0:00
0:00

Como lo dije en una anterior columna y lo repito ahora, será el Presidente quien escoja al nuevo (a) Fiscal General, tal como lo ha dicho en reiteradas oportunidades. Y esto está próximo a suceder.

Arévalo, desde que tomó posesión del cargo, decidió seguir la vía institucional para cambiar a Consuelo Porras. Esa vía ha sido tortuosa y para algunos sin sentido, dado que la institucionalidad está cooptada.

Entre los inconformes con esa estrategia están algunos de los actores que aplaudieron el “éxito” de haber blindado jurídicamente a la entonces Fiscal General, Thelma Aldana, para que Otto Pérez Molina no la pudiera despedir. Para ello, la CICIG, los gringos y algunas ONG presionaron para la aprobación de una reforma a la ley del MP, misma que ahora muchos de los que la aplaudieron querían que Bernardo Arévalo irrespetara.

Y fue así como Consuelo Porras, ya blindada por la miopía de los que ya he mencionado, condujo la maquinaria de guerra, el MP, para garantizar la cooptación de la institucionalidad estatal por parte de las redes político criminales. Fue la más notoria arma bélica en la estrategia de la “lawfare”.

Pero todo indica, y espero no estar equivocado, que Bernardo Arévalo triunfará en su estrategia controversial ya referida y que efectivamente nombrará en pocos días al nuevo (a) Fiscal General. Es cierto que la opción que él posiblemente habría querido tener no está en el menú. Pero tiene a quien escoger, que no sea parte de las redes político criminales. La lista que presentó la Comisión de Postulación es el resultado de las normas que rigen “el juego que él decidió jugar”.

Ante esa situación hay dos narrativas, por una parte la de los frustrados por las opciones que el Presidente tiene, y por otra la de los temerosos de lo que pueda suceder cuando Consuelo Porras deje el cargo. 

La primera es la que dice que el Presidente tendrá que escoger al “menos peor”. La segunda es la que se manifiesta en pedir que se abandone la dinámica pendular, es decir que ahora el MP no vaya a hacer lo mismo que hicieron Thelma Aldana y Consuelo Porras.

Lo maligno de la primera narrativa es que debilita de entrada a quien salga escogido  (a) por el Presidente. Quienes la ostentan, mejor servicio no pueden hacerle a las redes político criminales que quieren que aunque ya no cuenten con el tanque de guerra de la “lawfare”, ahora quien la sustituya sea visto como una pistolita sin tiros, es decir como un personaje débil, como “el menos peor”. Pero además de hacerle este servicio a las redes político criminales esta narrativa es injusta y prejuiciosa.

Lo perverso de la segunda narrativa es que equipara la gestión de Thelma Aldana con la de Consuelo Porras. Iguala la lucha contra la corrupción y la impunidad con el ejercicio de la lawfare que han desarrollado las redes político criminales en convergencia con algunas élites empresariales.  

El efecto de ambas narrativas es el mismo. De entrada debilitan al nuevo (a) Fiscal General, ya sea por calificarlo como el “menos peor” o porque se le presiona para que se sienta inhibido y sea cuidadoso para no ser percibido como “el péndulo” que regresa “al otro extremo indeseable”.

El cambio de Fiscal General debe ser visto con optimismo y quien resulte escogido (a) debe contar con todo el apoyo social posible. La exigencia ciudadana debe ser LA INDEPENDENCIA en el ejercicio de su función y el profesionalismo en su desempeño.  Los errores que cometió la CICIG y el MP dirigido por Thelma Aldana no deben repetirse. Al respecto hay mucho que decir, a pesar de la intransigencia con la que algunos los defienden. Esta visión crítica es necesaria, siempre que parta de reconocer y valorar el trascendente papel histórico que ellos jugaron en la lucha contra la corrupción y la impunidad.

Así que quien quiera que sea escogido, ¡bienvenido (a)! Y sea cual fuere la decisión del Presidente, también bienvenida, él ha sido coherente con su visión demócrata y republicana, aun en un Estado donde esas características son casi inexistentes. El MP, liderado por Consuelo Porras, y las redes político criminales, a cuya cooptación ella ha estado sujeta, han sufrido una derrota relevante; aunque, hay que reconocerlo, todavía insuficiente. 

Adrian Zapata

zapata.guatemala@gmail.com

Profesor Titular de la USAC, retirado, Abogado y Notario, Maestro en Polìticas Pùblicas y Doctor en Ciencias Sociales. Consultor internacional en temas de tierras y desarrollo rural. Ha publicado libros y artículos relacionados con el desarrollo rural y con el proceso de paz. Fue militante revolucionario y miembro de organizaciones de sociedad civil que promueven la concertación nacional. Es actualmente columnista de el diario La Hora.

post author
Artículo anteriorEl problema del aprendizaje escolar, la ausencia de educación técnica y la ilusión del cambio: Parte 1
Artículo siguienteNo dan con la tecla para Puerto Quetzal