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Ya he perdido la cuenta, es que duermo poco, y casi pernoctar. En esas noches, cuando con frecuencia, me encarcela el insomnio, me quedo en la cama con los ojos cerrados haciendo un repaso histórico de lo que significa la vida.

Muchas veces con mis amigos, hemos realizado como catarsis esa revisión de nuestra vida y su historia, incluso de los sopapos que la misma nos ha propinado. Hoy siento nuevamente la necesidad de hacerlo en esta epístola; como un ejercicio mental, y desde siempre en esos años, que están en mis prosas, artículos, poemas, ensayos y mis libros, a lápiz o bolígrafo, antes de pasarlos a la Remington.

El ser humano, es fecundado, nace, crece, se reproduce y al fin tiene su destino postrero, no fatal, que es la muerte. Tengo amigos de todas edades, profesiones, actividades diversas y uno que otro vago o vaga, atolondrados, trotamundos, que aún viven como si fueran patojos, pero a todos los aprecio y quiero por igual. Porque cuando el cariño es cordial y efusivo, locuaz y de apego recíproco, es algo muy placentero, recordar viejas vivencias, jodarrias y esa camaradería chingona y chilera, en ocasiones sumamente embrollada; más pienso más seriamente en los dones que tenemos, en los éxitos alcanzados, en las cumbres conquistadas. Y también nos recordamos de todas y todos quienes, ya nos abandonaron y hace tiempo nos dejaron y navegan vigilantes en esas otras galaxias donde tocan las estrellas y les alumbra la vida el candil de nuestra luna, porque si alzaron el vuelo es para esa sideral vivencia de ser huéspedes del Cielo. 

La vida es impredecible, nos da golpes muy severos, de aquellos que remueven el alma y sacuden nuestro juicio; o algunos otros sucesos que aflorando a nuestra mente nos despertaron conciencias nos dieron a beber ciencia, nos pusieron en la puerta, de esos sueños que anhelamos; vivimos con utopías soñando tantas quimeras, algunas las alcanzamos, más la mayoría de ellas se quedaron en morriña, hospedadas en memorias. Y acudiendo a la metáfora, la vida es un libro abierto, nuevo y lleno de benevolencia, más también de sinsabores, de temores y valores, que cada día le pasan hojas y cuando se lee todo, es cuando la vida nos va dejando. Más algunos pareciera que nunca abrieron su libro y siguen por mil senderos con la peor de las tragedias. La vida es muy corta y breve, pasa como las borrascas, aunque tratemos llevarla cual torbellino de sueños. A algunos la vida les sonríe, a otros se les abisma al precipicio y no salen del despeñadero. Son aquellos que afirman estar “salados” y en un desplome constante.

Para otros la vida es como un témpano que a pedazos gigantescos desmorona a cada instante y les cala con angustia, tormenta y mucho vacío. Más para algunos la vida, es un incendio de delirios, arrebato y paroxismo; la viven intensamente, muchas veces con excesos y son estos abusos constantes los que por fin les aburren, les causan tedio y hastío y les inyectan ponzoña; pero cuando esto sucede tienen la vida tan deslizada en forma tan turbulenta, que no hay paz en su interior y se tornan cada día, virulentos y mordaces, inseguros y dudosos. Cuando somos adolescentes, el mundo es ya todo nuestro, vivimos quienes tenemos suerte, esa etapa del estudio, de enseñanzas superiores, de viajes y de placeres, pero también nos desmandamos y uno que otro camarada hizo jirones su existencia.

Tenemos etapas de sentimentalismos sanos, de enamoramientos precisos o de pasiones fugaces, fortuitas y repentinas. Más siempre son estas últimas las que nos marcan las veredas del temor y del recelo y a veces nos penetran tanto y nos causan hecatombes. Pero cuando esto ocurre retroceder es de hombres. Por ello en mi madurez, y con un existir vivido en forma muy abrupta, exagerada y en ocasiones conculcantes, formuló este repaso auténtico de aquella que fue mi historia, escudriño los eventos que son la luz de mi memoria, para tratar que mi devenir futuro, no escarnece y menosprecie, que sea como el retorno de un ave que luego de golpearse el ala, logra al fin remontar vuelo.

He vivido en toda la atmósfera y realizado algún sueño… Sé que todavía faltan algunos abandonos y algunas rebeliones, pero a mis torbellinos casi nunca nadie pudo amansarlos y plegarlos. Y creo que estas tormentas me seguirán lacerando pero jamás dañará la inspiración de la pluma, aunque tengo en ocasiones lagunas, lapsus y olvidos. Me llena mucho de orgullo venir de donde yo vengo, de ese crecimiento sano que me brindaron mis padres, de mis estudios profundos sobre uno y mil idearios, de mi conciencia tan crítica que me inculcó mi padre y de mi grito y mi canto siempre revolucionario, rebelde y de gallardía, que sus sabias enseñanzas marcaron en mi pensamiento y en una ética con escrúpulos, reflexiva y espontánea y con una opción rigurosa, definida y minuciosa, por todos los desvalidos de esta tierra que me sangra.

Tuve miedos, tuve llantos, angustias muy agobiantes, pero creo que las vencieron mis momentos de paciencia, aprendí a ser tolerante y sobre todo y ante todo, me apegué a mi Ser Superior y Padre. Porque si tienes abatimientos y sientes que la fatiga te abruma y te golpea. Más también tengo otro amigo y es mi Elfo nigromante, mi hechicero y grande cuate, que a veces me hace berrinches y me abandona por lapsos, pero yo mismo comprendo que lidiar con un carácter como el que llevo en el cuerpo, el corazón y la mente, es a veces abrumante. Más esos ayunos de sueño, algo siempre me han dejado, porque todo lo que en mi vida he escrito en el mundo literario, lo he logrado en mis vigilias. Me da el impulso de artista, me inspira, me ilumina y entusiasma; aunque a veces de mi pluma salgan muchas pendejadas, una que otra cabronada y muy pocas certidumbres.

