Jesús Abalcázar López
Periodista de la APG. C.E.
jesus.abalcázar@gmail.com

“Juan, es el nombre del personaje inescrupuloso, que dio origen al Tema de esta Historia Verídica y de la Vida Real”. El muchacho era de porte menudo, de estatura baja y de aquellos que aparentan tener una menor edad de la que en verdad tienen, pues ya se han asoleado buenos años en su vida. Trabajaba en un puesto de guardián en un campamento urbano, y era un individuo tranquilo, educado y muy responsable en las atribuciones que tenía bajo su cargo. Pero… y allí viene el pero, tenía ojos bien grandes para las faldas de las mujeres y lo peor es, que también le gustaban las copas de licor. Por estas actitudes fue prevenido de los graves riesgos que le podrían acarrear estos dos vicios, que cual si fueran mezclas químicas, podrían inflamarse y estallar, como una bomba que terminaría con su precaria vida de guardián y vigilante, en esta ciudad de Guatemala, después, que antes, fue arrancado del seno de su hogar de origen como familia campesina, de un Departamento del país.

Dicho y hecho, Juan recibió consejos, orientaciones y hasta regaños, para que cambiara su vida desordenada y libertina, pero nada quiso atender, por lo que siguió chupando y siempre de cantiniador, como se dice aquí, en Guate linda o sea, como se dice en buen chapín. En una de sus noches de embriaguez, sufrió un grave atropello automovilístico, por cruzar la carretera, sin tomar las precauciones debidas, fuerte accidente, en el que, de milagro, no sufrió la muerte. Otra veces, de madrugada, fue sorprendido por hombres desconocidos, mientras dormía, quienes le propinaban tremendas golpizas, para tercos adúlteros, hasta el punto de que paraba con heridas, en un Centro de Salud.

Un día, rezando por él, pidiéndole que era urgente que se acercara lo antes posible a Dios, porque él necesitaba mucho, las bendiciones de Jesús y de María y se le dijo, que recordara que debía honrar Padre y Madre. Que pensara en su esposa, que lo amaba y en sus hijos que lo querían y lo necesitaban para sobrevivir y para crecer; en sus hermanos, primos, tíos y sobrinos, compañeros de trabajo y amigos sinceros. Que no debía olvidar que a todos ellos les debía respeto y su apoyo económico. Pero, nada de todo lo hecho sirvió, porque, Juan, siguió su vida, como un adultero empedernido y un bebedor sin control, lo que finalmente, lo llevó al frío sepulcro. Lástima, por su vida desperdiciada, lejos de la bendición de Jesús de la Divina Misericordia. (CONTINUARÁ)

Cartas del Lector

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