estudio internacional en una muestra de 107.000 niños apunta a que el aumento de las temperaturas asociado al cambio climático contribuye a la desnutrición y a las dietas de baja calidad. Foto la hora: Europa Press/Dpa

MADRID

Agencia dpa/ (Europa Press) –

Un estudio internacional llevado a cabo por la Universidad de Vermont (Estados Unidos) en una muestra de 107.000 niños apunta a que el aumento de las temperaturas asociado al cambio climático contribuye a la desnutrición y a las dietas de baja calidad tanto o más que otros factores como la pobreza, el saneamiento inadecuado y la educación deficiente.

El estudio, realizado en un total de 19 países de Asia, África y América Latina, es la mayor investigación hasta la fecha de la relación entre el cambio climático y la diversidad de la dieta en la población infantil hasta la fecha. Además, se cree que es el primer estudio a lo largo de múltiples naciones y continentes de cómo tanto las temperaturas más altas como las precipitaciones (dos resultados clave del cambio climático) han impactado en la alimentación de los niños.

Los investigadores se centraron en la diversidad de la dieta, que se mide contando el número de grupos de alimentos consumidos en un período determinado, porque conforma una metodología desarrollada por las Naciones Unidas para medir la calidad de la alimentación y la ingesta de micronutrientes. Los micronutrientes, como el hierro, el ácido fólico, el zinc y las vitaminas A y D son fundamentales para el desarrollo infantil. En este sentido, la falta de micronutrientes es una de las causas de la malnutrición, que afecta a uno de cada tres niños menores de cinco años.

«Se prevee que el cambio climático en un futuro afecte a la malnutrición, pero nos sorprendió observar que este impacto ya estaba teniendo lugar», ha expresado la líder del estudio, Meredith Niles, que explica que para la investigación usaron 30 años de datos geocodificados de temperatura y precipitación, y datos socioeconómicos, ecológicos y geográficos.

Así, los hallazgos, publicados en la revista ‘Environmental Research Letters’, muestran que, de los seis territorios examinados; a saber, Asia, América Central y del Sur y el Norte, Oeste y Sudeste de África, cinco tenían reducciones importantes en la diversidad de la dieta asociadas al aumento de temperaturas.

De media, los niños que participaron en el estudio habían comido tan solo 3,2 grupos de comida (sobre 10), incluyendo carne y pescado, legumbres, hojas verdes oscuras y cereales en las 24 horas previas. En contraste, la diversidad de la dieta en economías emergentes o en países más ricos, como China, eran más del doble que ese número (6,8 para niños de 6 años y menores).

EL AUMENTO DE LAS LLUVIAS Y LA VARIEDAD EN LA DIETA

Sin embargo, según el estudio, el aumento de las precipitaciones, otro posible efecto del cambio climático en algunas regiones, estaba asociado a una mayor diversidad de la dieta de los niños. En algunos casos, el efecto de las lluvias tenía un mayor impacto en la diversidad de la dieta infantil que la educación, la mejora de la sanidad o el aumento de la superficie forestal.

«Unas lluvias más abundantes en el futuro podrían traer importantes beneficios en la calidad de la dieta en muchos sentidos, pero también depende de cómo sea la lluvia», explica otra coautora, Molly Brown, que advierte de que si esta es más irregular e intensa, tal y como se prevé con el cambio climático, esto podría dejar de ser cierto.

El estudio se basa en la investigación global de esta universidad estadounidense sobre cómo la naturaleza mejora tanto la salud de los niños como sus dietas y el bienestar humano. En este sentido, los datos sugieren que, además de abordar las necesidades actuales, los responsables políticos deben planificar la mejora de las dietas de los más vulnerables en el futuro teniendo en cuenta el calentamiento global

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