Porque hoy empieza un año de matrimonio, es como una vida, teniendo “casa repleta”, con mucho amor, ánimo y cariño, para experimentar y palpar, los recuerdos y una nostalgia fugazmente, cuando vi la mirada y extrañé la presencia de seres amados, afectuosos y caros amigos, y estos camaradas que partieron a la luz, y se acrecienta nuestra historia de temporal travesía, a veces muy dolida por algún querer de olvido; en ocasiones flexible dando amor cual torbellino y abiertamente a montones, por esas cosas tan bellas profundas, ciertas, sensatas, que nos marcaron la senda por los caminos del mundo. Se acumuló otro crepúsculo, nos caló duro el invierno, nos roció la primavera, y muy atrevidamente nos acalora el verano. Con mi mujer, nuestra familia, mi hermano Sergio, mi cuñada Malú y mis sobrinos Diego y Ana Lucía “la Cuchi”. Entre mi acervo y revoltijo de ideas trataba de encontrar esa frase, y fue hasta el momento de recordar “esta casa llena”, mi hogar porque hallé una expresión sencilla que explicara lo que sentía. Hay casa llena con esta estirpe, de mi cuna, mi hogar, los hijos, los nietos y la bisnieta. El hogar donde moraba que es uno de los momentos de mayor alegría, tener la casa llena significa estar al 100%. Y como dije hace un año, atesoro una casa llena, que esto es una garantía, de que estamos trabajando y construyendo nuestra vida. Porque en mis obras han podido encontrar el acomodo revolucionario, amotinado e indómito. Porque es una reseña trata de abarcar en mi prosa y la poesía, es sucintamente, con los enfrentamientos, miedos, temores, fracasos y sobre todo el desamparo de mis camaradas. Y repito, para mí, escribirlo es un acto de justicia y consciencia.

Hoy aprovecho y recuerdo algunas reflexiones, a todos, absolutamente a toda mi familia. Está la gran familia y los “cuates” que me han animado y con quienes he compartido en la búsqueda de la excelencia. Para todos aquellos que me han brindado su corazón, su mano y guía oportuna en las etapas y momentos duros; quienes me han alentado en el cansancio y la fatiga. Para todos aquellos que saben perdonar, para quienes no tiene cobijo el guardar ofensas ni hostiles rencores. Para todos aquellos que han reconocido mis victorias pero que también me han apoyado en la derrota. Para quienes me han sostenido en momentos de temor y angustia, cuando he desmayado.

Y sucintamente, los enfrentamientos, miedos, temores, fracasos y sobre todo el desamparo de mis camaradas. Para mí, escribir esta pequeña obra, es un acto de justicia, de rectitud y equidad. Estas prosas tratan de ser un testimonio de ello, porque no es la certificación de una historia subterránea, y parafraseando, casi lograron “tocar las más altas cumbres”.

Y termino mi columna con mis hijos: Cristina, Andrés, Pablo, Javier con mi nuera Regina “la Regis”, que tienen sus cumbres, porque somos afortunados y orgullosos de ellos. Y están mis nietos: Marcela “la Marce” y Emilia mi bisnieta. Y los pequeños Tadeo y Lucca, hijos de Pablo “Cacho” y Gaby, y otro brotó nuestra nieta, la Jessi, mi hijo Andrés “Pichi” y mi nuera Mónica y por último, los 46 años de matrimonio con Diana, mi mujer, con su abnegación diaria y el estar conmigo en las buenas y las malas, en mis horas de aprehensión y mis miedos.

Y decirles a mis lectores, porque todos los trovadores, rebeldes y renovadores traemos una realidad auténtica a nuestra particular manera y sentimos que somos parte de esa realidad que debe ser necesariamente transformada, porque cada día se vuelve más dificultosa la vida. Por eso, me he dedicado con ahínco a practicar la literatura y la ciencia del Derecho, para continuar en la senda de buscar y rastrear mi siempre latente y presente, mi quimera, mi sueño y mi ilusión. 

En la idea de la JUSTICIA de. la DIGNIDAD y la SOLIDARIDAD como un valor permanente que debe privar dentro del género humano en la tarea de crear una sociedad civil más justa, más fraterna, más libre y más humana; con Solidaridad que es una comunidad de intereses y responsabilidades que hacen del hombre la persona humana que debe ser el centro de toda la actividad social y política de nuestro mundo.

Flaminio Bonilla

Abogado, escritor, comentarista, analista de prensa, columnista en “Siglo XXI” de 1991 y luego en La Hora del año 1991 a la fecha con mi columna “sin esconder la mano”. En la política nacional fue miembro del Partido Democracia Cristiana Guatemalteca, su Vicepresidente del Consejo Político Nacional y Director Nacional de la “Organización Profesional Demócrata Cristiana”. Soy un hombre de izquierda y soy socialdemócrata. Fui Registrador General de la Propiedad del 1982 al 1986; Registrador Mercantil General de la República del 1986 al 1990 y luego 15 años Representante Judicial y Consultor Jurídico del Registro Mercantil. Ha sido profesor universitario en la Facultad de Derecho de la USAC y en la Facultad de Derecho de la Universidad Rafael Landívar. Especialista en Derecho Mercantil Corporativo y Constitucional. Soy graduado en Guerra Política del Colegio Fu Hsing Kang de Taipéi, Taiwán.

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