CONTRAVÍA

Símbolo de un drama social

Factor Méndez

fmendez21@gmail.com

Defensor Derechos Humanos. Catedrático. Periodista/Escritor. Estudió Derecho, Derechos Humanos y Trabajo Social en Guatemala, Honduras y Costa Rica. Catedrático San Carlos y Rafael Landívar. Fundador Centro de Investigación, Estudios y Promoción de Derechos Humanos CIEPRODH. Autor de ensayos y artículos sobre temas sociales, políticos, memoria histórica y Derechos Humanos.

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Factor Méndez Doninelli

Desde que el Gobierno guatemalteco decretó el Estado de calamidad, impuso toque de queda y ordenó una cuarentena para confinar a la población en sus hogares debido a la emergencia sanitaria provocada por la covid-19, han transcurrido más de cuatro meses, tiempo durante el cual se han evidenciado las deficientes condiciones del sistema nacional de salud que se encuentra rebasado en sus capacidades, sin el debido abastecimiento de equipos, ni de insumos de protección para el personal sanitario, falta de medicamentos y para colmo los propios médicos han denunciado que no han recibido sus respectivos salarios acumulados desde marzo cuando se decretaron las medidas citadas.

Siendo que la salud es un derecho humano (DD.HH.) y que es un deber constitucional del Gobierno garantizar el bien común lo que implica entre otros, el acceso a servicios médicos, hospitalarios, equipos y medicinas de calidad en Guatemala estos preceptos universales son sistemáticamente negados o restringidos lo que vulnera derechos y garantías a la mayoría de la población. Así que sabiendo que nuestro sistema nacional de salud está ahora más colapsado que antes una clara situación que era de todos sabido, el actual Gobierno de este país centroamericano no ha logrado controlar menos disminuir los contagios de esta pandemia que hasta hoy aflige a toda la humanidad.

Y es que también no se debe olvidar que las políticas neoliberales y los sucesivos gobernantes corruptos e impunes que han ejercido el poder público, debilitaron y descuidaron deliberada y progresivamente el sistema nacional de salud, sea por la vía de la privatización de algunos servicios, el abandono de los programas de atención primaria, prevención, control epidemiológico, desabastecimiento de todo tipo de insumos, medicinas y además el saqueo constante de los fondos públicos.

Hoy, ante la covid-19 se desnuda y retrata de cuerpo entero la dura realidad de un drama social que se vive en Guatemala y que no se reduce sólo al tema de la salud como DD.HH.

También hay otros dramas sociales que surgieron a partir de las restricciones impuestas por el Gobierno en el marco de la emergencia sanitaria. Me refiero a las banderas blancas llevadas por miles de personas en muchas ciudades de todo el país, que se les ve en las distintas calles y que representan la necesidad de pedir alimentos o apoyo económico para sobrevivir, es más notorio en Guatemala la capital del país que concentra más de cuatro millones de habitantes en su mayoría residentes en lugares vulnerables, de escasos recursos económicos y con ingentes necesidades diarias de subsistencia, otro signo de una drama histórico de carácter estructural que tampoco los Gobiernos se han dedicado a superar.
Basta recordar que en este país, uno de cada dos niños de cero a cinco años de edad sufren de desnutrición crónica infantil, es decir, la mitad del total de esta población, padece y muere de hambre, literalmente por falta o escasez de alimentos saludables y nutritivos que les asegure un crecimiento óptimo dentro de las escasas posibilidades que ofrece el sistema capitalista neoliberal, desigual e inequitativo que socialmente hablando prevalece en este país, considerado como uno de los más desiguales de América Latina.

Así las cosas, estos y otros tantos dramas más continuarán saltando a la luz pública por mucho tiempo, para poner ante los ojos de todos lo que las élites, los Gobiernos neoliberales, corruptos, la clase política abyecta y lacayuna han hecho que este país se mantenga en el subdesarrollo, el atraso y rezagado.