Imagen Suplemento Cultural; La Hora
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Vinicio Barrientos Carles

Guatemalteco de corazón, científico de profesión, humanista de vocación, navegante multirrumbos… viajero del espacio interior.   Apasionado por los problemas de la educación y los retos que la juventud del siglo XXI deberá confrontar.   Defensor inalienable de la paz y del desarrollo de los Pueblos. Amante de la Matemática.

El más obscuro rincón del infierno está reservado para aquellos que conservan su neutralidad en tiempos de crisis moral.    

Inferno, Daniel James Brown

Nuestra frase inicial circula en las redes sociales como de la autoría del poeta y escritor italiano Durante di Alighiero degli Alighieri, mejor conocido como Dante Alighieri, como supuesta cita de su magna obra, la Divina comedia.   Este libro, escrito en toscano, es considerado la obra maestra de la literatura italiana y una de las cumbres de la literatura universal.  Originalmente tuvo por título únicamente Commedia, dado que no podía tratarse de una tragedia, en vista de su final feliz.  Se sabe que fue el escritor Giovanni Boccaccio quien añadió posteriormente el adjetivo «divina».   La obra reviste especial importancia pues representa, de muy buena forma, la transición del pensamiento medieval, que era teocéntrico, al pensamiento característico del Renacimiento, ya antropocéntrico.

No obstante, como hemos aclarado en el epígrafe, esta frase no corresponde a ninguna de las palabras que Dante incluyera en la mencionada obra, sino a un extracto del libro Inferno, del escritor estadounidense Daniel James Brown, mejor conocido como Dan Brown, popular por su novela El código Da Vinci, llevada al cine en el 2006.   Curiosamente, aunque esta novela fue la primera de la que se realizara una producción cinematográfica, no es la primera que Brown haya escrito con el personaje Robert Langdon como protagonista, un historiador de arte, especialista en iconología y simbología religiosa, una disciplina que estudia los símbolos históricos, metodológicamente distinta a la semiótica.   Tanto Langdon como su curiosa profesión son ficciones de la novela.

Pues bien, la frase que se atribuye erróneamente a Dante, dado que es de Brown, refiere a uno de los habitáculos del infierno, el más obscuro, según se califica, es decir, el más profundo, reservado para los castigos más tremendos, en contraparte a los actos más malvados y deleznables realizados por las personas en su tránsito por la vida en este mundo.  La frase, tomada literalmente del Inferno de Brown, pretende reproducir otra, bastante análoga, que se encuentra en la Comedia de Dante, aunque un tanto sesgada por una peculiar interpretación del escritor norteamericano.

Específicamente, en el Canto III de la Comedia, titulado «La puerta de la muerte», se presenta un diálogo entre Dante y Virgilio.  Este Dante, es el protagonista de la novela, quien, acompañado de su guía, Virgilio, visita el infierno.  Sí, el personaje de la novela se llama igual que el autor.   En el diálogo, Dante pregunta y Virgilio le explica:

—Maestro, dime lo que estoy oyendo,

y quién es esa gente que gimiendo,

tan dominada del dolor parece.

Él respondió: —Tal mísera existencia

llevan aquellos que al vivir no hicieron

ni bien ni mal, pues todo lo que pusieron

a su comodidad y conveniencia.

Mezclada va esta burda descendencia,

con los ángeles que se mantuvieron

neutrales y que —infames— sólo dieron

a Dios, que les dio el ser, indiferencia.

Los repugna lo mismo la Justicia

que la Misericordia, rechazados

igualmente del Cielo y del Infierno,

abyectamente arrastran su inmundicia

y de todos los mundos despreciados,

es el olvido su destino eterno.

Pasa de largo, pues no valen nada.

Así, ambos pasajes establecen un cierto paralelismo entre la «neutralidad en tiempos de crisis moral», planteada en el lenguaje de la actualidad, contra la versión original de inicios del siglo XIV, que habla de quienes «no hicieron ni bien ni mal, pues todo lo [adecuaron] a su comodidad y conveniencia [, solo devolviendo] indiferencia».   Pues bien, aún no escribo a qué viene la cita y las reflexiones que estaremos realizando, sobre esta indiferencia y la neutralidad, es decir, en qué contexto he visto la cita, recientemente publicada, y a qué hace referencia.   Doy unas primeras pinceladas sobre el escenario, al que estaremos regresando un poco más adentro de la publicación.

