Siete mujeres en primera línea rompen el silencio; debe conocer sus historias

POR HEDY QUINO
hquino@lahora.com.gt

Actualmente el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) está dirigido por la ministra Amelia Flores, una de las dos únicas mujeres que conforman el gabinete de gobierno, además, en la institución otras dos profesionales están a cargo; la viceministra administrativa, Nancy Pezzarossi y la viceministra técnica, Norma Ramírez, al igual que ellas tres, el personal femenino ha tomado un papel protagónico en el sistema de salud durante la pandemia Covid-19.

El 13 de marzo Guatemala registró el primer caso Covid-19, hasta el 21 de septiembre el Ministerio de Salud registraba un total de 85 mil 681 casos, de estos 75 mil 172 se han recuperado, 3 mil 124 han fallecido y 7 mil 385 están activos.

Desde el momento que se supo del primer contagio en el país, el personal femenino de salud no solo ha tomado un papel protagónico en la emergencia sanitaria, sino que también ha sido importante y fundamental, pues a pesar de que han enfrentado circunstancias difíciles debido al debilitado sistema de salud pública del país, como la falta de pago de salarios y la carencia de insumos de protección personal, tanto médicos y enfermeras como las del personal de mantenimiento han continuado prestando sus servicios a la población en general.

Foto ilustrativa. Las mujeres han jugado un papel importante desde distintas áreas durante la atención de la emergencia. Foto La Hora/José Orozco

El principal motivo que mueve a estas mujeres a continuar trabajando en medio de la pandemia COVID-19, muchas veces sacrificando tiempo con sus seres queridos, es el amor a lo que hacen y cumplir con el juramento tomado al decidir ser médicos o enfermeras.

Tal es el caso de Xiomara, Marisol, Ester, Carolina, Ena, Luisa Fernanda y Vilma, quienes con entrega, dedicación, esfuerzo y valentía continúan trabajando por los guatemaltecos, desde las distintas áreas del sistema de salud bajo condiciones desafiantes por la pandemia Covid-19.

XIOMARA MACARIO (35 AÑOS): “MIS NIÑOS SE FUERON AL INTERIOR CON LOS ABUELOS”

Xiomara Macario, en medio, relató las vivencias que ha tenido durante la pandemia. Foto captada previo a la emergencia sanitaria. Foto La Hora/Cortesía

Xiomara Macario es médico residente del área de pediatría del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), entre sus funciones está el de atender emergencias, pero por la pandemia su trabajo se extendió a otras áreas, debido a que el número de pacientes positivos a Covid-19 aumentó. “Todas las especialidades tuvimos que apoyar en el área de adultos porque no se daban abasto. Desde que comenzó esto hemos trabajado con pacientes que ingresan por otras enfermedades y por Covid-19”, dice.

Pero la pandemia no solo le cambió las competencias laborales a Xiomara, también la llevo a tomar decisiones difíciles con su familia, pues como una medida de prevención ella y su esposo, decidieron separarse de sus tres hijos y enviarlos a casa de los abuelos, fuera de la ciudad. “Somos una familia muy unida e hicimos todo lo posible para que lo tomaran bien”, cuenta.

“Mis niños se tuvieron que ir al interior con los abuelos porque yo estaba en contacto con los pacientes, pues quería que toda mi familia tuviera el menor riesgo de contagiarse en caso que yo me enfermara, estuvimos tratando de acoplarnos para que ellos no se vieran afectados tanto en los estudios como en lo emocional, ya que estarían lejos de mamá y papá. Ha sido difícil, pero Gracias a Dios todo ha salido hasta el momento muy bien”, relata la médica.

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El distanciamiento con sus hijos no fue el único momento complicado por el que ha pasado, ya que uno de sus hijos tuvo que ser intervenido quirúrgicamente al presentar un cuadro de apendicitis. “A la media noche, después del turno, fuimos a traerlo a la casa de los abuelos y lo llevamos a la operación”, narra.

En ocasiones ha sentido temor de contagiarse de Covid-19 al estar atendiendo casos crónicos. “Es difícil, pero es vital como médicos mantener la calma, pues el personal administrativo y de enfermería lo ven a uno como un ejemplo, entonces cuando uno está en calma ellos recobran la seguridad y es más fácil trabajar, por eso a veces era necesario aguantarse un poco y continuar trabajado para tender a los pacientes”, puntualiza.

