Gladys Monterroso

licgla@yahoo.es

Abogada y Notaria, Magister en Ciencias Económicas, Catedrática de Derecho Financiero y Tributario de la Universidad de San Carlos de Guatemala, Diploma otorgado por la Corte de Constitucionalidad en 2005, como una de las Ocho Abogadas Distinguidas en Guatemala, única vez que se dio ese reconocimiento, conferencista invitada en varias universidades de Estados Unidos. Publicación de 8 ediciones del libro Fundamentos Financieros, y 7 del libro Fundamentos Tributarios. Catedrática durante tres años en la Maestría de Derecho Tributario y Asesora de Tesis en la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad de San Carlos de Guatemala.

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Gladys Monterroso

«Yo lloré porque no tenía zapatos, hasta que vi un niño que no tenía pies» Oswaldo Guayasamín El Museo del Hombre

Uno de los grandes males entre otros, que aqueja a la niñez de un país tercermundista como el nuestro, es la desnutrición, siendo la imperante acá la crónica, misma que según datos de la UNICEF, aqueja a uno de cada dos niños, lo que es lo mismo un 50% de los infantes la sufren, ¿Cómo perjudica a la sociedad en general? La deja sin futuro, por lo tanto, sin razón de existencia, lo que contradice lo establecido en la misma Constitución en varios de sus artículos, principalmente lo relacionado al ser humano como punto medular de cualquier carta magna.

En ese contexto, si queremos conocer el verdadero plan de gobierno de una administración pública, son los datos contenidos en el presupuesto de egresos los que nos proporcionan la lectura más que cualquier discurso, del significado del verdadero plan de gobierno, ningún instrumento publico expone tan bien, las verdaderas intenciones de un grupo como los números, más exactos que las palabras.

Por lo anterior, nos basta con el análisis de una sola partida del presupuesto aprobado para este año, para recibir la respuesta a la siguiente pregunta: ¿Existe un gasto social de calidad en Guatemala? La respuesta es un valde de agua fría para cualquiera que se precie de un poco de humanidad, veamos: Se han asignado dentro del actual contrato económico la cantidad de Q.1,224,898,525.00 para la protección y prevención de la mortalidad de la niñez y de la desnutrición crónica, este rimbombante nombre no corresponde a las necesidades de los niños y las niñas a quienes nos debemos como conglomerado social, más aún si relacionamos los datos proporcionados por UNICEF que en su último informe, indica que actualmente nuestro país cuenta con 7 millones de niñas, niños y adolescentes menores de 17 años.

No se necesita ser un experto en números, tampoco un economista, para dividir el total asignado dentro de la cantidad de niños y adolescentes, y determinar que se está destinando en este presupuesto aun pandémico, la escasa cantidad de Q. 174.98, para cada niño durante el presente año, lo que significa que a cada uno se le asignan 0.47, o sea cuarenta y siete centavos por día, sumado a que la pobreza afecta a 7 de cada 10 niños, lo que se traduce en un 70% de niños que no tienen derecho a una vida digna en sus primeros años de vida, es una bomba social el hecho de que además de desnutridos la gran mayoría de nuestros niños viven en pobreza, sin merecerlo, porque el Estado debe proteger a la niñez en todos los aspectos, es un deber hasta el momento no cumplido.

Dejando de lado los fríos números, pero sirviendo los mismos como base para exponer la realidad de un país, que le niega a la niñez un nivel de vida decente, y derivado de lo mismo, como sociedad se niega asimisma un futuro, porque recordemos que la desnutrición no afecta solamente de forma física a la persona que la sufre, también las capacidades intelectuales, por lo tanto nos encontramos ante un escenario en el que los niños física y mentalmente, no puede responder a su mismo crecimiento, por lo tanto no van a contar con una existencia en lo más mínimo parecida a un niño de un país desarrollado.
En el mismo contexto cuando nos referimos al gasto social, dentro de la división del gasto estatal, los teóricos lo definen como un subconjunto del gasto público, que agrupa los recursos que el Estado destina directamente para atender el desarrollo y el bienestar de su población en general.
Existen doctrinariamente diversos criterios, sobre las partidas presupuestarias que deben incluirse, en el cómputo de lo que es conocido como gasto social, pero si existe acuerdo general, respecto a sectores básicos que lo componen, tales como la educación, la salud y la vivienda.
El gasto social es conocido, por lo tanto, como inversión social, y se encuentra compuesto por todas las erogaciones de contenido social que realiza el Estado, y que buscan la satisfacción de las necesidades primarias del hombre, para cumplir con la principal función de cualquier Estado moderno, que es la realización del bien común.
Derivado de lo anterior, nos preguntamos ¿Responden las políticas, los planes y los presupuestos a las necesidades básicas de nuestra población? Mi opinión es que nos encontramos en deuda con nuestro pasado, con nuestro presente, y lo más sombrío aún, con nuestro futuro, que no podemos seguir postergando enfrentarnos con nuestra realidad y exigir a las autoridades por todos los medios posibles que cumplan con el mandato constitucional, que el no hacerlo, constituye incumplimiento de deberes, y por lo tanto un delito, pero más allá de lo legal, la historia es una juzgadora implacable, y juzgará a todos por acciones y omisiones por igual, Guayasamín lloró porque el niño no tenía pies, nosotros lloraremos por los niños muertos por desnutrición.
Una sociedad es subdesarrollada cuando no mira al futuro, o lo peor, cuando cierra los ojos.
licgla@yahoo.es

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