Resulta que, según el epígrafe, el rincón más obscuro del infierno está reservado para aquellos y aquellas que no toman partido, que dejan pasar la vida en un contexto de «no compromiso» ante lo que les rodea, en un  «laissez faire, laissez passer», es decir, ante un declarado y radical dejar hacer y dejar pasar.  Pero esta actitud no se circunscribe únicamente a una dimensión económica, sino, más bien, dentro de un marco de referencia sociopolítico mucho más general.   En efecto, las publicaciones en las redes sociales estaban orientadas a señalar, y condenar, a las personas que permanecen como observadores inertes, indiferentes y neutrales, ante los conflictos en los cuales se desenvuelve y se desgrana nuestro convulsionado país.

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No obstante, cabe indicar que la circulación de los post en las redes también pretendían un señalamiento crítico para todas aquellas personas que únicamente ven el soberano derecho de su nariz, como viene a ser el caso de los radicales «antibloqueos», de los que estaremos hablando en próxima ocasión.  Después de todo, hemos podido apreciar cómo, en esta última semana de la presión social que están ejerciendo las manifestaciones pacíficas del pueblo guatemalteco, las élites económicas se pronunciaron en contra de los bloqueos, esperando que la crisis sea resuelta con un continuar «normalizado» de las actividades productivas.   Los críticos en redes reservaban, también, para ellos y ellas, el más obscuro rincón del infierno, como reza nuestro titular.

Es importante observar que ambos textos reservan el mayor castigo para diferentes males, considerándolos de máxima gravedad.   Así, esta indiferencia que se condena tiene diferentes ponderaciones.   En Inferno de Brown, el mayor pecado es la inacción, la neutralidad ante las circunstancias de exigencia moral.   En la Divina comedia de Dante, esto se muestra tan solo al inicio, en los portales, en su descenso por el infierno, en donde se menciona «que al vivir, no hicieron ni bien ni mal», explicando que «todo lo hacen a su comodidad y conveniencia».   En todo caso, en una y otra versión, la neutralidad es fruto del egoísmo individualista.

En cuanto al castigo máximo, para Dan Brown, es a este tipo de personas, neutrales, a quienes espera el más obscuro rincón del infierno.   Por su parte, Dante Alighieri asigna el noveno y último círculo del infierno, el más profundo y horroroso, para castigar el que considera el mayor de todos los pecados: la traición y la falsedad.   Así, reserva el mayor de los castigos para las personas que han traicionado sus obligaciones con el prójimo, con los demás.

En cualquiera de los casos, antes de quedarnos en la espera y el suspenso de esto que estamos planteando, con relación a las lamentables situaciones que padecemos, sobre quienes las están causando y sobre cómo algunas personas han reaccionado, en mala actitud y de manera egoísta, quisiera agregar otros datos complementarios a los dos contextos a los que hemos dado apertura: la Comedia de Dante, a inicios del siglo XIV, por un lado, y el Inferno de Brown, a inicios del siglo XXI, por el otro.   Lo cierto es que, no debo dejar de decirlo, el significado de los paralelos y los simbolismos me cautivó, dejándome en el soliloquio de mis reflexiones.   De ahí la motivación para la presente publicación.

Con relación a los libros de Dan Brown, hemos dicho que el orden de las versiones cinematográficas no corresponde al de las novelas, en texto.   De hecho, la primera novela de Brown es La fortaleza digital, cuya protagonista es Susan Fletcher, una de las mejores criptógrafas de la NSA.   Por otro lado, la saga protagonizada por Robert Langdon es como sigue: Ángeles y demonios, 2000, adaptada al cine en 2009; El código Da Vinci, 2003, adaptada al cine en 2006; El símbolo perdido, 2009, adaptada a serie de TV en 2021; Inferno, 2013, adaptada al cine en 2016, la que nos atañe; y, finalmente, Origen, publicada en 2017.