En su caso debió apoyar durante la emergencia como el resto de sus compañeros. Foto La Hora/Cortesía

“MI MEJOR APOYO ES DIOS Y MI FAMILIA”

Para Xiomara estos últimos seis meses han sido de bastante trabajo, ya que tiene que dividir sus días en los turnos como médico residente del IGSS, en sus estudios y en su familia, todo ello en medio de la pandemia, por lo que se ha sentido afectada anímicamente. “Por momentos siento que colapso, pero en el hospital nos han dado apoyo psicológico que han sido de gran ayuda, sin embargo, mi mejor apoyo es Dios y mi familia”, enfatiza.

“Mi esposo en este tiempo tomó el papel de mamá, me prepara mi lonchera… ese es el apoyo que me ha ayudado, sin ese apoyo todo estaría muy difícil. A veces, muchos ven que cuando uno tiene familia está en desventaja, porque tendría menos tiempo para estudiar, pero, al contrario, yo lo veo como una ventaja”, afirma la médico.

Xiomara hace un llamado a los guatemaltecos a sacar lo mejor de esta difícil situación, a cuidar el medio ambiente, por los desechos sólidos de las mascarillas, guantes y trajes, a realizar aquellas cosas que por temor no se han hecho. “Tratar de ser mejor persona, de demostrar todos los días el amor que uno tiene, eso es lo mejor que uno puede hacer después de esto”, finaliza.

“Por momentos siento que colapso, pero en el hospital nos han dado apoyo psicológico que han sido de gran ayuda, sin embargo, mi mejor apoyo es Dios y mi familia”

Xiomara Macario

MARISOL LÓPEZ (34 AÑOS): “AHORA VISITO A MI ESPOSO UNA O DOS VECES AL MES”

Brenda Marisol López es auxiliar de enfermería en el Centro de Salud de Amatitlán. Foto captada previo a la emergencia. La Hora/Cortesía

Brenda Marisol López es auxiliar de enfermería en el Centro de Salud de Amatitlán, su principal función es la vacunación de niños menores de 5 años, para ello, sale a las calles a visitar los hogares en busca de aquellos infantes que necesitan vitaminas y desparasitantes, pero con la llegada de la pandemia al país, los recorridos a pie cesaron, ahora sus jornadas laborales las pasa dentro del establecimiento atendiendo a todo tipo de pacientes.

“Estoy en distintas áreas; a veces, en farmacia entregando medicamentos, otras, realizando preconsultas, antes de que los pacientes pasen con el médico y apoyando con las vacunas”, detalla la enfermera.

Además, ha tenido que atender a pacientes Covid-19. “Ha incrementado el número de pacientes que llegan al Centro de Salud, hemos tenido contacto con las personas que han llegado con los síntomas y se ven muy enfermas”, dice Marisol, como también le llaman sus conocidos.

La emergencia sanitaria no solo obligó a Marisol a cambiar su rutina laboral, sino que también la personal y familiar, pues ella junto con su esposo tomaron la difícil decisión de distanciarse por un tiempo, esto para evitar que ella viajara constantemente, pues residen en Villa Nueva. “Mis papás viven en Amatitlán y decidimos que me quedaría con ellos por un tiempo mientras todo esto pase. Me costó un poco acoplarme a esta nueva rutina, pues antes pasaba visitando a mis padres y luego me iba a trabajar, ahora a quién visito es a mi esposo una o dos veces por mes”, relata.

La noticia del primer caso Covid-19 en el país preocupó a los padres de Marisol, pues temían que ella se contagiara, ya que debía atender no solo a niños, sino que, a pacientes adultos, sin embargo, han tomado todas las medidas de prevención para evitar que esto ocurra.

“Cuando llego a casa lo primero que hago es poner en remojo la ropa que usé en el trabajo y me baño, como una medida de desinfección”.

Brenda Marisol López

“ME HE ACERCADO MÁS A DIOS”

La pandemia le ha afectado emocionalmente a la enfermera, pues ha sido difícil ver a los pacientes de Covid-19 sufriendo los síntomas, y sobre todo ver que también sus compañeros de trabajo son diagnosticados con esa enfermedad. “Me preocupan ellos también, pues son mi otra familia y hemos sido siempre unidos”, cuenta.

Para continuar con su trabajo, Marisol dice que ella junto a su esposo se han acercado a Dios. “Me he acercado más a Dios, nos ponemos a orar para tener su protección, además, hablo con mi esposo y me pongo a llorar con él, esto me ayuda a recobrar fuerzas para seguir ayudando a las personas que lo necesitan”, enfatiza.

