Mientras las elecciones a rector en la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac) parecen avanzar hacia un triunfo de la honestidad, con una amplia mayoría opositora en varias facultades y colegios profesionales, el país entero se precipita hacia un abismo de corrupción institucional. Grupos de ciudadanos honestos, organizados dentro y fuera de las instituciones cooptadas, han luchado por arrebatarle el poder al «pacto de corruptos». Sin embargo, estos grupos no ceden: usan su influencia para acumular dinero, esconderlo, asegurar plazas ficticias para familiares y allegados, repartirse el erario nacional y el control del país como si fuese su finca.
En la Usac, el proceso electoral continúa. Recordemos que el rector se elige mediante votos de estudiantes, docentes y egresados, representados en diez facultades y catorce colegios profesionales. Estos eligen cuerpos electorales que votarán directamente el 8 de abril en Antigua Guatemala. No por su valor histórico como cuna de la colonial Real y Pontificia Universidad de San Carlos Borromeo, sino para realizar la elección en un hotel privado, bajo control de fuerzas armadas, como en la última ocasión cuando impusieron al actual rector, Walter Mazariegos.
Aunque las votaciones en facultades de estudiantes y docentes indican que la Usac se recupera de la «larga noche» bajo Mazariegos, algunos colegios profesionales violan normas y leyes para favorecerlo. A pesar de defensas del rector, como la denegación de treinta amparos contra procesos pasados, las irregularidades persisten.
En varios colegios, se han intentado tergiversar las leyes para inscribir solo planillas afines a la corrupción. Por ejemplo, en el Colegio de Agrónomos, un fallo judicial evitó la exclusión de la planilla opositora, resultando en un rechazo masivo a la corrupción.
El Colegio de Ingenieros de Guatemala, cooptado por pequeños grupos con prebendas y sin rendición de cuentas, rechazó planillas opositoras con argumentos ridículos e ilegales. Lo mismo ocurrió en el Colegio de Ingenieros Químicos.
El caso más escandaloso es el del Colegio de Arquitectos. El tribunal electoral ignoró órdenes judiciales para inscribir la planilla opositora, pese a un amparo otorgado. Veinte minutos antes de cerrar la votación ilegal, anunciaron que ahora sí la inscribirían —¡qué descaro! Al final, los votos nulos ganaron, reflejando la indignación de los agremiados. Sin embargo, el tribunal viola su propio reglamento al declarar que los nulos no cuentan, evitando repetir la elección. Estas anomalías incluyen retrasos, manipulación de padrones y exclusiones arbitrarias.
Paralelamente, en el Congreso de la República, diputados votan por perpetuar la corrupción, como al elegir a Molina Barreto para la Corte de Constitucionalidad ad eternum, fuente de ilegalidades. Tanto en la Usac como en el Congreso, se evidencia un modelo agotado de elecciones de segundo grado, plagado de cooptación.
La Usac no puede seguir como una entidad académica enredada en politiquería. El modelo de 1944, tergiversado en 1985, debe reformarse. Necesitamos universidades públicas dedicadas a la academia, educación superior, investigación, ciencia y tecnología, libres de este caos político.
Igualmente, las elecciones de altas cortes requieren cambios profundos. México nos da ejemplos con elecciones directas y transparentes; Guatemala debe innovar con valentía, implementando votaciones electrónicas supervisadas y auditorías independientes. Creemos un sistema educativo público nacional con nuevas universidades autónomas, enfocadas en lo académico.
Si no actuamos ahora, seguiremos de elección en elección, de trampa en trampa. Hagámoslo ya, porque si no es ahora, no será nunca.






