
En las calles del Centro Histórico, donde el incienso, las alfombras y las túnicas moradas marcan el paso de la tradición, hay escenas que se repiten cada Semana Santa: vehículos que, por descuido o falta de información, quedan en medio del recorrido y deben ser retirados para que continúe el cortejo.
A veces, entre murmullos y coordinación improvisada, vecinos, asistentes o curiosos se acercan para ayudar a mover los automóviles. La escena puede parecer espontánea, pero detrás hay un protocolo: según el vocero de la Policía Municipal de Tránsito (PMT), Amílcar Montejo, estos recorridos son conocidos y se anuncian cada año por distintos medios.

“La gente sabe, se informa en misas, en redes sociales y en medios de comunicación”, explicó. Aun así, cuando un carro queda en la ruta, la prioridad es despejar el paso cuanto antes.
Así se ha evidenciado este Jueves Santo, durante el recorrido de la tradicional procesión de Cristo Rey y la Virgen de Dolores, que desde las 5:00 horas salió de la parroquia de Nuestra Señora de Candelaria.

LA MULTA
Montejo también recordó que la sanción es de Q500 por estacionarse en rutas que afectan el paso de los cortejos procesionales, y añadió que el retiro se coordina con autoridades o grúas, en algunos casos contratadas por las propias iglesias.
Sin embargo, no todos lo perciben igual. Entre la multitud, algunos señalan que este año faltaron avisos en postes. “Antes se veía claro por dónde pasaría la procesión”, comentó un vecino, aunque reconoció que «ya se sabe que no se puede dejar el carro por donde pasarán las imágenes».
#AhoraLH | Varios vehículos han sido movilizados en el Centro Histórico, por interrumpir el paso de la tradicional procesión de Cristo Rey y la Virgen de Dolores, de la parroquia Nuestra Señora de Candelaria.
📹✍️: Karla Gutierrez/LH pic.twitter.com/FVAip0XWqs
— Diario La Hora (@lahoragt) April 2, 2026
Entre versiones distintas, lo cierto es que la ciudad se transforma durante estos días. Las calles dejan de ser solo vías de tránsito y se convierten en escenarios de fe, donde incluso los automóviles —a veces con ayuda de varios brazos— terminan cediendo el paso a la tradición.