“Aunque a veces he sentido miedo, he confiado en Dios y eso me ayudado a estar de pie, al igual que mi familia y mi esposo”, reitera.

Cuando no está de turno, la enfermera disfruta de hacer manualidades en su tiempo libre, sobre todo tejer, además, cuenta que cuando la curva de contagios se aplane y el número de casos disminuya, le gustaría poder darse un tiempo para descansar. “Despejar la mente y darle gracias a Dios”, resalta.

Marisol hace una invitación a todas las mujeres a trabajar por sus sueños, aunque estas circunstancias sean difíciles. “Las animo a que le sigan echando ganas y que siempre confíen en Dios y que alcancen sus sueños, que todo esto pasará”, puntualiza.

La principal función de Marisol es la vacunación de niños menores de 5 años. Foto La Hora/Cortesía

ESTER GRAMAJO (32 AÑOS): “HUBO UN MOMENTO EN EL QUE PENSÉ RETIRARME”

Ester Gramajo es médico oftalmóloga del Hospital Pro-Ciegos y Sordos, Rodolfo Robles, actualmente se prepara para obtener una nueva subespecialidad en retina, y aunque directamente en la institución no atienden casos Covid-19, el riesgo de que se contagien es alto, pues por la naturaleza de la profesión, necesitan estar cerca del rostro del paciente para realizar las evaluaciones médicas.

Tras la llegada de la pandemia a Guatemala, el Hospital tomó como primera medida suspender las consultas y atender solo emergencias.

Al mismo tiempo se cancelaron las clases en el país, y los dos hijos de la doctora, uno de 9 años y otro de 4, empezaron a recibir clases en línea desde casa. “Me tocaba estar con ellos, pero también tenía que salir al hospital cuando me llamaban para atender alguna emergencia”, detalla Ester.

Ester Gramajo es médico oftalmóloga del Hospital Pro-Ciegos y Sordos, Rodolfo Robles. Foto captada previo a la emergencia/La Hora/Cortesía

Esa situación no fue la única difícil para ella, pues al llegar a casa después del trabajo no podía saludar a sus hijos sin antes pasar por un protocolo. Debido a que su esposo también es médico, los dos extremaron medidas de prevención; al llegar, en un área especifico desinfectaban los zapatos y la ropa y luego a bañarse, comenta.

“Los niños lo sintieron un poco, daba tristeza porque ellos ya sabían que cuando uno entraba se quedaban paraditos lejos, cuando antes lo normal era que corrían hacía uno y nos abrazaban. Una vez mi hijo más pequeño me preguntó si me podía abrazar y le respondí que no, hasta que terminara de desinfectarme”, relata Ester.

Para ella los primeros meses de la pandemia no fueron fáciles, incluso, hubo un momento en el que pensó retirarse de su carrera y dedicarse solo al hogar.

“Cuando uno es mamá y además labora en el área de salud sí se complica un poco porque uno tiene que poner en la balanza qué es más importante, si continuar con su carrera profesional o quedarse en casa, pues quién va a estar con los hijos. Gracias a Dios pude equilibrarme bastante bien”, narra Ester.

“Hubo un momento en el que pensé retirarme del hospital porque se me estaba complicando mucho con los nenes, antes una persona me ayudaba, pero le tuve que pedir que ya no viniera, creo que varias mamás de diferentes ramas se vieron en la misma situación”

Ester Gramajo

“YO ESCOGERÍA OTRA VEZ LA MEDICINA”

Ester cuenta que por momentos se sintió mal emocionalmente, pero se aferró a su fe y con una actitud positiva continuo con sus labores. “Gracias a Dios todo fue evolucionando favorablemente, además, nos tuvimos que adaptar porque probablemente el Covid estará por más tiempo”, dice.

Actualmente el Hospital volvió hacer consultas, por lo que Ester está de vuelta de lleno en su trabajo, ahora con todo un equipo de protección personal y protocolos de seguridad.

A pesar de todas las complicaciones, Ester junto con su esposo no cambiarían la medicina por otra profesión. “Es por amor a lo que uno hace, si me dijeran que puedo repetir nuevamente mi vida, yo escogería otra vez la medicina, en mi caso, la oftalmología. Sería muy fácil tirar la toalla, pero al graduarnos adquirimos un compromiso con la población”, enfatiza.

