Siguiente acto

Foto: José castro

La mesa ha quedado servida para que se consume el tercer acto de este Congreso para ratificar que las ilusiones de un cambio de actitud en el Poder Legislativo fueron únicamente eso, una ilusión sin fundamento que llevó a algunos ciudadanos a pensar que la presencia de más de una centena de “nuevos” diputados era suficiente aire fresco para depurar el fétido ambiente que dejó la última legislatura. La elección de los magistrados de Salas de Apelaciones y de la Corte Suprema de Justicia está a punto y sus efectos pueden ser mucho más dañinos que la elección de una Junta Directiva, en la que se hicieron acuerdos no sólo con el viejo Pacto de Corruptos sino con organizaciones ligadas hasta con el narcotráfico, y la aprobación espuria y mañosa de la nueva Ley de Organizaciones No Gubernamentales.

Dañinos no sólo en cuanto a la imagen del Congreso se refiere y de este “nuevo” período de la vida constitucional de nuestra democracia. Dañinos porque tras el juego que se produjo en las Comisiones de Postulación compete ahora al pleno de diputados consolidar el imperio de la impunidad con la elección de magistrados comprometidos para garantizarla, partiendo de la revisión que harán de los procesos por corrupción que se iniciaron durante el trabajo de la CICIG y del Ministerio Público antes de que retornara a su eterna postura de cómplice declarado de la impunidad.

El Congreso está en sesión permanente luego de que mañosamente se dispusiera tal situación para asegurar la aprobación de la Ley de las ONG´s y por lo tanto puede ser convocado en cualquier momento para proceder a la elección de los magistrados. No se puede descartar que en el fin de semana se proceda a tal elección porque ya vimos que las reglas que marcan el comportamiento de los actuales diputados son el calco exacto de las que prevalecieron con la aprobación de las leyes de impunidad que emitió el pasado Congreso. Los Arzú, Alejos y la UCN siguen dirigiendo operaciones en el legislativo y el bisoño presidente, que les debe el cargo, no oculta su nivel de dependencia que es producto del absoluto poder que aún ostentan los operadores del viejo pacto ni su incapacidad que es el resultado de su falta de experiencia en las lides parlamentarias.

La esperanza de que la nueva centena impusiera nuevas rutas de decencia y transparencia para generar una legítima representación del pueblo se desvanecieron y se esfumarán del todo al consumarse el acuerdo existente para afianzar con firmes cimientos la estructura de impunidad.