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El cambio climático es una situación indiscutible por el efecto de calentamiento global que generamos los humanos con nuestra diaria actividad y hay una preocupación universal respecto a esa situación que, evidentemente, se agrava con el paso de los años sin que logremos reducir el impacto ambiental generado por diversos factores de la vida moderna. Desde hace años que distintas instancias internacionales han venido estudiando el tema y proponiendo soluciones, muchas de las cuales han sido abandonadas en los últimos años por gobernantes que no creen que exista necesidad de ajustes en temas tan puntuales como el uso de los combustibles fósiles.

Este año se está viviendo otra vez el fenómeno del Niño, término que se usa para calificar el calentamiento de la superficie del agua en el Pacífico ecuatorial, con la diferencia de que los niveles de temperatura son mucho más altos, razón por la que los científicos hablan ahora del fenómeno del Súper Niño, cuyos efectos ya estamos sintiendo en países como Guatemala. En muchos sitios se esperan temporales y vientos huracanados y en otros, como aquí hasta ahora, una sequía brutal que tiene efecto en la capacidad para producción agrícola debido a la falta de irrigación que afecta a millones de productores.

Estados Unidos, siendo uno de los países que más generan en factores que favorecen el calentamiento global, no solo por su cantidad de habitantes sino también por el consumo de diversos tipos de energéticos, había adoptado medidas para reducir el uso de derivados del petróleo pero el actual gobernante no comparte esos criterios y el país se retiró del Acuerdo de París contra el Cambio Climático, eliminó los esfuerzos para determinar el peligro que hacía la Agencia de Protección Ambiental y ahora se promueve el uso de los combustibles fósiles tras hacer recortes a los fondos de investigación para la ciencia climática, entre otras muchas medidas que modificaron sustancialmente las estrategias que se venían planteando a nivel global.

Obviamente lo que hoy estamos sufriendo no es únicamente consecuencia de esas decisiones, pero la crisis actual obliga a la humanidad a entender que vamos de mal en peor y si El Niño ya era algo delicado, la posibilidad de que sus efectos se multipliquen es muy grande.

En el caso concreto de Guatemala estamos ahora sufriendo la sequía, pero se anticipa que vendrá luego una época de muy fuertes y persistentes lluvias que podrán tener efectos devastadores, sobre todo en un país con una infraestructura tan débil debido a que aquí se construyó (y se sigue construyendo, obviamente) pensando en el enriquecimiento de los funcionarios y contratistas y no en las necesidades del país.

Debemos prepararnos para lo que vendrá y pensar realmente en actuar con visión de futuro, especialmente en la construcción de obras de infraestructura.

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