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El comportamiento de los grupos que adversan cualquier potencial de cambio o transformación resulta un análisis interesante, dado que los mismos no guardan ninguna relación directa con planteamientos que se refieren a los grupos que se adscriben a la derecha o resultan conservadores porque se ubican en la derecha del esquema político, refiriéndose a: a) grupos que adversan cualquier práctica o modalidad que apunte a generar cambios en el sistema; b) grupos que resienten que cualquier medida destinada a favorecer a los grupos mayoritarios tiene tendencia socialista; c) grupos que buscan evitar que se hagan cambios en la estructura tributaria; d) grupos que mantienen un discurso neoliberal en lo económico; y, e) grupos que consideran al Estado como un estorbo para la supuesta modernidad económica; estos elementos entre otros que ahora se me escapan.

Sin embargo, aunque los grupos conservadores en Guatemala se adscriben a estos elementos, seguramente no tienen la menor idea de su significado o trascendencia, pues contrariamente, lo “recitan” o “los bendicen”, pero en ningún momento se detuvo a pensar sobre los mismos, como un marco teórico que les dé sustento a sus ideas, para nada.

La emergencia de los grupos de derecha en Latinoamérica y el mundo son producto justamente pretendiente de evitar cualquier medida que tienda a ser “socializante” o que apunte de beneficiarios a los grupos más vulnerables y reduzca su visión a un estribillo que se encierra en el hecho que la empresa privada es la conductora de los cambios y sobre el mercado descansa el porvenir de las sociedades, olvidando o estableciendo como fallas del sistema, la existencia de enormes grupos de población que se encuentran alejados de esa dinámica económica que ellos privilegian, pero se olvidan que esas fallas son producto propio de la exclusión que los grupos dominantes han impuesto a las sociedades, para lo cual han tenido una incidencia directa sobre el propio Estado y su conducción.

Pero los grupos conservadores en Guatemala, no llegan ni a eso, son simplemente “repetidoras” de discursos y posturas que lo únicamente que tienen claro es que es necesario mantener el “control del Estado y sus instituciones”, justamente para que sigan beneficiando a los grupos que medran de la órbita del patrimonio del Estado. 

Y cuando hablo de Estado, estoy involucrando a los poderes del mismo, tales son los casos en Guatemala del Congreso de la República y del Organismo Judicial, en donde los diputados y los jueces responden justamente a este interés, no existe en ellos una vocación destinada a mejorar las condiciones de vida de las personas, ni mucho menos de profundizar el Estado de Derecho, para nada, sino simplemente, se convirtieron en eslabones de una cadena de corrupción de los beneficiarios, pero que también les permite establecer un mecanismo de interacción con las élites económicas, pues éstas son sordas ante el enriquecimiento ilícito mientras no les toque sus intereses.

En Guatemala, la presencia de la CICIG y sus actuaciones marcaron un antes y un después. Obviamente, estos grupos conservadores –grupos emergentes y oligarquía sumado a los grupos de crimen organizado-, definido con claridad que lo de la CICIG, no puede volverles a pasar, pero la sociedad que no es tonta, sino al contrario callada pero inteligente, ha podido percibir estas actitudes, con lo cual les quebró la inercia absurda de tres regímenes –uno, peor que otro-, votando por un partido diferente.

Es por ello que los conservadores, se dieron a la tarea de “enterrar”, según ellos, el legado de la CICIG, para lo cual tomaron bajo su control las instituciones de justicia como la CSJ, la CC y el MP, con lo cual se generó una entente de terror judicial –la bien llamada guerra a través de la justicia–, con la cual se encargaron de aplacar, arrinconar, asustar a muchas personas que se han opuesto a esta lógica absurda de la corrupción como centro o eje del poder, para también, en el peor de los casos detener injustamente a personas que únicamente buscan un futuro distinto para sus pares ciudadanos, e igualmente obligaron a exiliarse a jueces y magistrados que únicamente cumplieron con su deber y trabajo.

Los grupos conservadores o de derecha en Guatemala, no responden a ideologías que definirían su esencia, para nada, simplemente son grupos que pretenden seguir en la “juerga de la corrupción”, porque les conviene a sus intereses ya los de los grupos que se encuentran detrás de todo este entuerto, esperando cualquier error para magnificarlo y continuar gozando de sus privilegios de siempre.

Juan José Narciso Chúa

juannarciso55@yahoo.com

Guatemalteco. Estudió en el Instituto Nacional Central para Varones, se graduó en la Escuela de Comercio. Obtuvo su licenciatura en la USAC, en la Facultad de Ciencias Económicas, luego obtuvo su Maestría en Administración Pública INAP-USAC y estudió Economía en la University of New Mexico, EEUU. Ha sido consultor para organismos internacionales como el PNUD, BID, Banco Mundial, IICA, The Nature Conservancy. Colaboró en la fundación de FLACSO Guatemala. Ha prestado servicio público como asesor en el Ministerio de Finanzas Públicas, Secretario Ejecutivo de CONAP, Ministro Consejero en la Embajada de Guatemala en México y Viceministro de Energía. Investigador en la DIGI-USAC, la PDH y el IDIES en la URL. Tiene publicaciones para FLACSO, la CIDH, IPNUSAC y CLACSO. Es columnista de opinión y escritor en la sección cultural del Diario La Hora desde 2010

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