¿Y qué pasa si Otto y Roxana salen libres?

Javier Monterroso

Lo único que pudo hacer despertar al pueblo de Guatemala de su eterno letargo fueron los casos de corrupción que destaparon la CICIG y el Ministerio Público, y es que a todo mundo indignó el nivel de corrupción de Roxana Baldetti y Otto Pérez Molina que junto a sus allegados prácticamente no dejaron institución del Estado donde no hicieran negocios oscuros, era tan grande la indignación y además en época electoral que se logró que la Corte Suprema de Justicia y el Congreso hicieran lo que nadie creía posible, dar con lugar a formación de causa y someter al Presidente y a la Vicepresidenta a un proceso penal.

¿Fue esto producto de la presión ciudadana o de la Embajada de Estados Unidos? ¿Fue realmente un despertar ciudadano o fuimos manipulados en una “revolución de colores” para sacar del poder a personas que ya no le servían al imperio para sus fines estratégicos? Existen diferentes versiones de esa historia, pero lo cierto es que el tema del combate a la corrupción y el rechazo a la clase política corrupta fue lo que llevó a miles de guatemaltecos y guatemaltecas a votar por un candidato nuevo, sin experiencia, sin equipo, sin plan de trabajo, sin propuestas ni promesas, más que la de no ser “ni corrupto ni ladrón”.

Sin embargo estamos ya casi a un año del histórico 17 de abril, fecha en que la CICIG y el MP dieron la conferencia de prensa donde vinculaban a Juan Carlos Monzón, Secretario Privado de la Vicepresidencia a una red de corrupción y contrabando en la SAT, y ni siquiera se ha llevado a cabo la audiencia de apertura a juicio, es decir ni siquiera se ha decidido si se cuenta con las suficientes evidencias para mandar a los presuntos responsables a enfrentar juicio oral y público.

Aunque la CICIG y el MP siguen descubriendo nuevos casos de corrupción y casi cada semana se captura o desarticula una banda, lo cierto es que los casos no avanzan en los tribunales al ritmo que se espera, a este paso lograr una sentencia condenatoria podría tardar mínimo un año más y entonces empiezan todas las apelaciones, amparos, apelaciones de amparo, recusaciones, apelaciones sobre las denegatorias de las recusaciones, amparos sobre la decisión que deniega la apelación sobre la recusación, apelación del amparo sobre la decisión que deniega la apelación sobre la recusación, etc., etc., etc. Es decir que para tener una sentencia firme pueden tardarse fácil unos 5 años.

Pero además corremos el riesgo de que los sectores vinculados al PP coopten la Corte de Constitucionalidad y entonces después de esos 5 años de ir y venir en ese galimatías legal finalmente los acusados salgan libres o se les impongan penas tan pequeñas que ya no deberán pasar más de dos años en prisión. No estoy exagerando, ese es un escenario cada vez más posible y por eso le pregunto ¿y qué pasa si Roxana, Otto y su pandilla salen libres? ¿Qué hacemos como país? ¿Nos declaramos finalmente como Estado fallido?