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Hace 4 años, el 28 de abril de 2022, escribí una columna en este medio titulada “La crisis de barcos en Puerto Quetzal”, en la que detallaba que, de acuerdo con la publicación hecha por un medio local, unos 18 buques graneleros estaban fondeados en Puerto Quetzal esperando atraque para ser cargados o descargados y que algunos ya tenían 15 días esperando. También hice alusión al cretino comentario del expresidente Alejandro Giammattei en el que se ufanaba, en una gira de trabajo, de que 16 barcos cargados de mercadería esperaban turno para entrar a Puerto Quetzal, lo cual es un “reflejo de la cantidad de comercio y exportaciones que estamos teniendo”, evidenciando, cuando no, su monumental desconocimiento en materia portuaria y de comercio exterior.  

Hoy, 4 años después, este problema no sólo persiste, sino que ha empeorado significativamente.  La cantidad de buques fondeados en espera de atraque se ha más que duplicado.  Si no me cree, estimado lector, puede ver una captura del sitio marinetraffic.com que identifica (por nombre y destino) a todos los buques que se encuentran en cualquier puerto del mundo, ya sea en fondeo, o en ruta. Como se aprecia en la captura, hay más de 45 buques, sin contar los que están atracados en puerto, algunos de los cuales llevan en fondeo desde enero de este año.  En cualquier puerto del mundo, esto es una situación anómala.

Fuente: marinetraffic.com

Y lo peor es que no hay visos de una solución en el corto plazo, principalmente con un gobierno que tiene una ejecución cercana al 100% e incrementos del 50% anual en contratos bajo el renglón 029 (gasto de funcionamiento), pero al mismo tiempo tienen una bajísima ejecución presupuestaria en gasto para inversiones de infraestructura, como lo sería la ampliación y modernización de Puerto Quetzal.

Del calado del puerto, mejor ni hablar, ya que se suponía que desde septiembre del año pasado se iniciarían los trabajos para recuperar el calado de este puerto, los cuales han sido suspendidos una y otra vez por distintos motivos, siendo la ineficiencia e impericia, los principales.  En la década de los 70’s del siglo pasado, cuando se planificó este puerto en el gobierno del general Kjell Laugerud, se hizo un plan maestro previendo el incremento en tráfico que tendría este puerto por el crecimiento que tendrían las importaciones al país.  Sin embargo, algo tan sencillo como ejecutar un plan diseñado hace casi 50 años, no lo han podido realizar once gobiernos de la era democrática. Once. Y nada.

Los sobrecostos, que incluyen demoras que se deben pagar a los dueños de los buques, así como daños ocasionados a los productos por estar almacenados en condiciones no adecuadas (las bodegas de los buques no son aptas para almacenamiento prolongado de granos o fertilizantes, por ejemplo), los termina pagando el guatemalteco de a pie, ciertamente no lo hacen ni el presidente, ni los diputados, cuyos alimentos se compran con dinero de los contribuyentes.

Tanto ministros como diputados y hasta alcaldes que creen ser muy avezados en temas portuarios, pero que, por su ignorancia, y también por su incompetencia, no logran dar con la tecla para mejorar una situación cada vez más crítica para los guatemaltecos.

 

Emilio Matta

emiliomattasaravia@gmail.com

Esposo y padre. Licenciado en Administración de Empresas de la Universidad Francisco Marroquín, MBA de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile, Certificado en Métodos de Pronósticos por Florida International University. 24 años de trayectoria profesional en las áreas de Operaciones, Logística y Finanzas en empresas industriales, comerciales y de servicios, empresario y columnista en La Hora.

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