Oscar Clemente Marroquín

ocmarroq@lahora.com.gt

28 de diciembre de 1949. Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Periodista y columnista de opinión con más de cincuenta años de ejercicio habiéndome iniciado en La Hora Dominical. Enemigo por herencia de toda forma de dictadura y ahora comprometido para luchar contra la dictadura de la corrupción que empobrece y lastima a los guatemaltecos más necesitados, con el deseo de heredar un país distinto a mis 15 nietos.

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Los viejos lectores de La Hora que leyeron tantas columnas de mi suegro, el doctor Carlos Pérez Avendaño, recordarán las veces que en las mismas citaba al amor de su vida, “la Lila mi mujer”, como llamaba a su esposa Lilly Monterroso de Pérez, quien falleció el pasado sábado, poco más de siete años después de haber enterrado a su esposo. Con María Mercedes estamos en Marco Island, a donde venimos a vacunarnos por el Covid y estamos a la espera de la segunda dosis, por lo que nos enteramos del fallecimiento de mi suegra por vía telefónica, así como de su rápido entierro, siguiendo la disposición que en su momento había impuesto para el suyo el doctor Pérez, con calidad de obligación familiar.

No se si será por la lejanía o por una bendición de Dios, pero desde el sábado hemos estado pensando en tantas cosas bonitas que nos pasaron a nosotros y nuestra familia junto a Coco y Lila, como le decíamos a esa pareja. María Mercedes nació en Nueva York cuando Coco recién se había graduado de médico y viajó para iniciar su especialización en medicina interna en el hospital Bellevue de Manhattan. Eran tiempos en los que el joven doctor hacía largos turnos y su esposa pasaba incontables horas en compañía de su hija mayor construyendo una estrecha relación que duró por muchos años.

Marco Island ha sido para nosotros un segundo hogar desde que en 1983 Carlos y Lilly nos recogieron en el aeropuerto de Miami y nos anunciaron que habían conocido un paraíso que querían enseñarnos. Tras casi dos horas de viaje en carro entramos a este maravilloso lugar que, como cosa extraña, no ha sufrido ningún deterioro y, por el contrario, cada vez se ve más bonito aún y con el tremendo aumento de población dada la popularidad que la isla ha ido adquiriendo.

Primero compramos, igual que mis suegros, un Time Share por tres semanas, las dos últimas de octubre y la primera de noviembre, que nos permitieron pasar por muchos años lindísimas vacaciones junto a nuestros seis hijos y sus abuelos. Con el tiempo nos hicimos de una propiedad a la que ellos solían venir con frecuencia con nosotros y que muchas veces les prestamos para que pudieran, ellos solos, disfrutar de este bello lugar.

Desde mi casamiento con María Mercedes, Lilly fue siempre muy especial y cariñosa conmigo, trato que con el tiempo llegó a ser también igual con el doctor con quien inicialmente había cierta distancia. Marco, sin duda, nos hizo unirnos muchísimo y pasamos temporadas que nuestros hijos recuerdan con alegría y cariño. El cúmulo de bonitos recuerdos es inagotable y nada lo puede afectar. Estamos aferrados a lo bueno que la vida nos permitió compartir y queremos recordar sólo lo bonito, lo agradable y todas las bendiciones que juntos recibimos con mis suegros. Y como pusieron los patojos en la esquela, ahora esperamos que en el cielo el Coquín y la Lila estén en su milésima luna de miel.

Diario La Hora
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