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En complemento, con referencia a la Comedia, de Dante, debe señalarse que consta de tres partes, entiéndase: Infierno, Purgatorio y Paraíso.   Cada una de las partes está conformada por treinta y tres cantos, que sumados al canto introductorio, totalizan cien.  Cada uno de estos cantos, a su vez, está constituido por tercetos entrelazados endecasílabos, o terza rima , modalidad poética que, se dice, él mismo inventó.   Aunque no se sabe la fecha exacta en que la obra fue redactada, se piensa  que el Infierno pudo ser compuesto entre 1304 y 1308, el Purgatorio de 1307 a 1314 y, por último, el Paraíso de 1313 a 1321, fecha del fallecimiento del poeta, por malaria, a la edad de 56 años.

El citado Canto III consta de 45 tercetos, de los cuales hemos citado, en prosa adaptada al castellano, seis, entre los tercetos número 11 y número 17.   Para cierre, transcribo abajo otros cinco tercetos, no consecutivos, que vienen después, lo que nos da ina idea de la forma y sentido de la obra:

Los desgraciados, que nunca fueron vivos,

estaban desnudos y molestados mucho

por moscones y avispas que allí había.

Sangre les regaba el rostro

matizada de lágrimas, que a sus pies

fastidiosas lombrices recogían.

Mas aquellas infelices almas desnudas

cambiaron de color y rompieron a crujir los dientes

al punto de escuchar las palabras rudas.

Blasfemaban de Dios y de sus padres,

de la humana especie, del donde y el cuando y de la semilla

de su simiente y de su nacimiento.

Después todas cuantas eran se retiraron juntas

fuertemente llorando, hacia la malvada orilla

que aguarda a todo aquel que a Dios no teme.

La frase que tenemos como epígrafe de esta publicación fue la que dio origen a la misma.   Resulta, como hemos apuntado, que circula en las redes sociales como una cita de la Divina comedia, la trascendental obra que escribiera el poeta italiano Dante Alighieri, a inicios del siglo XIV, específicamente entre 1304 y 1321, año en que el destacado escritor falleciera de malaria, en la ciudad de Ravena.   De hecho, en la imagen primera puede observarse uno de estos post, aunque son varios y diversos, en los cuales se atribuye a Dante la citada frase.  No obstante, hemos acotado que tal asignación es incorrecta, porque la frase está tomada del libro Inferno, del escritor norteamericano Dan Brown.

Todos estos y otros detalles los hemos traido a colación en la introducción descriptiva que hemos realizado en lo precedente, como antesala a nuestras opiniones, puesto que hemos comparado las peculiaridades de ambos textos.  Empero, cabe señalar que, aunque es probable que las grandes mayorías tengan mejor conocimiento de Inferno, por la versión cinamatográfica que existe de la novela de Brown, no sería justo equiparar ambos aportes en la literatura, pues la Commedia, como originalmente le titula Aliguieri, fue escrita siete siglos antes del 2013, teniendo una notable influencia en el pensamiento occidental, pero en particular para la eclosión del Renacimiento.

Aunque la Divina comedia es principalmente un poema religioso, que discute el pecado, la virtud y la teología relacionada con ellos, Dante también incluye varios elementos de la ciencia de su época, siendo la obra un referente, tanto de la poesía como del pensamiento, pues, como hemos esbozado, representa muy bien la transformación que se diera desde una visión teocéntrica hacia otra antropocéntrica, humanista, entendido el humanismo como la corriente intelectual y cultural que rompe con la idea teológica de que Dios es el centro del universo, pasando a serlo el ser humano, con sus cualidades, defectos y valores.  Con este cambio, se daría inicio al fin de la Edad Media.

Pues bien, al margen de que el libro Inferno sea más popular y conocido que la Divina comedia, por el hecho de la película homónima, que seguramente el lector y lectora ha visto, es importante reparar en ese sesgo mercantilista que muchas veces no nos permite valorar las cosas desde dimensiones más objetivas, como sucede con el conocido calificativo de best seller, que, a la larga, no debería nunca ser un criterio para el aprecio y selección de nuestras lecturas.   Digresión aparte, se recordará que el protagonista en la novela de Brown es el especialista en iconología, Robert Langdon, quien, a propósito, hace muchas referencias al infierno de Dante, en la trama policial en la que se desarrolla la narrativa.

Esto último no es extraño, pues la magna obra, que consta de tres partes, a saber, Infierno, Purgatorio y Paraíso, se convirtió en referencia universal para la posteridad.   En particular, la visión de Dante sobre el infierno se decantó en las diversas perspectivas al respecto de la vida después de la muerte, siempre en el contexto de la tradición de las religiones abrahámicas, pero más del cristianismo, en particular.  La primera parte, Infierno, sirve de punto de partida para la mayoría de autores que han escrito sobre el tema, tiempo después.

