Alfonso Mata

Es indudable que los efectos biológicos de la pandemia como son la muerte o secuela de daños psicobiológicas nadie lo desea, pero el que se hayan dado en esas magnitudes catastróficas alrededor del mundo, no es culpa solo del acontecer y de la forma en que se comporta el virus. Podríamos decir que el estilo de vida del virus no es suficiente para dañarnos, si a ello no se le suma la forma en que la Sociedad y el Estado enfrentan el comportamiento del virus, ya que el accionar del comportamiento humano y de los gobiernos, son los que influyen en la vida del virus y propician su forma de estar entre nosotros.

Trasladémonos por un momento a los años treinta del siglo XX; supongamos que en esas fechas aparece el COVID-19 por ahí, inmediatamente pensaríamos que ello hubiera sido causa de una pandemia terrible, en medio de un Sistema de Salud que no poseía un sistema de vigilancia internacional y nacional; que no tenía posibilidad educativa masiva de qué hacer y cómo actuar; que carecía de tecnología para pruebas y poder trabajar la trasmisión del virus; que no producía todavía una medicina clínica ni salas de tratamientos intensivos adecuados capaz de atender al enfermo de SARSCoV-2. Por supuesto –diríamos hubieran muerto multitudes. Pues le informo que una pandemia de coronavirus, no el COVID-19, por ahí de esos tiempos mencionados, atacó un internado de niños en Inglaterra y un colegio en Estados Unidos y la pandemia se controló sencillamente con aislamiento y cuarentena de los padecientes y por supuesto la capacidad de difusión del virus por movilización de las personas no era tan eficiente como ahora y por cierto en esa época lo único que se sabía era que no era un virus de la influenza y aún no se le llamaba como coronavirus, eso fue un poco más tarde. En ese entonces no existía ni vacuna, ni Ibuprofen, ninguno de los medicamentos actuales para atacar complicaciones, aunque el virus era probablemente más benigno.

Visto el caso anterior, uno se pregunta ¿cómo teniendo ahora nuevas herramientas tecnológicas y normativas no pudimos hacer uso adecuado de un programa mundial y nacional, ante un evento como el que pasamos y estamos pasando? Increíblemente y cómo podríamos decir, un mal manejo de todas esas herramientas no significa sino que contrario a lo que sucedió en los 30 del siglo XX, dejamos al azar el comportamiento del virus y sus impactos en personas y grupos y entonces el virus deja de ser el responsable de su difusión y entonces con mucha propiedad podemos decir que el desarrollo y la evolución de la pandemia y sus impactos son los estados y las sociedades las que asumen la responsabilidad y ante lo que llevamos de tiempo sufriendo con la pandemia, es indiscutible que tanto Estado y Sociedad hemos incumplido con las normas establecidas para el control de la pandemia, debilitando el impacto de las estrategias y procesos que teníamos a mano así como el esfuerzo global para controlar las enfermedad y favoreciendo con ello el aumento de muertes y personas con daños.

El dominio y control de las epidemias y pandemias y de sus consecuencias, no fue posible y exitoso sino hasta mediados del siglo XX, gracias a los avances científicos que nos permitieron entender cómo funciona el mundo de los microorganismos y poder desarrollar estrategias clínicas y sanitarias para su control, evitando un mayor daño dentro de las poblaciones; pero desde entonces era más que evidente, que muchas de las estrategias médicas que podían desarrollarse en el control de pandemias y epidemias microbianas, chocaban con intereses comerciales y financieros al mismo tiempo que laborales y que el abogar en pro de estos intereses sin importar la difusión y daños de virus y bacterias, provocaba y actuaba como fuerte componente causante de los resultados trágicos de esas pandemias. Es por eso que se puede decir que en la actual pandemia, en lugar de hablar de otro fracaso científico, lo que ha pesado en los resultados trágicos y las secuelas nefastas del virus, ha sido una falta de respuesta adecuada social, política y comercial-financiera y eso no es producto de un hoy. Esos mundos paralelos a la ciencia médica, no han sido capaces de entender, prever y generar políticas y programas adecuados que funcionen en caso de producirse pandemias y epidemias, y cuando estas se han producido, han permitido de forma no correcta todo el bagaje científico y tecnológico médico que hubiera detenido el avance de la pandemia, en un plano muy secundario e incorrecto. Una vez más, hemos doblado rodilla ante la ambición y fracasado política y socialmente, como había sucedido en prácticamente muchas epidemias y pandemias del siglo XX. No hemos podido alinear capacidades políticas y sociales, legales y éticas, con nuestras capacidades técnicas y científicas.

Pero hay algo aún más aterrador detrás de esto: es que cada vez se vuelve mayor, la voracidad y ambición del acaparamiento innecesario de toda naturaleza en el hombre, sus instituciones y sus gobiernos, que incluso tratan de sacar provecho de la misma pandemia a costillas de la vida de los demás; el caso de las vacunas, su producción distribución, es claro ejemplo de ello, de un encaminar mucho de lo que se hace y norma para el control de la pandemia, pensando no en la sociedad y su bienestar, sino en el poder y la riqueza de algunos instituciones y Estados. El ideal salubrista y médico de un William Osler “Nuestra misión… no sólo en la transmisión de enfermedades, sino en la educación de la gente en las leyes de la salud y en la prevención de la propagación de plagas y pestilencias” sigue aguardado en papeles.

Creo que la normalización de la vida a un antes, llegará en el primer trimestre del 2022; claro que con nuevos matices para todos, pero mejor que ahora. Lo que sí es necesario que entendamos de lección de esta pandemia y de las anteriores es que: no es el mundo microbiológico el culpable de esta ni de otras pandemias y epidemias, sino la desadaptación del mundo social que hemos creado alrededor del mundo natural en que vivimos, provocando grandes cambios en este, sin siquiera entenderlo del todo y sin darle oportunidad a su adaptación; superponemos un mundo social a ello. Y en segundo plano, hemos creado un mundo social tan desajustado, desadaptado y desequilibrado y con objetivos tan disímiles y tontos, que luchamos a tambor batiente todos contra la naturaleza y contra nosotros mismos. Contra nosotros mismos en pos de ambicionar acaparar (único caso dentro de la naturaleza) y bajo ese pensar e idealizar, no nos convencemos que somos nosotros los culpables y hacedores de un mundo incompatible con lo que nos ofrece la naturaleza y lo que debería de ser un medio social en homeostasis con ella. Creo entonces que esta pandemia llegará a su fin ya pronto; pero le seguirán otras si no cambiamos. El mundo social y político actual, ya ha pasado de una sala de emergencias a un intensivo permanente y llegará un momento en que no alcanzará ni la medicina ni los recursos humanos, ni el espacio para contener a la humanidad, provocándose un estallido colosal sin importar en dónde se este y viva.

Alfonso Mata
Médico y cirujano, con estudios de maestría en salud publica en Harvard University y de Nutrición y metabolismo en Instituto Nacional de la Nutrición “Salvador Zubirán” México. Docente en universidad: Mesoamericana, Rafael Landívar y profesor invitado en México y Costa Rica. Asesoría en Salud y Nutrición en: Guatemala, México, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Costa Rica. Investigador asociado en INCAP, Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubiran y CONRED. Autor de varios artículos y publicaciones relacionadas con el tema de salud y nutrición.
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