Sincretismos religiosos y rituales en las danzas tradicionales de Guatemala en el siglo XXI genisecular

Carlos René García Escobar
Antropólogo y Escritor

Sin lugar a duda, la espiritualidad de los seres humanos ha sido durante toda su existencia como tales, un bastión para el desarrollo de la persona en particular y de las sociedades en general, puesto que con el tiempo se tradujo en el aparecimiento de las magias primitivas que han servido de base y fundamento en el proceso de perfeccionamiento de las religiones actuales.

Aquella magia primitiva o animismo presente desde el neolítico de la humanidad, continúa ejerciendo su poder medio millón de años después. Aún hoy, en 2018 de nuestra era, conocida como cristiana, es el pivote principal de todas las manifestaciones religiosas conocidas.

Es el caso entonces de esbozar aquí el contexto guatemalteco, en virtud de la ritualidad que concierne al ejercicio tradicional de las danzas populares de antigüedad reconocida que se vienen practicando desde orígenes trazados en la era prehispánica y precristiana, por así decirlo, y también desde la época cristiana europea. Diríamos mejor, desde las épocas precolonial, colonial, postcolonial y moderna.

A su vez, se reconoce que estas prácticas rituales se practican transversalmente durante distintos períodos combinados con ciertos momentos del zolkin maya como lo son desde el carnaval, la Cuaresma, Semana Santa, santorales católicos posteriores a Semana Santa, hasta llegar a las fiestas de la Inmaculada Concepción y los cultos navideños que finalizan el día de la Virgen de Candelaria (el dos de febrero).

Es de suyo reconocido que en la antigüedad precolonial o prehispánica, el fenómeno religioso, cuyas características se basaban en el culto a la naturaleza y a sus entidades superiores mitificadas en historias de magia, poder y creencias mágico religiosas; en seres intangibles como los nahuales o señores de las montañas, cerros y barrancos, de la tierra, de los astros y las estrellas, de las aguas, del fuego, de los árboles, de las piedras y rocas, del viento y de todo aquello que representaba una hierofanía en la vida cotidiana de los humanos, tanto como a los difuntos ancestrales, constituía la esencia de la existencia y en torno a estas cosmogonías se perfilaba el desarrollo social y espiritual humano.

La etapa colonial comienza con la imposición ideológica y el despojo de tierras perpetrado por los invasores hispano-europeos, guerreros y religiosos. Con ello, inicia una cristianización que intenta suplantar el pensamiento mágico religioso de antaño por uno nuevo, el cristiano católico, también mágico religioso. Prácticamente casi lo logra en tanto las mentalidades de las sociedades prehispánicas terminaron por aceptar la idea religiosa de un cristianismo monoteísta pero enarbolado de una serie de entidades nuevas que casi sustituyeron las nahualísticas y le dieron su nombre a las numerosas poblaciones del territorio americano conocido.

En concreto, se fusionaron ambas creencias.

Es así como los ritos prehispánicos adquirieron características católico-cristianas y con el tiempo, a medida que pasaron los años, el rito cristiano católico también se vio envuelto en características prehispánicas, ahora llamadas indígenas, a pesar de las necedades de los párrocos y misioneros católicos por erradicar toda creencia y expresión física no cristiana y que denominaron “paganas”, “demoníacas o satánicas”. (Recuérdese que lo demoníaco llega con lo cristiano).

En este marco de cambios culturales y religiosos aparecen las danzas tradicionales y sus ritos propios practicándose de antaño. Frente a las danzas nahualísticas, como las de animales de la antigüedad y de la fauna natural, los misioneros españoles enseñan las danzas cristianizantes como las de moros y cristianos y a su vez, aquellas danzas nahualísticas también adquieren formas cristianas para manifestarse.

En esas fusiones pasan los siglos y así se presentan hoy en el siglo XXI, en un rimbombante sincretismo religioso. Ahora que estamos en el mes de diciembre es de ver y notar que lo expresado en el párrafo anterior se manifiesta en todas las fiestas de la Inmaculada Concepción en muchos pueblos del centro de Guatemala y en muchos lugares de Latinoamérica.

Pero algo que siempre ha estado allí y ha permanecido incólume por numerosas décadas y lustros, es el rito religioso y devocional que acompaña las danzas tradicionales guatemaltecas.

EL CULTO A LOS ANTEPASADOS

Este es una celebración ancestral que no tiene las características santificadoras del catolicismo, en el que el culto a los antepasados se concibe como el recuerdo de los difuntos esperando que los que actuaron bien o santamente en esta vida, gocen de Dios y de los santos por toda la eternidad y los que no, sufran castigos en el infierno también eternamente.