Básicamente, Dante, en su primera parte, describe el descenso que el protagonista, que se entiende es el mismo, realiza al infierno, acompañado por el poeta latino Virgilio, el autor de la Eneida, a quien Dante admiraba en gran medida.   Sobre la obra, en general, se lee:

La Divina comedia se considera una de las obras maestras de la literatura italiana y universal. Dante resume en ella todo el amplio conocimiento acumulado durante siglos, desde los antiguos clásicos hasta el mundo medieval; su fe religiosa y sus convicciones morales y filosóficas. El estilo de la obra posee un rico lenguaje lleno de símbolos y frecuentes referencias a personajes históricos y de la antigua mitología.

Con relación a esto del simbolismo incrustado en el texto, destacan las particulares mixturas, esas singulares mezclas de elementos míticos con elementos históricos, entre personajes reales y otros ficticios, haciendo alusión tanto a lugares y situaciones del mundo real como a otros del imaginario medieval, sin excluir el acervo histórico y el cúmulo cultural del clasisismo occidental.   Esto explica, en parte, la presencia del mismo Virgilio, personaje que le acompaña, como guía, en las dos primeras partes.  Resulta que el escritor y pensador romano, Publio Virgilio Marón, que vivió en la segunda mitad del siglo I a. C., tenía, curiosamente, en la escolástica medieval, gran fama como mago y teurgo de alta vocación.

Por ello no resulta ni raro ni sorprendente que Dante entremezcle asuntos históricos con la tradición mitológica griega, desde sus divinidades primordiales hasta personajes secundarios, pero interesantes, como viene a ser el caso de Caronte (Χάρων, Khárôn: brillo intenso), el barquero del Hades, el «encargado de guiar las sombras errantes de los difuntos recientes de un lado al otro del río Aqueronte».   En cualquier caso, el simbolismo y la metáfora son fundamentales, en particular, se subraya la recurrencia a ciertos patrones aritméticos transversales en todo el libro.

Sobre esto de la presencia de rasgos numerológicos, ya habíamos comentado que cada una de las tres partes, Infierno, Purgatorio y Paraíso, están conformadas por treinta y tres cantos, que con el canto introductorio suman cien como total.   Este ciento de cantos hace alusión al número diez, por ser su cuadrado.   El diez es relevante, tanto por ser cabalístico, referido a la cábala, la escuela de pensamiento esotérico relacionada con los esenios y el judaísmo jasídico, como por ser el tetraktys pitagórico.

Esta numerología, aritmética y geométrica, se encuentra vinculada con la magia y el esoterismo, en el que subyace una matemática sagrada que desvela el orden primero y último de todas las cosas, como se encuentra en el seno cabalístico y pitagórico, por citar un par de vertientes bastante conocidas.   Así, la importancia del número diez se ve reflejada, por ejemplo, en los diez niveles del infierno, puesto que Dante plantea una estructura de nueve círculos concentricos en creciente profundidad, precedidos por el anteinfierno, en donde se encuentran los ignavi, es decir, los indiferentes, los neutrales, aquellas personas que no asumen compromiso ante el mundo.   Respecto al número tres, mencionamos la terza rima, tercetos entrelazados endecasílabos.   Sobre la hermenéutica se lee:

El poema se ordena en función del simbolismo del número tres, que evoca la Santísima Trinidad, representando el equilibrio, la estabilidad y el triángulo, que se constituyen, a su vez, en las tres proposiciones que componen el silogismo.   Estos tres componentes, sumados con los cuatro elementos (tierra, aire, fuego y agua), darán como resultado el número siete, como siete son los pecados capitales.  [ Nótese que] el infierno está dividido en nueve círculos, el purgatorio en siete y el paraíso queda formado por nueve esferas que giran como los planetas en torno al Sol. [ No obstante ] La estructura matemática de la Divina comedia es mucho más compleja de lo que aquí se esboza

Sobre los ignavi, ya hemos indicado que son aquellos que llegan a los fuegos eternos en virtud de su indiferente respuesta ante las obligaciones que el mundo impone, haciéndolos seguidores de la consigna «Laissez faire et laissez passer, le monde va de lui même» (Dejar hacer y dejar pasar, el mundo va por sí solo), consignada en la Modernidad como un principio económico, pero, en nuestra alocución utilizada para describir la indiferencia ante lo que Brown denomina una «crisis moral».

