Francisco Cáceres Barrios
Si algo ha abundado entre nosotros son los “Limas Olivas” que manejan, controlan y cobran para dejar pasar furgones enteros cargados de electrodomésticos, pero aforados como toallas de baño. ¿Cuántas veces nos han detenido conduciendo nuestro vehículo aquellos policías exigiendo “papeles” con toda la malévola intención de ver qué nos sacan? ¿No es cosa de todos los días las quejas de nuestra gente porque no le dieron ni una sola lámina para techar su champa, mientras a otros beneficiados de la corrupción imperante les levantaron dos cuartos en su casa porque al propietario del inmueble le urgían, pero que a la hora de la tembladera ni el repello se le había caído?
Si no son las compras de emergencia sin licitación pública en los ministerios de Estado, son los contratos de prestación de servicios mañosamente elaborados para beneficio del funcionario que firma el documento, como para quien lo presta y para colmo, nunca faltan aquellas concesiones sobre nuestro territorio útiles solo para engordar las cuentas bancarias de quienes fueron electos para ejercer el poder para beneficio de todos y no solo de unos cuantos. Así nos pasamos mil días del nuevo gobierno por resultar una copia al carbón de los anteriores, mientras los chapines nos seguimos preguntando: ¿Cuándo dejarán de estar en el listado de entidades corruptas Fonapaz, el IGSS o la administración de justicia? ¿Cuándo será el día que podamos decir que con la CICIG o sin ella la honradez, la honestidad, la moral y la ética va a predominar en nuestra administración pública?
Si el amable lector me contesta que estoy más loco que una cabra o de ser un soñador incorregible por solo andar pensando en misiones imposibles, no le voy a llevar la contra por nada del mundo, pero eso no significa que el vital trabajo de la depuración de la administración pública corresponde a nadie más que a nosotros y no seguir esperando que la extranjera CICIG cumpla con sus deberes, mientras que el gobierno que elegimos siga con los brazos cruzados sin cumplir sus promesas y tranquilamente solo disfrute del festín.







