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Tras haber quedado fuera en la nominación de magistrados para la Corte de Constitucionalidad por el Consejo Superior Universitario (con todo y los favores que le debe Walter Mazariegos) y por la Corte Suprema de Justicia (a pesar de las instrucciones de la Embajada) puede considerarse que la Fiscal General se queda sin opciones para evitar la rendición de cuentas que muchos ciudadanos esperan por la falta de investigaciones durante su mandato en contra de los grandes flagelos y grupos de la corrupción. Sin embargo, creemos que Porras tiene realmente una opción y la misma está en que en los días que le quedan de mandato active la investigación de las denuncias que recibió contra Alejandro Giammattei y Miguel Martínez para levantar el antejuicio al primero y procesar al segundo.

Honestamente hablando pensamos que la única opción que tiene para tratar de lavarse la cara es cumplir con lo que es su mandato constitucional y, en consecuencia, dar paso a las investigaciones derivadas de las múltiples denuncias que ha recibido su despacho contra ambos personajes. Están los casos burdos de las vacunas Sputnik, de la célebre alfombra rusa, del lavado de dinero que les permitió comprar apartamentos en Dubái luego de los negocios en el IGSS y de lo que se robaron con el Seguro Escolar.

Eso es apenas la punta del iceberg, pero lo que mantiene en el limbo de la justicia a Consuelo Porras es cabalmente la manera en que se hizo de la vista gorda de esos y otros casos que fueron oportunamente denunciados ante el Ministerio Público. De suerte que si en los días que le quedan de mandato, que ya no son muchos, se decide a cumplir con su deber y obligación legal, a lo mejor puede evitar que las futuras autoridades se centren en ella y su equipo más cercano que fueron los comisionados para garantizar la más absoluta impunidad a Giammattei y Martínez.

No debe olvidar la señora que ella para la pareja sentimental de Giammattei era una “vieja …” y que su Fiscal contra la Impunidad era un “indio c…”, calificativos que utilizó el jefe de jefes para referirse a quienes, tras esa llamada, fueron conminados a hacer micos y pericos para impedir que se consolidara la derrota electoral de Manuel Conde.

Los expertos consideran que las opciones de Porras para librarse de la justicia no son muchas, sobre todo tomando en cuenta que hasta el exilio es remoto porque no podrá ir ni a Europa ni Estados Unidos, salvo que investigue formalmente los negocios de Giammattei con China, lo cual agradaría mucho a la administración del presidente Trump, pues de lo contrario apenas si le queda la esperanza de irse a Nicaragua. Rendirá cuentas no por la religiosidad que dice tener, sino por la descarada protección que les dio a agentes de la corrupción fuerte y firme. Pero si en estos días finales de su gestión hace lo que debió haber hecho, la ciudadanía la juzgará de otra manera, menos severa, y a lo mejor ello se convierte en su única opción.

Redacción La Hora

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