Sin más reformas, no hay reforma

Pedro Pablo Marroquín Pérez
pmarroquin@lahora.com.gt

El día de ayer se presentaron entre bombos y platillos las reformas al sector justicia y debo decir que en principio, la idea me parece muy bien intencionada buscando atacar muchos vicios, pero debo ser sincero y confesar mi temor de que, sin más reformas, las modificaciones al sector justicia terminen siendo la tapa al pomo de las mafias.

Las reformas planteadas, entre otras cosas, intentan quitarle la discrecionalidad al Congreso de la República, sí, ese organismo que representa los peores vicios de la sociedad, pero no lo logra del todo porque siguen eligiendo a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), tres de la Corte de Constitucionalidad y más importante, en sus manos queda la reforma a la ley de la carrera judicial, indispensable para que las reformas al sector justicia tengan viabilidad y sostenibilidad.

Y entonces el problema surge, a mi juicio, que sin reforma política los que tomarán las decisiones arriba mencionadas, serán la misma bola de mañosos que hoy nos “representan”, liderados por un cínico presidente del Congreso, servil de la vieja política, que nos quiere hacer creer que el mamarracho de reformas que hicieron a la Ley Electoral son un hito en la historia del país.

Lo que hicieron los diputados fue defender su sistema, ese sistema que les ha permitido poder, dinero e influencias y por ello es que no tocaron nada de la forma en que son electos, nada que atente contra los partidos (comités cívicos por ejemplo) y más importante, nada del financiamiento electoral.

Sin tocar el financiamiento electoral y el sistema político en general (el Presidente elige a la Fiscal General) seguiremos a merced de la voluntad, los sueños y deseos de negocios, corrupción e impunidad de los financistas de campaña que al final del día son los que mandan en este país.

El problema es que como sociedad no hemos atinado a encontrar una agenda mínima del cambio y por ende, es que paralelo a este esfuerzo de la justicia, no hemos sido capaces de ir preparando nuestra propuesta ciudadana de reforma al sistema político en su totalidad y por ello es que los diputados, tranquilamente, nos dan atole con el dedo.

Ya vimos que como sociedad no podemos o quizá no queremos, pero por eso es que necesitamos que un grupo de personas lidere este esfuerzo paralelo para ir armando las reformas políticas y que así sea más fácil para la gente sumarse a lo que debe ser una transformación del país desde sus más profundas raíces.

Hay quienes dicen que no es momento porque a saber qué engendro puede salir, pero Guatemala tiene una enfermedad terminal que no se cura con antibióticos por buenos que puedan ser y francamente, en mi caso, prefiero una reforma total y profunda de TODO el Estado antes que una reforma al sector justicia, con buenas intenciones, pero con la que los mafiosos diputados y sus jefes nos van a meter muchos goles.

Esta decisión sí es suya y debe inmiscuirse en la discusión que evaden quienes llamaron al voto el 6 de septiembre porque cualquier asomo a reforma no les sienta bien.

La mesa está servida y falta ver qué papel jugará usted pues solo así podremos saber qué país se quiere y cuánto estamos dispuestos a luchar por él.

Diario La Hora
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