En los desdibujados años noventa del siglo XX, el poeta e ingeniero mexicano Gabriel Zaid aseveró en “Los libros y la conversación” que “el verdadero arte editorial consiste en poner un texto en medio de una conversación: en saber cómo ir echando leña al fuego”.

Desde hace unos tres años, con el escritor Paco Ignacio Taibo II al frente de su admirable catálogo, el Fondo de Cultura Económica ha depurado el arte de echar leña al fuego sin caer en la tentación de conjugar las demoliciones del verbo talar.

Así lo demuestra Stalin. Una valoración del hombre y su influencia, de Leon Trotsky en las 772 páginas de esta obra que solo pudo desprenderse del puño y de la letra de Lev Davidovich Bronstein –Trotsky para servir e iluminarlos a todos ustedes–, una de las mayores inteligencias de todos los tiempos que casi fue aniquilada por un bruto que inmoló a millones de sus compatriotas más indefensos e hizo del asesinato político una entrega de pizza a domicilio.

Ahora que la variante rusa del “hombre de negocios” se ha puesto de moda incluso en Guatemala, más vale detenerse en seco, mirarse en el espejo quebrado de los innumerables remedos tropicales de Iósif el Terrible, poner las barbas en remojo (si no se tomó la precaución de nacer lampiño) y parar la oreja ante lo que dice Alan Woods, editor y traductor de esta obra maestra: “¿Qué es la locura, sino la incapacidad de distinguir la realidad de la fantasía? Un régimen de poder absoluto en el que se prohíbe toda crítica termina por desequilibrar la mente. Es casi seguro que esto fue lo que sucedió con Hitler. La historia de zares rusos y emperadores romanos locos revela la misma tendencia. Ante la ausencia de cualquier control, Stalin se creía omnisciente y omnipotente”.

Quienes busquen en esta obra legendaria un despectivo ajuste de cuentas, están en el libro equivocado. Pese a que en aquellos remotos años aún no inventaban el escáner… lo único que hizo Trotsky fue, precisamente, escanear las tres pistas macabras de un circo que encubría una aceitadísima máquina de matar y así lo indica en la sección “La venganza de la historia”: “Por lo tanto, me siento con el derecho de decir que nunca he albergado un sentimiento de odio hacia Stalin (…) En respuesta a todo esto, sólo me queda encogerme de hombros (…) Mis sentimientos personales hacia Stalin son indistinguibles de mis sentimientos hacia Hitler o el emperador japonés.”

Campesinos, obreros, estudiantes, sicólogos, historiadores, antropólogos, abogados y lectores en general tienen una cita ineludible con Trotsky, con el pliego de alucinantes láminas incluidas entre las páginas 400 y 401… y con estas palabras de Alan Woods que provocarán insomnio e hipos eternos en quienes ya se adiestran tropicalmente para sustituir a Koba el Temible: “Los apologistas del capitalismo intentan consolarse con la idea de que el colapso de la URSS significa la desaparición del socialismo. ¡En absoluto! Lo que fracasó en Rusia fue una caricatura de socialismo. El régimen estalinista era la antítesis del régimen democrático establecido por los bolcheviques en 1917. En su libro Stalin, Trotsky explica esta cuestión, y su análisis mantiene hoy toda su relevancia y vitalidad”.

Recuerde que esta y otras novedades puede adquirirlas consultando en www.fceguatemalaenlinea.com y a través de WhatsApp: 5017-3130 o por mensaje directo en redes sociales: FCE Guatemala. El envío es gratis en compras mayores de Q200, dentro del perímetro de la Ciudad de Guatemala y Q300 en los departamentos. Aplican restricciones. Puede visitarnos en 11 calle 6-50 zona 1, de la Ciudad de Guatemala.

Los crímenes de la calle Morgue, de Edgar Allan Poe

Edgar Allan Poe, extraordinario escritor que cultivó el género del cuento. En Los crímenes de la calle Morgue nos relata la búsqueda de Augusto Dupin por los asesinatos acaecidos recientemente en la calle Morgue. El más reciente es el de una madre y su hija que por la crueldad en que fue cometido el crimen, sacude a la sociedad parisina decimonónica; el más turbulento es que la policía no logra atrapar al asesino, a pesar de las diversas entrevistas a testigos. Dupin logra resolver el misterio que parecía irresoluble. Este cuento es considerado como el fundador de la novela de detectives.

Guerra en el paraíso, de Carlos Montemayor

Lucio Cabañas, cabecilla del Partido de los Pobres, y la población guerrerense planearon durante muchos años su enfrentamiento contra el ejército nacional con el fin de exigir derechos dignos que velaran contra las injusticias socio-políticas e los ciudadanos no sólo de la zona, sino del país en general. En Guerra en El Paraíso se encuentra plasmada la historia de estos personajes, quienes sufrieron injusticias, masacres y un dolor que hasta el lector puede experimentar.

Tú y yo, de Norma Muñoz Ledo

Si tuvieras la oportunidad de dialogar con la Tierra, ¿qué le preguntarías?, ¿qué te imaginas que contestaría ella? A través de la pluma de la autora, niños hablan sobre sus inquietudes y sus preocupaciones por medio de preguntas; a la vez que expresan su curiosidad por conocer los secretos, el origen y el destino de este planeta azul. Y la Tierra, con respuestas rotundas y honestas, pero también esperanzadoras, responde a todas las interrogantes.

Artículo anteriorBayern ficha a Marcel Sabitzer, el capitán de Leipzig
Artículo siguienteEl Senado de Argentina estudia el «arbitrario y violatorio» decreto chileno sobre los límites marítimos