El culto a los antepasados en estas culturas de origen no-occidental, es de respeto a quienes antecedieron en esta vida y, ya en la otra, se vuelven protectores de la naturaleza en la que vivieron y de los humanos con quienes convivieron.

Cuando se van a ejecutar danzas tradicionales que, por la fuerza de la evangelización cristiana se dedican a las santas patronas y santos patrones de la cristiandad, se cumple con el rito cristiano católico de asistir a la misa correspondiente. Las cofradías, formadas en el siglo XVI, organizan, coordinan y ejecutan fastuosas procesiones -según sus posibilidades- acompañadas de otras expresiones tradicionales y no tradicionales como las ferias, la gastronomía peculiar de cada localidad, la música, las danzas, los juegos de entretenimiento y la quema de pólvora. (Su más sublime expresión ocurre los 8 de diciembre en Ciudad Vieja, Sacatepéquez).

Entre otras cosas más, los practicantes de la danza tradicional que se va a ejecutar, cumplen con el respectivo culto a los ancestros por medio de ritos de iniciación y de paso, oraciones y limpias, recordando a los antepasados familiares, comunales y mitológicos, en el marco de una memoria de los antiguos ritos de la comunidad, ritos que siempre fueron conculcados por los sacerdotes, párrocos y misioneros durante todas las épocas de la colonización evangelizadora estigmatizándolos como hechicerías o brujerías.

En muchas partes de Guatemala, las oraciones de los intermediarios espirituales entrelazan con los nombres de los antepasados, los nombres de los santos cristianos, y entonces el idioma local se fusiona con el español alternadamente. De esta manera se pueden rezar las oraciones del culto ancestral combinadas con padrenuestros y avemarías propias del devocionario católico.

Así llegamos al proceso moderno. En este se reconoce entonces que lo que existe ahora es un catolicismo popular de nueva intensidad. Las formas ancestrales del cristianismo y de todas las religiones orientales y no occidentales se presentan sincretizadas, o sea, en una simbiosis de carácter popular y tradicional. San Juan Pablo II, como vicario universal de la Iglesia Católica, terminó reconociéndolo en sus viajes al África y América Latina. En uno de ellos, en África, clamó por reconocer el animismo (para atraerlo a la doctrina evangélica cristiano católico, claro).

Sin embargo, ahora en la postmodernidad se empiezan a notar algunos cambios de forma en la práctica del rito cultual de las danzas tradicionales específicamente, que es lo que nos ocupa en este momento.

VEAMOS

Hace pocos años ha aparecido una concepción híbrida entre la religión cristiano católica y la religión cristiano evangélica.

Con todas las sectas que profesan, la cristiano evangélica, de una y otra manera, diferenciándose en sus prácticas del catolicismo tradicional y conservador, (aunque éste se diferencie en cierta medida del medieval que el Concilio Vaticano II transformó), ha abogado siempre por la comunicación con Jehová Dios, en forma privada y una interpretación peculiar –no eclesiástica- del Evangelio, de acuerdo con las interpretaciones de Martín Lutero del siglo XVI, su iniciador. En la actualidad favorece el alcance de la felicidad por medio del desenvolvimiento fructífero del capital que a su vez, impulsa el enriquecimiento económico de la privacidad empresarial.

Esta concepción híbrida denominada Carisma se dedica a la exaltación del Espíritu Santo (Dios trino católico) y en sus prácticas asisten a la Misa católica y también practican cultos colectivos al modo evangélico, utilizando los recursos modernos de la industria cultural como la música en discos de música religiosa “carismática”, es decir cantos llamados “coros” (al estilo musical y temático evangélico sectario) que exaltan esta divinidad. Las oraciones son de tipo individual y “carismatizador” y se oyen expresiones coloquiales como “hermanos”, “mamá María”, “Padre Celestial”, reconociendo en primer lugar una instancia celeste o cosmos celeste, como referencia de la felicidad eterna.

Actualmente, en estos inicios del siglo XXI, en las oraciones rituales de los intermediarios y guías espirituales, en alguna comunidad de una danza tradicional, suelen oírse estas expresiones previamente a rezar los padrenuestros y las avemarías católicos en medio de la invocación a los ancestros, con lo que se concluye en que de alguna manera, los fieles carismáticos han influenciado los ritos del catolicismo popular y tradicional.

Y estas son las formas nuevas del milenario culto a los ancestros.