En este sentido, el escritor norteamericano, en inicios del siglo XXI, hace corresponder a los ignavi el más obscuro rincón del infierno, quizá, en gran parte, porque la neutralidad y la indiferencia parecería ser la mayor de las infamias, el máximo pecado en la contemporaneidad.  Por ello el titular del artículo.   Nótese, en cambio, que Dante, en contraposición, coloca a los ignavos, los indiferentes,  en el anteinfierno, en las puertas del lugar para el castigo eterno.   Así, para uno, el peor de los castigos, mientras que para el otro, el más leve.   Sobre esto, escribimos:

En cuanto al castigo máximo, para Dan Brown, es a este tipo de personas, neutrales, a quienes espera el más obscuro rincón del infierno.   Por su parte, Dante Alighieri asigna el noveno y último círculo del infierno, el más profundo y horroroso, para castigar el que considera el mayor de todos los pecados: la traición y la falsedad.   Así, reserva el peor castigo para las personas que han traicionado sus obligaciones con el prójimo, con los demás.

Estas distintas apreciaciones y consecuentes ponderaciones sean, quizá, una resultante de las características de los tiempos, lo que pasaremos a ampliar, con relación a nuestras realidades de país, en lo que resta, en la última parte del artículo.    Agregaremos algunos aspectos sobre la visión dantesca, pero, especialmente, sobre este que él consideró el mayor de los pecados.

Por otro lado, cabe mencionar que, en su visita al paraíso, Dante es conducido por Beatriz, cuyo nombre significa «dadora de felicidad» y «beatificadora».  Beatriz, que personifica la fe, conduce a Dante por el tercer estadío, en vista que Virgilio, que personifica la razón, ya no posee las calidades para hacerlo.   Se piensa que el personaje femenino es una idealización, inspirada por Beatriz Portinari, pero esto es tópico de debate y discusión.   Lo cierto es que la obra está llena de símbolos que remiten al conocimiento y al pensamiento medievales, entiéndase, religión, astronomía, filosofía, matemáticas y óptica , entre otros, que suelen encarnarse a lo largo del texto en personajes y en acciones históricas específicas.

Ya hemos mencionado que nueve son los círculos que Dante describe en su visita a los infiernos, haciendo corresponder a cada tormentoso espacio un determinado nivel de castigo, según haya sido el pecado dominante de la desventurada alma en pena.   Mientras más profundo, mayores han sido los pecados y más grandes los castigos asignados.  La visión viene a ser, pues, una forma de categorización de los males, una jerarquia del pecado, que se muestra en la imagen siguiente.   Debido a su naturaleza, y al seguro interés que despierta, esta calificación del mal la estaremos abordando en una próxima oportunidad, siempre en estos Suplementos Culturales LaHora.   Por ahora, nos interesa interpretar estos elementos, relacionándolos con nuestros conflictos sociopolíticos a nivel de país.

Imagen Suplemento Cultural; La Hora
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Recapitulando, hemos comentado que el epígrafe, debido al norteamericano Dan Brown, muestra el castigo para los pecados de indiferencia y neutralidad, el cual interpretábamos como el de las personas que solo ven el derecho propio, el de su nariz, sin involucrarse en lo más mínimo cuando se trata de las problemáticas que refieren a la otredad, a la comunidad en donde viven.   También acotamos que si bien en la obra de Brown, Inferno, se reserva para estas personas el más obscuro rincón del infierno, el italiano Dante Alighieri, los coloca, en su Divina comedia, en un castigo bastante más leve, en la antesala de los nueve círculos que conforman el inframundo de las penas.

En efecto, Dante, en la primera parte de su magna obra, denominada Infierno, describe su visión sobre el descenso a este lugar, para el sufrimiento de las penas asignadas por su conducta en vida.  Nótese que estas postrimerías se encuentran incrustadas en el seno de la teología abrahámica, específicamente del pensamiento cristiano.   El Catecismo de la Iglesia católica afirma actualmente su existencia y su eternidad.  En esta concepción, el infierno es «el lugar adonde las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden […] inmediatamente después de la muerte».   Aquí, el castigo principal viene a ser «la separación eterna de Dios».

