
Carlos Alcaraz ya no solo es la gran promesa del tenis mundial: es su presente y, con toda probabilidad, su futuro. Este domingo en Melbourne, bajo el techo del Rod Laver Arena y con Rafael Nadal como testigo silencioso en el palco, el murciano dio un salto definitivo al panteón del deporte. No ganó únicamente el Abierto de Australia; completó el Grand Slam y lo hizo siendo el más joven de la historia en lograrlo. Con 22 años y 272 días, superó una marca que parecía casi intocable desde 1938.
Su triunfo ante Novak Djokovic —2-6, 6-2, 6-3 y 7-5— fue mucho más que una victoria deportiva: fue un relevo generacional escenificado en la pista central de Melbourne. Alcaraz derrotó al tenista con más grandes de todos los tiempos, al hombre que había hecho de Australia su reino con diez coronas, y lo hizo sin estridencias, con madurez y una progresión implacable que recordó por qué es el número uno del mundo.
La final condensó lo que es Alcaraz: nervio al principio, serenidad después; talento desbordante, pero también cabeza fría. Tras un primer set dominado por la experiencia quirúrgica de Djokovic, el español ajustó su juego, empezó a construir puntos más largos y obligó al serbio a moverse, a defenderse, a dudar. Cuando el techo se cerró por la amenaza de lluvia, el partido ya le pertenecía mentalmente.
Alcaraz conquista el Abierto de Australia y completa el Grand Slam
TRAYECTORIA DE LEYENDA
No es casualidad. Alcaraz llega a este punto tras un ascenso vertiginoso: siete títulos de Grand Slam en ocho finales disputadas —dos Wimbledon, dos Roland Garros, dos US Open y ahora su primer Abierto de Australia—. Con esta cifra iguala a leyendas como John McEnroe y Mats Wilander y se coloca como el segundo jugador en activo con más grandes, solo por detrás de Djokovic (24). Por delante aún quedan retos mayores: Bjorn Borg (11), Pete Sampras (14) y el propio “Big Three”.
Pero más allá de las estadísticas, su importancia reside en lo simbólico. Alcaraz es el primer español en completar el Grand Slam desde Nadal y el noveno hombre en la historia en hacerlo, una lista que incluye a Agassi, Budge, Federer o Laver. En Melbourne, además, reivindicó la continuidad del legado español iniciado por Nadal, el único compatriota que había levantado antes el trofeo en 2009 y 2022.
Hay algo especialmente revelador en su victoria: no fue fruto de un arrebato juvenil, sino de un control casi adulto del momento. Supo sufrir cuando Djokovic salvó seis bolas de break; supo esperar cuando el serbio parecía inquebrantable; y supo rematar cuando el veterano mostró el primer resquicio de fragilidad.







