Si hubiera una mesa con un tablero de ajedrez y pateáramos una de las patas, las posibilidades de que las piezas se caigan serán muy altas. Sería considerado un borrón y a empezar de nuevo porque sería muy difícil colocar todo de vuelta en el lugar en que estaba.
Sin embargo, cuando la sociedad y actores sectoriales se han colgado la medalla de haber “cambiado” al país a partir de las protestas sociales del año pasado, no se han dado cuenta que las piezas de nuestro ajedrez están tan manipuladas que cayeron en el mismo lugar para impedir ese “borrón y cuenta nueva” que haga una transformación real del país.
Por eso, este Congreso sigue en la ruta de ser peor que el anterior y se presta a negociar el presupuesto a cambio de la reelección de Taracena; protege con uñas y dientes el Listado Geográfico de Obras y presiona a los funcionarios del Ejecutivo por plazas para sus operadores.
Se imaginan ustedes un país que ha “cambiado” con un Presidente que dice que es muy difícil decidir entre la honestidad y la ejecución de obra; o a un ejecutivo que quita y pone un chapuz fiscal solo porque al talentoso que la hizo se le cayó la componenda. Tenemos un remedo de gobierno cuyos actos muestran que son muy parecidos, demasiado parecidos, a la vieja política a la que “derrotaron”.
Los sectores empiezan a pelear por “ganar” la elección de los magistrados a la Corte Suprema de Justicia. Pero lo que no se dan cuenta es que entre las maniobras de los “buenos” y los “malos”, terminan haciendo lo mismo y siendo parte del problema de cooptar un sistema en lugar de derrotar esas malas prácticas.
Hay diplomáticos en abierta campaña para que la “vieja política” ocupe de nuevo los puestos que ya ocupó en gobiernos pasados y ratifican que todo lo que la gente ha llamado “cambio” no es más que un entusiasmo que permite manipularles.
Y en el fondo, aquella que llaman políticamente la “Guatemala profunda”, sigue siendo la misma. Porque todos se han dedicado a maquillar la situación en lugar de arrancar, de raíz, la mala hierba que nos consume como sociedad y nos derrota como ciudadanos.
Seguimos en ruta a incrementar la pobreza, porque el Estado sigue funcionando solo para los mismos; los servicios de salud, educación y seguridad están destrozados, porque los políticos los han visto como negocio más que como obligación; y las piezas del tablero cayeron igual, porque el diseño del Estado se hizo para ello mientras la sociedad, callada, tolera todo.