En la Divina comedia el infierno se concibe como un espacio compartimentado, en donde cada habitáculo circular responde a una específica jerarquía de tormentos y castigos.   Estos círculos concéntricos son elásticos, como de goma, conforme se va requiriendo que crezca para dar cabida a todas las almas que ingresan en los fuegos eternos.  Hemos comentado que posteriormente nos aproximaremos a este tema del infierno, desde distintas mitologías antiguas y diferentes teologías contemporáneas, siempre en nuestra columna Dyeus otiosus.  En particular, extendernos sobre esta peculiar jerarquía de las maldades, de los pecados, que Dante utiliza en su obra, la cual ha servido como referencia universal para un posterior abordaje del tópico. Copio una cita como un adelanto:

La palabra infierno proviene del latín inférnum o ínferus, que significa por debajo de, lugar inferior, subterráneo.   Está en relación con las palabra seol, hebreo, y hades, griego. Según muchas religiones, es el lugar o estado donde después de la muerte son torturadas eternamente las almas de los pecadores. Es equivalente al Gehena del judaísmo, al Tártaro de la mitología griega, al Helheim según la mitología nórdica y al Inframundo de otras religiones.   En la teología cristiana, el infierno es una de las cuatro postrimerías del hombre, siendo para la teología contemporánea una situación propiciada por el alejamiento de Dios, la cual deriva en un estado de sufrimiento.

Pues bien, alejados de estas notas sobre la literatura y el tema del infierno, quisiera pasar a lo ofrecido al inicio, al respecto de lo que motivó la publicación.  Resulta que, al encontrar como post en las redes sociales la inquietante frase que estamos usando como epígrafe al inicio, no pude evitar las reflexiones, pues se señalaba que algunas personas en el contexto nacional eran merecedoras de este más obscuro lugar al que refiere el titular.  En una dirección, las faltas señaladas, pero, por la otra, la idea de cuantificar los males en los que estas personas están incurriendo.

Por un lado, los antibloqueos y los ultraconservadores para los cuales todo es la economía y los perjuicios que en el mercado y los negocios, a todas luces, se estaban teniendo.   A estos se les señalaba de neutrales e indiferentes con el pueblo, puesto que, alegando daños a sus negocios, no terminan de entender la lógica de la presión política social.  Para ilustrar este asunto, esencialmente ético, evóquese a alguien que decide entrar en huelga de hambre al demandar ciertas acciones ante hechos deleznables.  Para estas personas neutrales, que a Mahatma Gandhi, hace nueve décadas, se le hubiera dejado morir de hambre, pues para ellas y ellos, lo comunitario no existe y todo se reduce a «los intereses de cada quien».

Por el otro, al señalar a estos y estas que no mueven un dedo en favor de la justicia y la democracia, no porque se encuentren embarrados en la corrupción, como los hay en abundancia, sino porque les da igual lo que suceda, siempre que sus asuntos mercantiles no se vean afectados, saltaron los señalamientos y las maldiciones para los más nefastos, quienes son causa de nuestros más grandes males.  Hablamos de la señora Consuelo Porras Argueta, a quien se le han multiplicado los calificativos, y su séquito de maldad, Curruchiche, Orellana y Monterroso.

Para estos nefastos energúmenos circulaban, y siguen circulando, múltiples deseos para que las peores desventuras y las más grandes desgracias caigan sobre sus humanidades, pero con mayor especificidad, deseándoles enviar por toda la eternidad a ese ominoso lugar, el más obscuro del infierno.   Convencidos de la nula humanidad que poseen estos cabecillas de la porquería en que han convertido el aparato de justicia, los post les mandaban una eternidad de maldiciones.

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A pesar de lo duro de las expresiones, estamos cayendo en la cuenta de que tales sentimientos no son extraños, pues se corresponden perfectamente con los versos que encontramos en la obra que hemos citado de Dante, escrita hace más de siete siglos, o, más recientemente, en la obra de Brown.   Lo cierto es que estos ignavi, es decir, los indiferentes, los neutrales, aquellas personas que no asumen compromiso ante el mundo, se olvidaron prontamente de las románticas promesas que durante la crisis de la pandemia realizaron, ofreciendo la edificación de una nueva normalidad.  No, ninguna de las palabras quedó en sus mentes y en sus espíritus.   Regresaron a la ignominia de sus cochiqueras mercantilistas y cosificantes.

