Mazariegos, le inflige a Guatemala va mucho más allá de la sistemática destrucción de la vida democrática y académica en la universidad pública más importante del país. Este personaje, comparable en su accionar al de Consuelo Porras en el ámbito judicial, extiende sus tentáculos hacia todo espacio donde exista poder político y, por ende, poder económico.

Hoy se encamina a influir en el nombramiento del Contralor General de la República. Y no lo hace únicamente desde la Usac, sino desde su propia universidad «patito”: la recién creada Universidad Juan José Arévalo Bermejo. Alguno de sus ideólogos cercanos, a cambio de plazas fantasmas o prebendas en la Usac, le diseñó esta herramienta a la medida. El mismo Mazariegos dirige, como representante de los rectores, el Consejo de Enseñanza Privada Superior (CEPS), un ente integrado por rectores que parecen reunirse con el único fin de defender intereses particulares en lugar de velar por la calidad de la educación superior.

Como si no bastara con universidades de papel que crean facultades de Derecho sin estudiantes reales solo para participar en elecciones de Altas Cortes —fenómeno que María del Carmen Aceña ha documentado en su columna—, ahora este destazador de universidades busca presidir la Comisión de Postulación para Contralor General. Se trata de un cargo estratégico que le permitiría negociar su ansiado finiquito y blindarse ante la larga lista de irregularidades acumuladas.

La Comisión de Postulación para Contralor es un espejo fiel de las comisiones que eligen magistrados de las Altas Cortes: un diseño institucional que premia la corrupción, el clientelismo y el intercambio de favores, en lugar de la capacidad y la integridad. En ella participan decanos de facultades de Ciencias Económicas —incluida ahora la de la flamante Universidad Arévalo Bermejo— y representantes del Colegio de Contadores Públicos y Auditores. Muchas de estas facultades operan con escasa o nula matrícula real. El control que ejerce el usurpador sobre este entramado es casi total.

Esta captura no es un accidente. Forma parte de la perpetua crisis de la Usac que he denunciado en columnas anteriores: una institución que ha dejado de cumplir sus funciones constitucionales de formación de calidad, investigación y solución de problemas nacionales, convertida en botín político por grupos que priorizan el poder sobre la excelencia académica.

Es hora de decir basta.

No es posible seguir dejando en manos de universidades capturadas —públicas y privadas— la elección de cargos tan sensibles para la democracia y la transparencia. Debemos replantear profundamente el sistema de Comisiones de Postulación: las universidades ya demostraron que muchos de sus rectores y decanos se inclinan más por el poder y los favores que por la meritocracia y la honestidad.

Pero el primer paso ineludible es poner en su lugar al rectorcito usurpador. Existen múltiples denuncias en el sistema de justicia por los atracos cometidos para mantenerse en el cargo: fraudes electorales, desacatos, malversación de recursos y más. Recientemente, el ciudadano Toriello presentó una nueva denuncia que recuerda al actual Fiscal General la cadena clara de delitos cometidos por Walter Mazariegos. La democracia guatemalteca no podrá recuperarse si no se hace justicia sobre esta larga lista de irregularidades.

Es momento de que el nuevo Fiscal General y el Ministerio Público actúen con decisión. Hay denuncias suficientes para iniciar procesos serios. Paralelamente, la Corte de Constitucionalidad no puede mantenerse en silencio ante los amparos pendientes —promovidos por la Asamblea de Presidentes de Colegios Profesionales, el diputado José Chic, el grupo Dignidad y Rescate (DIRE) y otros afectados— que exigen suspender y repetir las elecciones rectorales.

La Usac es del pueblo de Guatemala, no de un raterito de mala muerte que la ha convertido en su feudo personal. Rescatarla no es solo una cuestión universitaria: es un acto fundamental para rescatar la democracia amenazada.

Si no actuamos ahora, con firmeza y sin titubeos, esta captura se consolidará y será mucho más difícil revertirla después. La reconstrucción de la educación superior y de nuestras instituciones pasa necesariamente por poner fin a esta malobra. Rescatemos la Usac ahora, porque si no es ahora, no será nunca.

Fernando Cajas

Fernando Cajas, profesor de ingeniería del Centro Universitario de Occidente, tiene una ingeniería de la USAC, una maestría en Matemática e la Universidad de Panamá y un Doctorado en Didáctica de la Ciencia de LA Universidad Estatal de Michigan.

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