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En una democracia, ocupar un cargo público o dirigir una institución deportiva es un honor, pero en Guatemala es un “botín”. Son posiciones reservadas para personas de valor que buscan el beneficio del interés colectivo. Sin embargo, en este país parece haberse impuesto una lógica completamente distinta: muchos llegan no para servir, sino para servirse.

La política y el deporte deberían ser cargos para generar desarrollo. Ambos generan oportunidades, promueven valores y deberían de dejar cosas positivas. No obstante, una parte importante de quienes alcanzan posiciones de poder en estos tiempos parecen concebir los cargos como un premio, una recompensa personal o un escalón para acceder a privilegios que antes estaban fuera de su alcance. Ni modo, como invierten para ocupar los cargos, pasan la factura.

Resulta inevitable observar cómo algunos de estos personajes, apenas llegan a un puesto de relevancia y adoptan un nuevo estilo de vida. Vehículos de lujo, escoltas, apariciones constantes en eventos sociales, viajes, viandas, hoteles cinco estrellas y una necesidad permanente de exhibir una prosperidad que nunca alcanzarían con su trabajo. Se comportan como los nuevos ricos de un país donde millones de ciudadanos apenas logran cubrir sus necesidades más básicas.

Lo más preocupante es que este fenómeno ocurre cuando miles de comunidades siguen esperando carreteras dignas, acceso permanente a agua potable e infraestructura que permita atraer inversión y generar empleo. El sistema de salud batalla diariamente contra la escasez de recursos, medicamentos y personal suficiente para atender a la población. La educación pública enfrenta desafíos que comprometen el futuro de las nuevas generaciones. La inseguridad continúa condicionando la vida de los ciudadanos y limitando las oportunidades de desarrollo.

Frente a esta realidad, resulta indignante observar a dirigentes políticos partidistas y deportivos más preocupados por su status quo que por impulsar soluciones de vida. Muchos de ellos pasan más tiempo construyendo “clicas” para conservar privilegios que diseñando proyectos para resolver problemas. La prioridad no es transformar el país, sino garantizar permanencia, influencia y beneficios económicos. Pero se olvidan que tienen familia y que éstos van a sufrir las consecuencias de sus acciones corruptas.

La dignidad parece haberse convertido en un valor prescindible e ignorado. Las denuncias, los señalamientos, las contradicciones y las evidencias de comportamientos cuestionables raramente generan reflexión o consecuencias políticas. Al contrario, pareciera que prefieren resistir el escándalo hasta que pase la tormenta mediática.

La vieja frase popular resume perfectamente esa filosofía: “el dinero queda y la vergüenza pasa”. Bajo esa lógica, la reputación deja de ser importante. Lo relevante es conservar mantener un estilo de vida, gozar de lo que no es tuyo y asegurar una posición privilegiada para el futuro. Poco importa quedar en evidencia ante la sociedad si al final se mantiene un nivel de vida ostentoso. 

Guatemala necesita líderes que comprendan que un cargo no es un botín personal. Que entiendan que dirigir una institución pública o deportiva es una obligación moral con quienes depositaron su confianza. Mientras continuemos premiando a quienes buscan servirse antes que servir, seguiremos atrapados en el mismo círculo de mediocridad, privilegios y oportunidades perdidas. 

Más grave aún es que muchos de estos personajes administran y disponen de recursos que nunca han generado con su esfuerzo, talento empresarial o capacidad productiva. Se acostumbran a apropiarse de presupuestos públicos como si fueran propios, olvidando que provienen del trabajo y los impuestos de millones de guatemaltecos. 

Si se hiciera una comparación objetiva entre lo que aportan y lo que reciben en salarios, viáticos, privilegios, contratos o beneficios indirectos, el balance sería desfavorable y quedan a deber enormidades. En la mayoría de casos, el resultado de su gestión es prácticamente nulo, mientras que los recursos que se recetan o se embolsan son descarados, pero en este caso les permiten sostener un nivel de vida que difícilmente podrían alcanzar trabajando honestamente en el sector privado y respetando lo que no es de ellos.

Marco Tulio Trejo

mttrejopaiz@gmail.com

Soy un periodista y comunicador apasionado con lo que hace. Mi compromiso es con Guatemala, la verdad y la objetividad, buscando siempre aportar un valor agregado a la sociedad a través de informar, orientar y educar de una manera profesional que permita mejorar los problemas sociales, económicos y políticos que aquejan a las nuevas generaciones. Me he caracterizado por la creación de contenido editorial de calidad, con el objetivo de fortalecer la democracia y el establecimiento del estado de derecho bajo el lema de mi padre: “la pluma no se vende, ni se alquila”.

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