Autor: Wesley Cocón
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Sobre el Autor: Estudiante de Derecho, con pasión por el servicio en favor de la población y la defensa de los derechos humanos.


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Muchos profesionales, políticos y estudiantes advirtieron, desde años anteriores, sobre la reconfiguración que atravesaría el Estado al comenzar 2026. Guatemala inicia el año en medio de una ligera turbulencia: no solo cambia el calendario, también se activan procesos para renovar autoridades en instituciones clave.

Luchar contra la apatía en este contexto es fundamental. Los gobiernos son efímeros, pero las decisiones que adoptan pueden marcar el rumbo evolutivo de nuestra democracia. Involucrar a la sociedad es la herramienta más eficaz para romper con las viejas alianzas que predominan en las cúpulas de poder. Desde nuestros propios espacios debemos combatir la indiferencia que, durante años, ha facilitado la corrupción y la impunidad.

En el calendario político guatemalteco ya se han cumplido varios plazos, y algunos procesos han comenzado a perfilar a quienes integrarán el mando de distintos organismos del Estado. Sin embargo, el panorama es incierto. En Guatemala, estos procesos rara vez transcurren en calma.

La designación de magistrados para la Corte de Constitucionalidad (CC) ya atravesó momentos turbulentos que sacudieron a la opinión pública. El Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala, encargado de elegir a un magistrado titular y un suplente, enfrentó desde la exclusión de agremiados hasta un allanamiento del Ministerio Público en plena jornada electoral. Como toda tormenta, el episodio dejó secuelas: algunas podrán repararse; otras, no. Aunque el Colegio logró concluir la elección, no existen garantías plenas de que las personas designadas asuman efectivamente el cargo.

En el contexto de la llamada primavera democrática, el poeta Luis Cardoza y Aragón escribió: “tiempos de primavera en el país de la eterna tiranía”. Esa frase cobra vigencia en el periodo actual, cuando incluso las garantías para que una autoridad tome posesión de su cargo se ven envueltas en incertidumbre. ¿Está Guatemala atravesando un retroceso democrático? La respuesta queda en manos del lector.

Dos instituciones ya han designado a quienes ocuparán una silla en el máximo órgano encargado de velar por el orden constitucional. Paralelamente, el Congreso de la República se prepara para elegir a las autoridades que dirigirán las elecciones generales de 2027. ¿Será este un proceso pacífico?

Las tormentas suelen anunciarse con nubes densas y cielos oscuros. Su impacto puede ser leve o devastador. La pregunta es inevitable: ¿qué medidas tomará el lector ante este panorama? ¿Está Guatemala preparada para afrontar la tormenta que se avecina?

La reconfiguración del Estado aún está en marcha. Menos del 50% del calendario político del año se ha cumplido. Ante lo vivido hasta ahora, resulta necesario reflexionar sobre los avances y retrocesos, así como articular medidas que preserven el orden institucional. Juventudes, asociaciones estudiantiles, organizaciones de pueblos originarios y sociedad civil en general deben cerrar filas.

El desinterés termina convirtiendo en víctimas a quienes optan por la apatía. Por ello, es responsabilidad colectiva permanecer alertas. Como sociedad civil, nos corresponde participar, proponer y fiscalizar cada proceso en el que se designen autoridades. Si las tormentas avisaran, quizá estaríamos mejor preparados. Pero como no siempre lo hacen, la vigilancia ciudadana debe ser permanente.

Jóvenes por la Transparencia

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