KEMONÏK CH’AB’ÄL / TEJER VOCES

Son sólo cifras

Sandra Xinico Batz

sxinicobatz@gmail.com

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Sandra Xinico Batz
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Así es como se conciben las vidas en un país empobrecido, injusto y desigual. El Estado es parte de lo que provoca que este país sea una tragedia. No tiene sentido sostener una estructura que no sólo te deja morir, sino que contribuye a que esto ocurra lentamente y de las peores formas. Este es el único Estado de Derecho que en Guatemala hemos conocido, cuya normalidad es alterar el orden constitucional para permitir la consumación de la impunidad una y otra vez. En la realidad, ni el marco jurídico existente ni sus normas impiden que los poderosos hagan y deshagan a su antojo, tampoco limitan la injerencia de estos criminales de cuello blanco en la toma de decisiones, en las formas de aplicar justicia, en la creación de políticas, sino que, por el contrario, se legisla a su favor, por esto es que necesitan mantener el control de las Cortes, para asegurarse de que serán intocables, como lo han sido hasta hoy.

El pico de la pandemia se sigue postergando según la narrativa del gobierno, una forma de negar y evadir que cada día la tasa de contagios es más alta y que ésta seguirá subiendo de forma cada vez más acelerada, porque el Estado no fue capaz de proteger la vida de sus ciudadanas y ciudadanos, frente a ese grupo pequeño de familias que son quienes en realidad gobiernan el país, que se han jactado de hablar de inmunidad de rebaño pues no son quienes deben salir a trabajar porque son quienes dan las órdenes; o son también quienes le han soltado la correa a esos y esas que han salido en sus carros último modelo a manifestar para que se reabra su economía porque según estos el virus no existe.

No sólo es incapacidad de ejecutar los fondos que se asignaron para la emergencia del COVID-19. Es una forma de operar del Estado para permitir que los funcionarios roben sin dificultad. Seguirán reportando adquisiciones de préstamos y donaciones de miles o millones de quetzales que no llegarán a donde urge que lleguen, este círculo vicioso no se detiene y el costo es la vida de miles de personas cuya realidad no se volvió crítica hasta ahora, porque en Guatemala ni el hambre ni la desnutrición son nuevos.

Mientras todos los hospitales públicos están rebasados, el Centro Médico Militar continúa siendo exclusivo para los militares, privilegios que han otorgado a un Ejército que nos sale más caro que funcional porque es un parásito, su trabajo siempre ha sido defender los intereses de los ricos, los mismos ricos que siguen manteniendo cooptado el Estado.

Por eso es fundamental recuperar la comunidad, protegerla o reconstruirla, porque nos han provocado una incertidumbre que busca nublar nuestra consciencia, para no tener la capacidad de reiterar lo que ya sabíamos, que este país está en manos de quienes por generaciones se han dedicado a saquear, matar, despojar y para ellos nuestra vida no vale nada, son solo cifras, números que pueden ocultar.