Para todas estas personas, las neutrales, tenemos dos niveles de pena, según cada autor.   Para todas ellas, comentamos, el principio de «laissez faire et laissez passer, le monde va de lui même» es la norma ética primordial, es decir, la primacía del individuo por sobre todo, tanto primero, como después, como al final.    Reafirmamos que, en el Inferno de Brown, el mayor pecado es la inacción, por lo que el más obscuro rincón les corresponde a ellos, por su perversa neutralidad ante las circunstancias de exigencia moral.   Mencionamos que, de ellos, Dante escribe

Los repugna lo mismo la Justicia

que la Misericordia, rechazados

igualmente del Cielo y del Infierno

Abyectamente arrastran su inmundicia

y de todos los mundos despreciados,

es el olvido su destino eterno.

Pasa de largo, pues no valen nada.

Sin embargo, nuestros últimos párrafos van hacia la fiscal general, que aparte de hacerse de los oídos sordos ante las justificadas demandas del pueblo guatemalteco, parecería estar clavada, remachada, al piso del Ministerio Público, pero no al del edificio de la sede central al que ya no llega, sino a la institución, a la que ha llevado a la vergüenza en toda Latinoamérica y en el mundo entero.   Sabemos que las cadenas que le sostienen en ese piso, se romperán, más temprano que tarde, por los eslabones más débiles, que son muchos ya.   Pues bien, a estas personas es a quienes Dante les reserva el noveno círculo del infierno, el más profundo y el más funesto.  Se lee:

El noveno y último círculo del Infierno castiga a los culpables de malicia y fraude [, encontrándose]  materialmente separado del precedente por un inmenso pozo. […] Por contraste, por haber querido elevarse usurpando un poder que no es de ellos, todas estas figuras están inmovilizadas en lo más profundo del Infierno […]quizás simbolizando el orgullo y otros defectos espirituales que se esconden detrás de los actos de traición. […] Los traidores se diferencian de los simples fraudulentos por el hecho de que sus acciones envuelven el engañar a alguien con quien se tiene una relación especial.

Se explica que, la peor de las traiciones es con los deberes con el Estado, cuando alguien es nombrado para obrar por el pueblo pero que traiciona las responsabilidades que tiene con las instituciones y con las personas que han depositado en ellos su fe y su confianza.   Nada más claro o explícito, pues ese es considerado el peor de los males, mas por ende, el peor de los castigos es àra ellas y ellos.   Se habla de Judeca, la última de las rondas del Cocito, en referencia a la más grande traición, según la tradición cristiana, la de Judas Iscariote.

Por ello, para los usurpadores del Estado, para los que traicionan al pueblo, para los que elaboran la maldad sobre la confianza en ellos y ellas depositados, las máximas penurias y los mayores tormentos.   En nuestros escenarios, vemos que los innombrables de la Comosiama y su séquito de perversión, tienen asegurados, por ambos autores, los lugares más terribles y más obscuros del infierno, por su indiferencia ante la agonía y el sufrimiento de un pueblo en crisis, por su innegable traición ante quienes les pusieron en donde están.

Cabe comentar que la imagen del infierno que todas y todos tenemos en nuestra mente es, parcialmente, la que nos describe Dante, de tormentos sin fin, los que presenta en sus portales y primeros círculos como de fuego y azufre.  Básicamente, no hay redención en el infierno, no hay esperanza, ni misericordia, ni perdón.   No obstante, que Dante ubica a Lucifer en el noveno y ùltimo círculo, por la traición que le caracterizó, no lo colocará rodeado de fuego, como todos visualizamos en nuestro imaginario, sino en un lugar totalmente congelado, en el Cocito,  de dimensiones ciclópeas, incrustado en el centro de una región de invierno perpetuo.

Por otro lado, contrariamente a como lo describen las religiones monoteístas (abrahámicas), esto es, a un Satanás comandando a los ángeles más poderosos del cielo, que aún en su condena, conserva una porción considerable de su fuerza y su poder, Dante lo ilustra como un ser mucho menos influyente, es decir, que no gobierna sobre ningún reino subterráneo.   De hecho, lo muestra como otro prisionero más del infierno, al igual que el resto de los réprobos que lo habitan.