En sus tiempos libre, disfruta de la compañía de sus hijos y su esposo y cuando llegue el momento en el que no exista riesgo de volver a salir, le gustaría ir a la playa o al lago de Atitlán con toda su familia.

A pesar de lo difícil que ha sido la pandemia, no cambiaría su profesión, aseguró. Foto La Hora/Cortesía

CAROL (58 AÑOS): “MI ESPOSO FUE DIAGNOSTICADO A COVID-19”

Berta Carolina Ovalle Riveiro forma del parte del personal de mantenimiento del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) en el Departamento de Regulación de los Programas de Atención a las Personas (DRPAP), labora ahí desde hace diez años.

Entre sus funciones está el de limpiar las oficinas y los parqueo, además de realizar algunos trabajos de remozamiento, como el de pintar las áreas del jardín, entre otros.

El trabajo de mantenimiento se lo reparten entre ocho personas, pero con la llegada de la pandemia los dividieron en dos grupos de cuatro, quienes trabajan por turnos, esto como parte de los protocolos de prevención, lo cual provocó que el trabajo se les recargue. “Nos está llevando la tristeza porque el Programa es muy grande, pero se tomó esa medida para que no hubiese mucha gente en las instalaciones y evitar algún contagio”, cuenta Carol, como también es conocida.

Berta Carolina Ovalle Riveiro forma del parte del personal de mantenimiento del Ministerio de Salud. Fotografía captar previo a la emergencia sin equipo de protección COVID-19. Foto La Hora/Cortesía

Al igual que Carol, su esposo, con quien lleva 30 años de casada, también trabaja en el área de mantenimiento del Hospital Roosevelt, ambos no han dejado laborar a lo largo de estos meses de la pandemia. “Hemos estado dándole duro, nosotros no descasamos, seguimos trabajando como el personal de salud”, comenta.

Carol junto con su esposo implementaron medidas de seguridad al entrar a casa para evitar contagiarse. “Le hemos pedido a Dios y nos desinfectamos al llegar a casa”, detalla.

Sin duda para Carol la situación más difícil que tuvo que enfrentar en estos meses de la emergencia fue cuando le diagnosticaron Covid-19 a su esposo. “Alguien que llegó con él lo pudo haber contagiado, estuvo en casa 15 días, yo también estuve aislada 15 días para evitar que me contagiara. Gracias a Dios con todos los medicamentos y tés que le estuve dando salió adelante, costó mucho, pero gracias a Dios salió bien y lo está contando”, explica.

“Aún le quedaron secuelas, a veces se marea, se le sube o baja la presión, pues él es diabético, nos ha costado, le han hecho algunos exámenes y el doctor nos dijo que el corazón se le agrandó a causa de lo que le pasó”.

Berta Carolina Ovalle Riveiro

“LE PIDO A DIOS QUE ME DÉ MUCHA VIDA”

Debido a esta situación, Carol dice que le pide a Dios fuerzas para continuar con su vida y no caer en el miedo. “Le pido a Dios que me dé mucha vida para salir de esta, la verdad que no le deseo a nadie lo que sufrimos con mi esposo, cada vez que salgo de casa le pido a Dios regresar sin novedad, que, así como salí quiero regresar y que no tenga yo nada que pueda contagiar a mi familia”, afirma.

“Han fallecido muchos conocidos, uno no asimila todo lo que está pasando, pero hay gente que no cree y andan paseando, hasta que uno no lo vive no lo cree”, enfatiza.

Una de las actividades que disfruta Carol en su tiempo libre es bailar, lo cual también lo ha utilizado para evitar que la situación actual le afecte anímicamente. “Pongo el radio a todo volumen y me pongo a bailar por una o dos horas para distraer mi mente y ponerme feliz en mi casa”, cuenta.

Carol le envía un mensaje de esperanza a todas las mujeres de Guatemala. “Sigan luchando, sigamos adelante porque si nosotras nos detenemos se detiene todo, a quienes nos encargamos del mantenimiento tenemos que estar desinfectado para evitar que esta enfermedad se propague. No pierdan la fe y oren mucho a Dios”.

En todas sus actividades, Berta Carolina Ovalle da lo mejor de sí y contribuye a la atención de la emergencia y que los servicios de salud sigan funcionando. Foto La Hora/Cortesía

ENA (58 AÑOS): “TENÍA MIEDO DE CONTAGIAR A MI FAMILIA”

Ena Chavarría Rodríguez es enfermera y técnico de hemodiálisis en la Unidad Nacional de Atención al Enfermo Renal Crónico (UNAERC), en donde atiende desde hace 23 años a las personas con insuficiencia renal.

