Con una máscara del luchador mexicano "El Místico", Tyson Fury. Foto la hora: Isaac Brekken/Ap.

Por TIM DAHLBERG
LAS VEGAS
Agencia (AP)

Tyson Fury no debería tener muchos problemas en el cuadrilátero este fin de semana, ante un adversario cuyos mayores pergaminos indican que sería el mejor púgil pesado en Suecia.

En cambio, el británico tendrá más dificultades para convencer a los aficionados mexicanos de que es uno de sus compatriotas.

Fury ha hecho al menos su mejor esfuerzo durante toda la semana. Ha echado mano de sus indudables capacidades de “showman” para mostrar que le gusta todo lo que tenga relación con México, de cara a la pelea del sábado por la noche ante Otto Wallin.

Visitó una taquería local, usó la máscara del luchador mexicano “El Místico” y trató incluso de pronunciar algunas frases en español.

Los gestos, de carácter cómico, tendrían también una intención comercial. El gigante inglés busca llamar la atención sobre el hecho de que es el atractivo principal de la cartelera durante el fin de semana en que México festeja su Día de la Independencia. En los años recientes, los promotores han aprovechado la ocasión para ofrecer en Las Vegas combates del mexicano Saúl “Canelo” Álvarez, quien esta vez no llegó a un acuerdo para protagonizar un pleito en estas fechas.

Hipotéticamente, Fury no tendrá que buscar siquiera su mejor estilo ante Wallin. Se trata de un combate cuyo mayor objetivo mantener al británico en activo y bajo la atención del público, mientras se prepara para la revancha prevista en febrero ante Deontay Wilder, el monarca de los pesados.

Se trata de la segunda pelea seguida de Fury en Las Vegas bajo su nueva promotora Top Rank, como parte de una campaña para demostrar que es el auténtico campeón mundial de la división, en un panorama atestado de púgiles que ostentan títulos.

Este pleito difícilmente era imaginable hace un tiempo, cuando Fury libraba una batalla contra un desorden mental, la drogadicción y el alcoholismo.

También es algo bueno para la máxima categoría del boxeo, porque Fury es en sí mismo un buen promotor de sus peleas. Cuando se le llama por teléfono, es incluso difícil hacerle una pregunta, pues comienza a dar su visión de la vida, la división de los pesados y de cualquier boxeador que podría atreverse a pelear con él.

Y en la conferencia de prensa de ayer, previa al combate, lució como el hombre más feliz entre los presentes.

Pero la pelea Fury-Wallin no es la que todos quieren ver. La mayoría desconoce siguiera quién es Wallin, quien intenta dar la mayor sorpresa protagonizada por un sueco en la división desde que Ingemar Johanson derrotó a Floyd Patterson para coronarse en 1959.

Entre los que no saben mucho de Wallin figura el propio Fury, quien no se ha tomado mucho tiempo para estudiar a su nuevo contrincante, invicto en 20 contiendas ninguna ante algún púgil reconocido.

La historia de Fury es notable y tiene moraleja para otros boxeadores. En 2015, destronó a Wladimir Klitschko para apoderarse del cetro de los pesados, pero no defendió sus cetros y estuvo fuera de los cuadriláteros durante más de dos años, por su severa depresión y sus adicciones.

Pero fue su combate en diciembre ante Wilder el que realmente cautivó a los aficionados. Fury controló buena parte de las hostilidades pero fue derribado en el duodécimo episodio. De algún modo encontró la forma de levantarse y cerrar fuerte ese asalto.

Ninguno de los adversarios se mostró conforme con el empate. Pero Fury instó a los reporteros a que cantaran con él durante una conferencia posterior.
Más tarde firmó con Top Rank, la empresa de Bob Arum. Y ahora es uno de los integrantes de un elenco fascinante en la categoría de los pesados.

Una segunda pelea con Wilder está en el horizonte, así como posibles pleitos contra Anthony Joshua y el monarca mexicano Andy Ruiz, quienes disputarán la revancha el 7 de diciembre en Arabia Saudí.

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