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Yo creo que el voto es el uso de una oportunidad para obtener cambio y novedad. El secreto y la debilidad en ello está en que no todos entendemos lo mismo en cambio y oportunidad y tampoco comprendemos que la democracia debe ser su paraguas.

Lo cierto es que el mecanismo del voto en lo que va de nuestra era democrática ha sido usado sin obtener resultado deseado, dado que los favorecidos en esta ruleta han sido más el nivel Socioeconómico alto y un poco del mediano. ¿por qué ha fallado la oportunidad del voto? No es la oportunidad lo que ha fallado, es el mecanismo y para explicarlo voy a hacer una analogía.

A finales del siglo pasado, cuando se descifró el genoma humano en su totalidad, eminencias de la medicina y la biología pronosticaron que para el 2010 cualquier cáncer sería curado. Un cuarto de siglo después, aún la cura no es posible y todos nos preguntamos ¿por qué? La respuesta ya se tiene: El cáncer como enfermedad no solo es cuestión de genes.

Volvamos a nuestra política: Durante 10 elecciones en cuarenta años, la novedad esperada del voto era fortalecer la democracia y lograr el bienestar de la población, ni lo uno ni lo otro se ha logrado aún. Al igual que el cáncer no es cuestión solo de genes, el cambio político no es cuestión solo de elegir personas y eso nos lo demuestra la experiencia: es fundamentalmente cuestión de organización y funcionamiento institucional, así como el cáncer lo es de organización y funcionamiento celular también.

En consecuencia, el voto cada ciudadano debería interpretarlo y usarlo luego de tener claro Un plan de trabajo y un compromiso social de su cumplimiento de parte de los partidos. Mi voto debería constituirse en un acto de anticipación y en ello es necesario conocer lo que se promete hacer y del compromiso de su cumplimiento y eso debería significar alta probabilidad de cambio o castigo de parte del ciudadano no del votante.

Use usted de ejemplo un cambio principio de la democracia y buen gobierno: Justicia. Usted como ciudadano no debería fijar la vista en la persona X o Y para lograrlo, o en un partido. Debería de fijar la vista en un plan para hacerlo y un compromiso social para lograrlo so pena de castigo ciudadano. Partido que no haga tal cosa y no lo someta a discusión pública y académica, debería estar lejos del interés ciudadano. Y he acá veo el cuello de botella del sistema electoral actual que nos rige: el voto es solo un procedimiento de elección de personas y no un hecho que dirija al cambio y la novedad, pues no existe auditoría social a incumplimientos institucionales por los funcionarios.

El artículo 155 de la Constitución Política de la República establece la responsabilidad por infracción a la ley, pero el sistema guatemalteco se basa en la representación. Una vez electos, los funcionarios gozan de un periodo fijo establecido en la ley (por ejemplo, 4 años) y la Constitución no prevé mecanismos de revocatoria popular a mitad del mandato.

Jurídicamente, la firma de un compromiso o «contrato de plazos y castigo» propuesto por un candidato de forma privada, carece de efectos vinculantes para destituirlo del cargo público. Si el funcionario incumple, un pacto ciudadano de esta naturaleza no tiene la fuerza legal para revocar su nombramiento, ya que el poder público solo se extingue por las causales tasadas en la ley (renuncia, muerte, condena penal firme mediante antejuicio, etc.).

Lo único posible es: el Derecho de Petición (Artículo 28) y la Iniciativa de Ley Ciudadana (Artículo 177, literal d, que exige un mínimo de 5,000 firmas autenticadas para proponer leyes ante el Congreso). Asimismo, existen los espacios de participación a través de los Consejos de Desarrollo (Comude y Cocode), orientados más a la gestión local que a la fiscalización punitiva directa del cargo político.

Por consiguiente, tanto en el caso del cáncer en el político nuestro actual, convivimos dentro de un vacío crítico de la democracia guatemalteca y no es la falta de una «ruleta» para elegir, sino la ausencia institucional de mecanismos de coerción y castigo ciudadano cuando el elegido traiciona el plan de trabajo prometido. Esto debería cambiar y corresponde a los juristas políticos sugerir el cómo.

 

Alfonso Mata

alfmata@hotmail.com

Médico y cirujano, con estudios de maestría en salud publica en Harvard University y de Nutrición y metabolismo en Instituto Nacional de la Nutrición “Salvador Zubirán” México. Docente en universidad: Mesoamericana, Rafael Landívar y profesor invitado en México y Costa Rica. Asesoría en Salud y Nutrición en: Guatemala, México, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Costa Rica. Investigador asociado en INCAP, Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubiran y CONRED. Autor de varios artículos y publicaciones relacionadas con el tema de salud y nutrición.

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