Desde que se dio el primer caso Covid-19 en el país, Ena no dejó de laborar y lo sigue haciendo a la fecha, debido a esto, su familia sintió temor que continuará trabajando en medio de la pandemia.

“Mi familia tenía miedo y no querían que siguiera trabajando, les dio pánico, pues nosotros seguimos trabajando ya que la Unidad nunca cerró, no paró en atender a los pacientes, seguimos atendiendo a todos los pacientes que tenemos de la capital y del interior, no se les negó el tratamiento. Para nosotros fue difícil asimilar eso de estar en pandemia”, relata la enfermera.

Ena Chavarría Rodríguez es enfermera y técnico de hemodiálisis y nos cuenta su experiencia. Foto La Hora/Cortesía

“Nosotros empezamos a atender pacientes positivos, yo tenía miedo, entré en pánico, porque tenía miedo de contagiar a mi familia y a mis dos nietos que son mis tesoritos, ese fue mi mayor miedo, yo tuve miedo de llevar la enfermedad a la casa, ese fue el miedo más grande que a mí me dio. Yo me cuido y uso todo mi equipo, pero al llegar a casa sabiendo que tuve contacto con pacientes positivos, fue difícil asimilar esa situación”, afirma Ena.

Otra situación complicada que enfrentó Ena fue el momento en que sus compañeros se contagiaron de Covid-19. “Cuando salió el primer compañero positivo para mí fue un duro golpe, pues según yo nosotros no nos íbamos a enfermar, lo más triste fue que era mi compañero de grupo, atendíamos juntos a los pacientes en la misma sala, comíamos juntos, desayunábamos juntos. He llorado con cada uno de mis compañeros que resultan positivos, pero seguimos adelante”, relata.

La enfermera da gracias a Dios porque ninguno de sus compañeros de UNAERC ha fallecido a causa del nuevo coronavirus, sin embargo, lamenta las muertes de otros compañeros que laboraban en el Seguro Social.

“He llorado con cada uno de mis compañeros que resultan positivos, pero seguimos adelante”

Ena Chavarría Rodríguez

“LE PONGO AMOR A LO QUE HAGO”

Para enfrentar el temor, Ena dice que se encomendó Dios y utilizó todo el equipo de protección personal. “Lo primero que uno hace en un momento así es encomendarse a Dios, a un ser supremo que nosotros siempre clamamos cuando estamos en tiempos difíciles, pedirle a Dios, usar equipo de protección y seguir adelante”, detalla.

Además, para continuar con su trabajo con valentía y entrega, la enfermera indica: “Le pongo un poco más de amor a la labor que realizo y al atender pacientes positivos, solo lo hago con más cuidado. Gracias a Dios estoy bien, me han hecho cuatro hisopados, pero ahí estamos emprendiendo y haciendo las cosas con amor”.

En el momento que los casos de Covid-19 disminuyan y no exista riesgo de contagiarse, lo primero que Ena haría es reunirse con su familia. “Ir abrazar a mi familia, los extraño, no he podido ir con ellos por la pandemia, no quiero exponerlos, nosotros somos del interior, entonces iría abrazar a mis hermanos”, reitera.

Ena envía un mensaje a todas las mujeres guatemaltecas: “Sigamos con ánimo, pensando que estamos poniendo un granito de arena, hacer nuestro trabajo con amor para que no sea una carga, pedirle a Dios que aumente nuestra fe y que termine la pandemia para que estemos bien todos”.

Para enfrentar el temor, Ena dice que se encomendó Dios y utilizó todo el equipo de protección personal. Foto La Hora/Cortesía

LUISA FERNANDA (43 AÑOS): “UNO NO SABE EN QUÉ MOMENTO PUEDE SER PARTE DE LOS PACIENTES”

Luisa Fernanda Contreras es médico nutricionista del Hospital General San Juan de Dios (HGSJDD) y forma parte del personal de salud que se encuentra en la primera línea de atención a los pacientes en medio de la pandemia, por lo que siempre que entra a su turno usa todo el equipo de protección personal; guantes, mascarilla, careta y otros insumos médicos.

