Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt

Los ojos del mundo se centraron hoy en Hamburgo, no solo por la importancia de la Cumbre del G20 que reúne a los gobernantes de los países más industrializados, sino específicamente por el encuentro entre Donald Trump y Vladimir Putin en el marco de la polémica por la interferencia cibernética rusa en las últimas elecciones de los Estados Unidos. Pero quiero relatar una anécdota de algo que pasó en Centro América, guardando las enormes distancias, que muestra como hay gobernantes que se preparan para explotar las debilidades de sus colegas cuando se tienen que reunir de manera oficial.

Era el tiempo en el que Serrano gobernaba Guatemala y en Honduras estaba de presidente Rafael Callejas quien ordenó que le elaboraran un perfil del mandatario chapín para determinar cuáles eran sus gustos, sus fortalezas y debilidades, de manera que él pudiera aprovechar cualquier oportunidad para lograr resultados convenientes para su país en temas específicos. Sus servicios de inteligencia hicieron un buen trabajo y cuando Callejas llegó a la Casa Presidencial de Guatemala y cruzó el umbral del despacho, de forma solemne se cuadro militarmente, hizo el saludo con la mano en la frente y preguntó: «¿Da usted su permiso Señor Capitán General de Centroamérica? El gobernante de la Provincia de Honduras viene a rendirle novedades».

Contaba después Callejas que vio cómo se infló el presidente guatemalteco ante el halago que hacía hincapié en la histórica importancia que había tenido Guatemala como cabeza de la Capitanía General de esta región. «No cabía en sí mismo», solía decir el hondureño cuando entre carcajadas relataba cómo puso a Serrano a comer de su mano y a cederle en lo que Callejas quería.

Pues me recuerdo de esa anécdota porque ilustra lo complejo de ciertas relaciones humanas y tomando en consideración las diferencias entre Callejas y Putin, así como las que hay entre Serrano y Trump, ambos empresarios de la construcción con largo historial de quiebras económicas y con un ego del tamaño de la Basílica de San Pedro en Roma, imagino lo que ocurrió.

Si Callejas, con un servicio de inteligencia modesto y ni siquiera el uno por ciento del roce político que ha acumulado Putin, primero como agente operativo de la KGB y luego como Presidente de Rusia, supo cómo montarse literalmente en Serrano, que ya tenía algo de roce político del que carece Trump, es muy fácil presumir la timoneada que el ruso le ha de estar dando al gringo en esta reunión que sostienen mientras escribo este comentario.

Putin fue por años un agente operativo de los servicios de espionaje e inteligencia de la Unión Soviética y en alguna época estuvo a cargo de reclutar espías de otros países, lo que obligaba a estudiar muy bien los perfiles de los candidatos para ver por dónde se les podía entrar. Trump, en su enorme arrogancia, hace muy transparente su personalidad y si Putin lo trató como si realmente fuera el más importante líder de la historia, no solo de Estados Unidos sino del mundo, podemos estar seguros de que el espionaje y las intromisiones de Rusia en la política de Estados Unidos recibieron hoy una total bendición de parte del inquilino de la Casa Blanca.

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