Así, apreciamos que hasta el mismo Satanás, el de Dante y la Divina comedia, viene a ser una criatura grotesca signada por la tragedia y la desgracia eterna.  Por ende, si bien Dante influyó poderosamente en las generaciones venideras, no lo hizo a tal punto que trasladara todos los detalles de su obra, a juzgar porque, como hemos acotado, seguimos visualizando al diablo inmerso en una gigantesca sopa de aguas ardientes y de fuego, y no en una heladera en donde cualquier existencia o movimiento se hace imposible, como el autor medieval describió los escenarios de su noveno círculo.

Eso nos lleva a otra reflexión sobre las temporalidades y los modos de existir, sobre los valores primeros y las prioridades, pues si en los inicios de siglo XIV lo peor era la traición, ahora, siete siglos después, lo es la indiferencia y la neutralidad.   En cualquiera de los dos casos, los prescritos, pésimos compatriotas, son culpables, merecedores de las más lamentables consecuencias.   Si antes el referente era el pecado, ahora, se trata de una apelación a la ética, en rescate de una humanidad extraviada, evitando la involución a la bestialidad de la cual provenimos.

Así, contrario a estos que han traicionado a su pueblo, sea por sus deleznables actos en contra de la democracia y  la justicia, o sea por su indiferencia y egoísmo, cerramos con votos a favor del dominio del ser humano sobre el animal que nos habita, reformulando lo que en su momento significó ese paso y transformación al Renacimiento que Dante bien ilustra en la Divina comedia: una loable y bien lgrada transición del teocentrismo al antropocentrismo.

Qué la significación que le otorgamos al término «humanidad», represente un paso evolutivo espiritual, y que el sumak kawsay, el buen vivir, de los pueblos originarios de nuestro país, haga sentido y sea prioridad en lo que viene, para todo el pueblo guatemalteco de buena voluntad.   En oposición, para los perpetradores del Pacto de Corruptos, es el caso de recordar las palabras que Virgilio, el guía, expresa a Dante, el protagonista en la Divina comedia, justo en la antesala, en los portales, del inicio de las penas que a los citados espera:

Mas aquellas infelices almas desnudas

cambiaron de color y rompieron a crujir los dientes

al punto de escuchar las palabras rudas.

Blasfemaban de Dios y de sus padres,

de la humana especie, del donde y el cuando y de la semilla

de su simiente y de su nacimiento.

Después todas cuantas eran se retiraron juntas

fuertemente llorando, hacia la malvada orilla

que aguarda a todo aquel que a Dios no teme.

 

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[ 1 ]   Imagen editada por Vinicio Barrientos Carles  ::  https://www.muyinteresante.es/historia/35949.html     +     https://es.wikipedia.org/wiki/La_barca_de_Dante     +     https://es.wikipedia.org/wiki/Dante_Alighieri     +     https://es.wikipedia.org/wiki/Infierno,_canto_tercero     +     https://es.wikipedia.org/wiki/Dan_Brown

[ 2 ]   Imagen editada por Vinicio Barrientos Carles   ::   https://es.wikipedia.org/wiki/Dante_Alighieri     +     https://es.wikipedia.org/wiki/El_c%C3%B3digo_Da_Vinci     +     https://es.wikipedia.org/wiki/Dan_Brown

[ 3 ]   Imagen editada por Vinicio Barrientos Carles   ::   https://es.wikipedia.org/wiki/Infierno,_canto_tercero     +     https://seddetintahambredepalabras.home.blog/2019/08/14/la-divina-comedia-infierno-de-dante-alighieri/     +     https://www.facebook.com/rapsodiademente/posts/2349736468503444/?locale=bg_BG

[ 4 ] Imagen editada por Vinicio Barrientos Carles    ::   https://es.catholic.net/op/articulos/54333/cat/884/de-nuevo-sobre-el-infierno.html#modal     +    https://lahora.gt/nacionales/engelberth-blanco/2023/10/22/porras-curruchiche-monterroso-y-orellana-fuera-del-ojo-publico-en-plena-crisis/     https://definicion.de/infierno/     +     https://www.infobae.com/sociedad/2021/07/03/que-es-el-infierno-ese-lugar-que-creemos-lleno-de-fuego-y-dante-describio-congelado-y-en-invierno-perpetuo/

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