Cuando se conoció del primer caso de Covid-19 en el país, tuvo temor de enfermarse del nuevo coronavirus y contagiar a su familia. “La verdad es que sí, uno tiene miedo de enfermarse. Es difícil pensar que uno puede enfermar, pero agradezco por tener mi trabajo y me gusta lo que hago”, dice.

“Ha sido bastante complicado por el temor de que yo los pueda contagiar, pues uno está en primera línea en atención a pacientes mientras que ellos se han mantenido en confinamiento en casa”, agrega.

Luisa Fernanda Contreras es médico nutricionista del Hospital General San Juan de Dios. Foto La Hora/José Orozco

Debido a la pandemia, Luisa Fernanda indica que tanto ella como su familia han puesto en práctica las recomendaciones del Ministerio de Salud para evitar contagiarse. “Al llegar a casa me quito la ropa, los zapatos, los desinfectó y me voy a bañar”, añade.

A pesar de los temores, Luisa Fernanda realiza su trabajo con entrega y valentía. “Hoy puedo estar de este lado, pero realmente uno no sabe en qué momento puede ser uno parte de los pacientes, cuando se es parte de los salubristas sabemos que debemos atenderlos”, asevera.

Asimismo, comenta que cuando no está de turno aprovecha para descansar en su casa y de la compañía de su familia.

En el momento en que la curva de contagios Covid-19 se aplane, Luisa Fernanda desearía tomarse unos días de descanso y de convivir con sus seres queridos. “Pero todo depende de cómo continua la curva”, agrega.

Por último, hace un llamado a los guatemaltecos a seguir trabajando y que se sigan cuidando y protegiendo y a quedarse en casa sino es necesario salir.

“Ha sido bastante complicado por el temor de que yo los pueda contagiar, pues uno está en primera línea en atención a pacientes mientras que ellos se han mantenido en confinamiento en casa”

Luisa Fernanda Contreras

VILMA (35 AÑOS): “LE AFECTA A UNO BASTANTE ESTA SITUACIÓN”

Vilma Gabriela Lázaro Chajón forma parte del personal de mantenimiento del Hospital Roosevelt, su principal función es realizar las labores de limpieza del nosocomio.

Desde la pandemia, Vilma puso en práctica junto con su familia todas las medidas de prevención contra el Covid-19. “En primer lugar nos lavamos las manos con agua y jabón frecuentemente, al salir del hospital me cambio de ropa y baño, hago lo mismo cuando llego a casa y a desinfectar todo, antes de convivir con mis hijos”, relata.

Los meses de la emergencia sanitaria han sido difíciles para Vilma, pues teme que sus seres queridos se enfermen, lo cual la afectó anímicamente. “Nos hemos cuidado y hemos tomado las medidas. Al principio sí nos afectó bastante porque uno como ser humano se pone a pensar muchas cosas de lo que podía pasar, le afecta a uno bastante esta situación de la pandemia”, narra.

“Me encomendé bastante a las manos de Dios, yo sé que él es el único que nos cuida y nos libra, lamentablemente sé que es tener a un paciente positivo”.

Vilma Gabriela Lázaro Chajón

“TRATO LA MANERA DE QUE TODO QUEDE LIMPIO PARA LOS PACIENTES”

El trabajo que desempeña Vilma lo hace con entrega y valentía. “Me encomiendo en las manos de Dios, le pido mucha sabiduría para entregar todo lo que yo tengo a los pacientes, para que ellos se sientan bien, estén en un ambiente agradable y limpio y que ellos se recuperen, trato la manera de que todo quede limpio lo más que se pueda para que ellos tengan el deseo de luchar por sus vidas”, detalla.

En los días que Vilma no tiene turnos de trabajo, aprovecha para estar con sus hijos, ayudarlos con las tareas escolares. “Me dedico bastante a mis hijos, a consentirlos porque hubo un tiempo que no estuve mucho con ellos”, cuenta.

En el momento cuando en el país los casos de Covid-19 disminuyan y la curva se aplane, lo primero que Vilma haría es agradecerle a Dios.

“Lo primero es darle gracias a Dios porque hasta hoy me tiene con vida y libre de Covid, de tener a mi familia unida y de tenerlos vivos, darle gracias a él y pedirle mucha sabiduría e inteligencia y seguir luchando día con día para lograr avanzar y ser alguien más en esta vida y seguir trabajando y entregándome como lo he estado haciendo hasta hoy”, concluye Vilma.

El trabajo que desempeña Vilma lo hace con entrega y valentía. Foto La Hora/José Orozco