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Esta noche obscura de la Universidad de San Carlos de Guatemala, nacional y autónoma, pasará. Como dice el poema de Joan Manuel Serrat: “Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es andar, andar haciendo caminos… caminante son tus huellas el camino y nada más, caminante no hay camino, se hace camino al andar…”.

Lo que ocurre en la Usac no es un problema universitario. Es un ataque frontal a la democracia, a la decencia y al Estado de derecho. Lo han hecho miembros activos de la Alianza Criminal, esa hija putativa del Pacto de Corruptos que José Alfredo Calderón ha denunciado en sus columnas. Las cortes se hicieron mudas, sordas y ciegas. Los diputados, salvo honrosas excepciones como la propuesta de intervención de Raíces y el incansable trabajo del diputado José Chic, no han dicho nada. Los diputados simplemente apoyan a la Alianza Criminal de la que son parte. 

La resistencia universitaria actúa en un ambiente complejo, pero no está sola. Cuenta con el respaldo decidido de las comunidades indígenas, que nunca dejaron de creer en la Universidad y de mucho de la sociedad, de los padres que han formado a sus hijos en la Usac y con ello cambiaron sus vidas.

Los docentes, en su mayoría, guardan silencio. Hay otro grupito de docentes aliados de Mazariegos que extorsionan a los estudiantes para que acepten al rectorcito impuesto, como denunció con valentía la Asociación de Estudiantes de Medicina del CUNOC en Quetzaltenango y han denunciado los estudiantes del Centro Universitario de Totonicapán. No digamos las denuncias en las facultades y escuelas no facultativas del campus central, donde se impone un Estado de Sitio a través de clases virtuales ante la mirada atónita del Ejecutivo que dice no poder actuar, aunque la OEA ya le dijo cómo hacerlo. 

Frente a este atropello, la comunidad internacional no ha callado. La Unión Europea deploró “las condiciones en las que se llevaron a cabo las elecciones de rector”. Lo mismo hicieron Canadá y el Reino Unido. Previamente la Organización de Estados Americanos, OEA, se pronunció enérgicamente en contra del fraude electoral en la Usac y le exhortó al presidente Arévalo a tomar medidas para evitar el fraude. El presidente fingió demencia senil. 

Estas declaraciones de UE, Canadá y la UK no son declaraciones de cortesía. Son países que han financiado decenas de proyectos de desarrollo en Guatemala, así como proyectos académicos, científicos y tecnológicos en el CUNOC y en toda la Usac. De hecho, en estos momentos en el CUNOC hay dos proyectos financiados por Canadá con fondos manejados por el Consejo Superior Centroamericano, CSUCA, un ente que aglomera a todas las universidades públicas de Centroamérica y cuya presidencia rotativa por ley se encuentra ahora en Guatemala. Curiosamente el CSUCA bajo la dirección del exrector Carlos Alvarado Cerezo no ha dicho ni pío respecto a este burdo fraude. ¿No será que el rectorcito usurpador le ofreció a Carlos Alvarado Cerezo seguir dirigiendo el CSUCA a pesar de que ya lleva dos periodos? 

Para entender la batalla que se viene hay que mirar con claridad cuatro elementos centrales: 

Primero, la fortaleza del usurpador. Walter Mazariegos no llegó solo. Es producto de favores cruzados con las altas cortes: “yo te doy magistrado, tú me das la Usac”. El mismo esquema se repite adentro: postgrados convertidos en negocio, donde los estudiantes pagan y una parte del dinero alimenta la maquinaria del poder. No son fondos menores. Es el combustible que mantiene la estructura autocrática junto a otras posibles fuentes, entre ellas las Extensiones de Humanidades y principalmente el intercambio de favores en las representaciones de la Usac en decenas de instituciones del Estado. 

Segundo, la actitud del presidente Bernardo Arévalo. Primero tibio, luego en un silencio inexplicable y, finalmente, apoyando acciones represivas contra los estudiantes en el Campus Central. Yo lo interpreto, como Sólorzano Foppa lo interpreta, como una traición. Otros analistas, como Roxana Ávila, prefieren creer que Arévalo espera el cambio de balances en la Corte de Constitucionalidad y el Ministerio Público para, por fin, actuar. Sea cual sea la lectura, el resultado es el mismo: los estudiantes quedan solos frente a un sistema de justicia que hoy sirve a los usurpadores.

Tercero, la maquinaria represiva que ya opera. El rector usurpador cuenta con asesores a tiempo completo dedicados no a mejorar la academia, sino a hacer el trabajo sucio: criminalizar la protesta, infiltrar el movimiento, fabricar causas y mantener una “seguridad» permanente financiada con recursos de dudosa procedencia, como el mismo helicóptero que lo llevó a Antigua, como si fuera la serie El Señor de los Cielos y él Aurelio Casillas, metafóricamente hablando.

Cuarto, y este es el que nos permite mirar el amanecer: los elementos de la esperanza. La resistencia ya no es solo estudiantil. Tiene el apoyo real de las comunidades indígenas, de la diáspora sancarlista, de la sociedad que aún se indigna y de la presión internacional sostenida. Podemos y debemos construir alternativas: coordinar con las comunidades para defender los proyectos que realmente importan, exigir que la Unión Europea y Canadá mantengan su escrutinio y sus recursos solo para una Usac limpia, y convocar a los docentes dignos a romper el silencio. Porque la noche es obscura, pero no eterna.

Por eso, aunque la noche parezca eterna, pasará. Pasará porque el camino no está trazado: lo hacemos al andar. Lo están haciendo los estudiantes que resisten hoy en el Campus Central, en Quetzaltenango, en Totonicapán, en Cobán, en San Marcos, en Mazatenango, en las sedes del interior y en las comunidades que nunca se rindieron. Lo haremos los que seguimos creyendo que la Universidad de San Carlos no es propiedad de ninguna clica, sino patrimonio de la nación, es la universidad del Pueblo. 

Cierro con esta bella frase, entre muchas expresiones de apoyo que se encuentran en las redes sociales para quienes luchan para la recuperación de la Usac, frase de Andrés en X de este domingo 12 de abril del 2026: «La Usac no solo te da educación, te da ideales, consciencia social, dignidad…». Porque: Mazariegos no es rector, es un usurpador. 

Fernando Cajas

Fernando Cajas, profesor de ingeniería del Centro Universitario de Occidente, tiene una ingeniería de la USAC, una maestría en Matemática e la Universidad de Panamá y un Doctorado en Didáctica de la Ciencia de LA Universidad Estatal de Michigan.

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