Pistoletazo de salida para la carrera espacial

Rusia conmemora los 60 años del “Sputnik 1” con orgullo por su pasado

Por Thomas Körbel
Moscú
Agencia (dpa)

Uno de los mayores temores de la Guerra Fría cuelga pacíficamente del techo en un museo de Moscú. El observador se ve reflejado en la superficie de aluminio de la copia del “Sputnik 1”, el primer satélite artificial en el espacio. Cuesta creer que, hace 60 años, fue posible mandar al espacio una bola de metal así con cuatro antenas que parecían tentáculos.

Lo que se escuchó el 4 de octubre de 1957 en todo el mundo en las radios normales fueron “pips” más bien bajos, pero tuvieron una resonancia enorme. Cuando la Unión Soviética logró enviar al espacio el satélite “PS-1”, Occidente se sumió en el “shock del Sputnik”: fue el pistoletazo de salida para la carrera espacial entre las potencias Estados Unidos y la Unión Soviética.

Hoy en día, el “Sputnik 1” (“acompañante”, en ruso) es considerado el inicio de la era de la navegación espacial. Rusia sigue orgullosa de sus logros espaciales, aunque las circunstancias actuales invocan hoy en día otro credo: la colaboración.

“Estamos muy orgullosos de que esta no sea sólo una fiesta puramente rusa sino que la celebre todo el mundo”, dice Viatcheslav Klimentov. “De esta forma, el mundo homenajea a los científicos rusos”, cuenta a dpa.

El historiador Klimentov es vicedirector del museo espacial en Moscú. Detrás de su escritorio hay un cuadro del legendario constructor jefe Sergei Koroliov, el padre del Sputnik y muchas otras cosas. En una entrevista de 1963, Koroliov dijo que el vuelo del “Sputnik” había sido la coronación de 30 años de investigación. Sin embargo, en ese entonces Occidente temió menos al satélite con su inofensivo “pip” que al misil intercontinental R7 con el que voló al espacio. Que la URSS fuera capaz de algo así hizo sentir vulnerable a Estados Unidos.

Koroliov fue responsable de varias victorias en la carrera espacial soviética. Bajo su dirección, Yuri Gagarin se convirtió en la primera persona en viajar al espacio, Valentina Tereshkova en la primera mujer en circunvalar la Tierra y Alexei Leonov fue el primero en salir de su cápsula espacial al espacio exterior. “Las naves espaciales volarán algún día cada vez más profundo al universo. Queremos llegar a los planetas de nuestro sistema solar, a Marte y Venus”, dijo el visionario Koroliov.

Sus palabras siguen guiando la navegación espacial rusa. Junto a la Agencia Espacial Europea (ESA), la autoridad espacial rusa Roskosmos investiga el Planeta Rojo. También se planifica un programa relacionado con la Luna, que culminaría en 2030 con el primer alunizaje de un cosmonauta en el satélite terrestre. Y en 2016, Rusia inauguró una nueva estación espacial, Vostochni.

El presidente ruso, Vladimir Putin, dijo hace poco que la idea era presentar en los próximos diez años novedades competitivas y revolucionarias. Sin embargo, hace tiempo que no hay grandes hitos en la navegación espacial. Tras la desintegración de la URSS hubo bancarrotas y problemas. Los más críticos afirman que Rusia sigue usando hasta ahora viejas tecnologías soviéticas.

“Sí, en ese entonces se construyó la base, adelantada para su tiempo. Aún nos servimos de ella”, reconoció el jefe de Roskosmos Igor Komarov en declaraciones al diario “Isvetiya”. Pero la tecnología cambió. “El sistema de manejo y todo lo digital… es un cohete completamente distinto” al de tiempos de Koroliov, dice.

Komarov también ve con buenos ojos el ingreso de capitales privados a la navegación espacial, como el caso del multimillonario estadounidense Elon Musk y su empresa SpaceX.

Si bien en Rusia faltan poderosos financistas privados, Roskosmos sigue contando con cosmonautas apasionados como Sergei Riasanski, que puso en funcionamiento en una salida al exterior en agosto un satélite en homenaje al “Sputnik”. Su abuelo fue uno de los constructores del “Sputnik”.

Para el historiador Klimentov, el entusiasmo por la navegación espacial sigue siendo alto debido a una mezcla de orgullo patriótico y fascinación por el infinito. “Este museo no tiene que ver sólo con la tecnología y los héroes, sino con los sueños”, asegura.