“Reto aceptado” y la militancia por la internet

Por KATHLEEN FOODY
CHICAGO
Agencia (AP)

“Reto aceptado” escriben en sus cuentas de Instagram y publican imágenes en blanco y negro. Suman millones de fotos de celebridades, selfies sobre un momento determinado de sus vidas e imágenes de bodas y otras ocasiones especiales. La idea es expresar apoyo a otras mujeres.

Las fotos van acompañadas por el hashtag #womensupportingwomen (#mujeresapoyanamujeres), que es a menudo el único indicio del objetivo de la campaña. Algunos usuarios se preguntan: ¿Qué sentido tiene todo esto?

Para algunos observadores del activismo en las redes sociales, “reto aceptado” es un claro ejemplo de una campaña en las plataformas sociales que requiere poco compromiso de los participantes. No se piden donaciones ni voluntariados, solo unos pocos minutos para publicar un mensaje o una imagen que generará escasas polémicas.

Hay quienes dicen que las campañas a base de fotos pueden llegar a tener un fuerte impacto. Pero que esta última iniciativa no tiene un objetivo claro.

“Las protestas a base de selfies que funcionan hacen visible lo que es invisible”, expresó Mona Kasra, profesora adjunta de diseño en medios digitales en la Universidad de Virginia. “Son efectivas cuando cambian la impresión del público respecto a algo, cuando generan una contracultura, cuando resisten, cuando se ganan un espacio en las redes”.

Hasta el jueves, más de 6 millones de posts en Instagram habían usado el hashtag #challengeaccepted. También hay usuarios que emplean la frase “reto aceptado” en sus comentarios, no como hashtag, lo que hace que resulte difícil calcular la cantidad total de participantes en la campaña.

Algunos elogian los posts diciendo que son una forma directa en que las mujeres se pueden apoyar entre sí, días después del emotivo discurso de la representante Alexandria Ocasio-Cortez denunciando una cultura sexista.

Tara Abrahams, asesora de causas filantrópicas de Nueva York, se unió a la campaña luego de recibir una convocatoria de una amiga. Eligió una foto suya en la que aparece sonriendo, con su cabello oscuro. Antes de publicarla exhortó a la gente a asegurarse de que está inscrita para votar en las elecciones presidenciales de noviembre.

“Sonrío porque vi todas estas mujeres ejemplares”, dijo Abrahams, quien preside una organización sin fines de lucro que procura acceso a la educación de las mujeres en 11 países. “Sé que son mujeres reales que hacen un trabajo real. Instagram puede ser el sitio donde comienza tu activismo, pero no donde termina”.

Algunos investigadores alientan el debate. Lo ven como una evolución de las campañas que siguieron a las muertes de George Floyd y de otros afroamericanos en Estados Unidos.

Los cuestionamientos a esta última campaña a base de fotos se parece a los que hubo con motivo del #blackoutTuesday de principios de junio, que buscaba que los trabajadores de la industria disquera suspendiesen sus operaciones por un día.

Acto seguido la atención se enfocó en las redes sociales, donde la gente empezó a publicar imágenes negras en sus cuentas de Facebook e Instagram para mostrar su apoyo al movimiento Black Lives Matter. Varios activistas criticaron la iniciativa diciendo que opacaba material ya colocado en las redes por usuarios de raza negra.

El debate en torno a “reto aceptado” se complica por discrepancias en torno al origen de la campaña. Algunos usuarios de las redes la asocian con otra ya en marcha que busca concientizar a la gente acerca del abuso que los hombres hacen de sus parejas en Turquía. Sin embargo, cuesta encontrar una vinculación entre ambas.

Stephanie Vie, decana adjunta de la Universidad de Hawai con sede en Mānoa, no le ve ninguna connotación negativa a lo que describe como “activismo digital” porque dice que las muestras de apoyo en las redes sociales pueden ser importantes.

“¿Me gustaría que ‘reto aceptado’ fuese un poco más militante? Claro que sí”, dijo Vie. “¿Voy a decir que la gente está haciendo todo mal y no debería molestarse con esas publicaciones? No, porque hay que empezar por algún lado”.

El solo hecho de que se esté hablando de si las campañas digitales a favor de las mujeres funcionan o no es alentador, según Katherine DeLuca, profesora adjunta de inglés y comunicaciones en la Universidad de Masachusetts Darmouth. Indicó que las participantes en la campaña seguramente tienen las mejores intenciones, pero que sería bueno que se preguntasen qué más pueden hacer para lograr el objetivo.

“El que la gente tenga tiempo para analizar críticamente lo que publican en los espacios online es muy bueno, sobre todo con miras a las elecciones”, dijo DeLuca.