Sergio Penagos Dardón

Ingeniero Químico USAC, docente, investigador y asesor pedagógico en el nivel universitario. Estudios de posgrado en Diseño y Evaluación de Proyectos y Educación con Orientación en Medio Ambiente; en la USAC. Liderazgo y Gestión Pública en la Escuela de Gobierno.

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Sergio Penagos

En donde los españoles clavaron el estandarte de los reyes católicos, no se destruyó por completo la raza aborigen; pero en cambio, la fuerza del vencedor la subyugó de tal manera, la explotó de tal modo, que apagó en ella la vida moral y las expansiones del espíritu… La agonía moral, la muerte del espíritu de una raza, la sofocación por falta de ambiente, es lo que sigue a una conquista. Escribió el criollo liberal Antonio Batres Jáuregui.

Este presidente tramposo, invertido, mentiroso patológico y corrupto por antonomasia, que se caracteriza por su volubilidad, histrionismo y megalomanía, trata de demostrar su teórica masculinidad rodeándose de machitos lameanos y pusilánimes, que conforman su ilegal Centro de Gobierno de ladinos, en todo el sentido de la palabra. En España llamaban ladino al árabe o al judío que aprendía el idioma castellano para servir de espía, soplón y traidor de sus congéneres. Los castellanos usaron este término para identificar al servil y zalamero mestizo guatemalteco. Un ladino no es producto de una etnia, es producto de la cultura del servilismo acomodaticio, que los liberales se encargaron de fortalecer y esparcir por todo el país, con sus políticas públicas de paternalismo y abyección.

Ahora este liberal de pacotilla revive los besamanos de Ubico: “Tuvieron que pasar 11 años para que un gobierno hiciera lo que se había acordado desde los Acuerdos de Paz (sic). Tuvieron que transcurrir 11 años para que hubiera un gobierno que respete el artículo 36 de la Constitución que es la libertad de Cultos y Creencias”. Discurso refrendado por Ramiro Vicente, presidente de la Asociación de Sacerdotes Mayas de Guatemala, al agradecer al tatita presidente “el cumplimiento del Acuerdo Ministerial 981 que fue aprobado el 23 de septiembre en el año 2011, a través del Ministerio de Cultura y Deportes y la Comisión de Lugares Sagrados, creada a través de los Acuerdos de Paz, creada el 29 de diciembre de 1996. Hay personas que se hacen pasar como sacerdotes mayas sin tener el conocimiento y la filosofía para desarrollar estas actividades. Este carné nos identifica y nos brinda las calidades como Sacerdote o Sacerdotisa” ¡Un carné milagroso que identifica y unge, ipso facto, con la calidad de sacerdote maya, proporcionándole al ungido, el conocimiento y la filosofía para desarrollar estas actividades! El tatita presidente, graciosamente (de su bella gracia) les concede 50 lugares en los que tienen permiso para realizar sus ceremonias.

En realidad no fueron 11 años; fue necesario que transcurrieran más de 500 años para que, un patantaco advenedizo les diera permiso a unos ladinos, disfrazados de sacerdotes mayas,  imitadores de las ancestrales y milenarias ceremonias de los auténticos mayas.

Esta parodia de reconocimiento de la cultura ancestral es parte del criminal proceder criollo y mestizo desde su aparecimiento en el país. En épocas recientes, utilizando el ejército creado por los liberales, se implementó la persecución, la tortura, el desaparecimiento de familiares, violaciones a mujeres, masacres y terribles prácticas inhumanas, que tuvieron como objetivo estratégico el exterminio de estos pueblos, no sólo físicamente, sino cultural, política y psicosocialmente, sumiéndolos en un verdadero holocausto nunca antes visto en nuestro país. Las justificaciones, de tan oprobioso genocidio, estuvieron siempre del lado de las explicaciones que aseguraban que los “indios” eran comunistas y apoyaban a la guerrilla; además, que se rebelarían contra toda la sociedad cristiana y decente, por los rencores acumulados tras siglos de llevar una vida segregada. Este atávico miedo liberal eclosiona en el patético invertido, cuando envalentonado se atreve a afirmar que el embajador Popp está promocionando el indigenismo en el país, es decir, un nacionalismo que prioriza a la tribu sobre el Estado-nación. Y con la prepotencia que da la ignorancia y el abuso confirma: Por eso he decidido advertir a USAID que abandone el país, no podemos permitir la promoción del indigenismo con sus propuestas de incluir a las comunidades indígenas de Guatemala. Su paranoia lo lleva a afirmar: los indígenas se han reunido con el embajador William Popp, para planear “el derrocamiento de mi gobierno, basados en el multiculturalismo que impulsa el izquierdista gobierno de Biden”.

Sin embargo, esta contradicción o ambigüedad, si es que la hay, es plenamente coherente con la racionalidad civilizatoria, tal y como la han descrito los sociólogos y antropólogos: civilizar es desaparecer al incivilizado, que no es ciudadano. La ciudadanía es para los civilizados; el “indio”, por definición, no puede ser ciudadano a menos que deje de ser el bárbaro primitivo y lastre colonial, descrito por los liberales. La ciudadanía para los indígenas, más que una contradicción liberal, es una política civilizatoria cínica: la ciudadanía indígena es posible si se deja de ser indígena.

En la civilización occidental, siempre es el otro quien despierta temores y peligros, al representar sus antivalores: de este modo los pensadores criollos liberales tuvieron que construir la imagen del bárbaro, el incivilizado, y lo llamaron: indio lamido y abusivo.

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