Una discusión de fondo

El Congreso se enfrascó ayer en una discusión de mucho fondo a la que la sociedad debería prestarle atención para poder participar en el debate y colaborar con presión a tomar la decisión al respecto: ¿Quién es más sinvergüenza, César Fajardo o Mario Taracena?

Pero de inmediato se ha apuntado a la carrera el diputado Oliverio García Rodas que pidió la palabra para condenar al Presidente del Congreso a quién, hace poco, algunos llamaban Cabra Loca, para pedirle respeto para un representante del pueblo a quien, aparentemente, no se le puede echar en cara que tenía más de 30 plazas asignadas y una oficina de 2,800 dólares de renta al mes, sin mencionar sus vínculos con otra gente. La pregunta a García Rodas es ¿en qué curul se esconde cuándo en ese pleno se ofende al pueblo de Guatemala? Porque nunca ha salido en nuestra defensa y es por ello que hace un tiempo lo corretearon unos ciudadanos gritándole ladrón por la calle. ¿Recuerda?

Y resulta que la discusión tan profunda de los diputados de la vieja política y uneistas, incluyó una réplica hacia el honorable “estúpido”, como llamó Fajardo a Taracena, sobre cómo construyó su casa. Es decir que hasta se saben los métodos con los que se han generado todos sus oscuros beneficios y se sienten cómodos conviviendo entre sí.

Mucha gente opta por insultar y descalificar coloquialmente a los diputados y se hacen las bromas más severas, se les llama de todas las maneras despectivas posibles, pero es prácticamente nada lo que se hace para de verdad obligar a que en lugar de tener guardianes de la transa, tengamos individuos que sientan la obligación de hacer un trabajo en bienestar de sus representados.

El Congreso pierde más tiempo en la protección de los intereses reales de los poderes establecidos que en impulsar una agenda de nación que aunque sea en una mínima parte venga a atender los problemas del país.

Ahora, incluso diputados cuestionados por sus relaciones con las mafias de las cárceles y caciques de las obras fantasma dicen que sus compañeros parlamentarios son muy “gruesos”. Hablan de desaforar a Taracena de la Presidencia y así regresar a la cordura como método de hacer negocios.

Lo que queda absolutamente claro es que la sociedad está equivocada cuando se llena la boca diciendo que estos 158 “no son sus representantes”. Mientras siga en silencio aguantando que estos sigan haciendo lo que les da la gana, serán representantes de la patria. Llega un momento, en que esto tiene que acabar por las buenas o por las malas.