Cruces, tradición y una fe que navega en Amatitlán: Así se vive el 3 de mayo en Guatemala. Arte La Hora: Alejandro Ramírez
Cruces, tradición y una fe que navega en Amatitlán: Así se vive el 3 de mayo en Guatemala. Arte La Hora: Alejandro Ramírez

El amanecer del 3 de mayo llega distinto en Guatemala. No es un día cualquiera: el aire se llena de colores, el olor a flores frescas se mezcla con el de la comida recién preparada y, en cada esquina, una cruz recuerda la fe que atraviesa generaciones.

Es el Día de la Cruz o también conocido como «el Día del Albañil», una fecha donde la devoción religiosa se entrelaza con tradiciones populares que siguen vivas en barrios, aldeas y municipios.

Desde temprano, familias enteras se organizan para adornar cruces con papel de china, cintas y flores, creando pequeños altares que se convierten en puntos de encuentro.

Según la tradición, estas expresiones no solo representan fe, sino también comunidad: vecinos que comparten alimentos, rezos y música en un ambiente que mezcla lo espiritual con lo festivo.

CRUCES QUE PROTEGEN

En Guatemala, el Día de la Cruz también tiene un significado especial para los trabajadores de la construcción. Según la Gobernación Departamental de Baja Verapaz, esta fecha está ligada al llamado Día del Albañil, una tradición que consiste en colocar cruces en obras en proceso como símbolo de protección.

De acuerdo con la Gobernación de Baja Verapaz, esta costumbre se asocia al inicio de la temporada de lluvias, un periodo que históricamente representaba riesgos para las construcciones de adobe. Por ello, las cruces se convierten en un acto de fe, pero también en un ritual de resguardo frente a los peligros del oficio.

Foto La Hora: Radio María.
Foto La Hora: Radio María.

SABORES Y ENCUENTRO

La celebración no estaría completa sin la comida. En muchos hogares, la cocina se convierte en el corazón de la festividad: tamales, caldos y bebidas tradicionales se preparan para compartir con familiares y vecinos.

Más allá del sabor, estos momentos refuerzan la convivencia. Según la tradición popular, sentarse alrededor de la mesa en este día simboliza gratitud y unión, una forma de agradecer la protección y mantener vivas las costumbres.

FE QUE NAVEGA EN AMATITLÁN

En Amatitlán, la celebración adquiere un matiz único. Allí, el Día de la Cruz se vive con la tradicional procesión acuática del Niño Dios, una de las manifestaciones culturales más emblemáticas del país.

Según el Sistema de Información Cultural, esta procesión, declarada Patrimonio Cultural Intangible de la Nación en 2007, combina recorridos terrestres con un trayecto sobre el lago de Amatitlán.

La imagen es llevada en lancha hasta puntos simbólicos, en medio de rezos, música y la mirada de fieles que acompañan el recorrido desde la orilla.

La tradición, de acuerdo con registros históricos, se remonta a 1947, aunque la devoción al Niño Dios tiene raíces mucho más antiguas, vinculadas a comunidades originarias que ya veneraban la imagen desde el siglo XVII.

El portal explica que, el recorrido procesional inicia con la celebración de la Santa Eucaristía. Posteriormente, se realiza el cortejo procesional terrestre por las principales calles y avenidas del municipio hasta llegar a la orilla del lago.

En este punto, la imagen del Niño Dios es colocada en una lancha especialmente preparada para continuar con el recorrido acuático hasta el área conocida como La Silla de Piedra. Tras este trayecto, la imagen regresa nuevamente a la orilla del lago para retomar el recorrido terrestre, que culmina en la Iglesia Parroquial San Juan Bautista, en Amatitlán.

UNA TRADICIÓN QUE PERDURA

Aunque su origen se vincula con relatos religiosos que, según la tradición cristiana, datan del hallazgo de la cruz por Santa Elena, el Día de la Cruz ha evolucionado con el tiempo. Hoy, en Guatemala, es una mezcla viva de historia, fe y cultura popular; junto con la procesión acuática, son parte de la historia.

Cada cruz adornada, cada platillo compartido y cada procesión reflejan una identidad que se mantiene firme. Porque más allá de los años, el 3 de mayo sigue siendo un recordatorio de que las tradiciones no solo se celebran: se viven.

Yesica Peña
Periodista profesional, formada en la Universidad de San Carlos de Guatemala. Enfocada en cobertura de temas comunitarios, migratorios, culturales y ambientales. Comprometida con una comunicación veraz, clara y al servicio de la ciudadanía. -Creyente en el poder de las historias bien contadas para transformar realidades.-
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